Indra Devi, yoguini letona-rusa, nació como Eugenie Peterson en Riga, Letonia, Imperio Ruso, el 12 de mayo de 1899, de padre sueco y de madre descendiente de la nobleza rusa. Desde pequeña se mostró atraida por la espiritualidad y la cultura de la India. A los 21 años se marchó a Alemania y con un grupo de teatro pudo viajar por toda Europa, conociendo a Jiddu Krishnamurti en Holanda.
En 1927 logra ir a la India donde permanece 12 años y cambia su nombre por el de Indra Devi. Sufría de problemas cardíacos que no mejoraban, así que decidió acudir a Sri Tirumalai Krishnamacharya con el propósito de adoptar un modo de vida más saludable. Después del rechazo inicial, y ante la intervención del Maharaja de Mysore solicitada por Devi, finalmente la aceptó.
Al superar las primeras dificultades y sentir cómo sanaba, Devi se apasionó por la práctica del yoga, a lo que se dedicó el resto de su vida. Llevó las enseñanzas de Krishnamacharya por el mundo. Fue la primera mujer occidental en dar clases de yoga en la India, luego abrió un centro de yoga en Shangai, en 1947 hizo lo propio en California, al que asistían famosas actrices hollywoodenses, y continuó extendiendo este conocimiento y formando nuevos instructores en Rusia, España, Alemania y Latinoamérica, hasta que se estableció definitivamente en Argentina.
También dictó conferencias y publicó los libros “Yoga”, “Renueve su vida practicando yoga”, “Yoga, por siempre joven, por siempre sano” y “Respirar bien para vivir mejor”. Contó con la amistad y reconocimiento de Pandit Nehru, Mahatma Gandhi y Rabindranath Tagore, entre otras personalidades.
Conocida como “la primera dama del yoga”, falleció en Buenos Aires el 25 de abril de 2002.

