Abraham Maslow, con su famosa pirámide de necesidades humanas, dejó esbozada en su punta lo que sería el culmen y propósito final de la existencia: la autorealización. En su característica concepción del potencial humano, se interesó profundamente por las “experiencias cumbre” o “experiencias pico”, entendiéndolas como “extraordinarios eventos internos de unión y esplendor que, al expresar momentáneamente la unidad de consciencia, propician transformaciones profundas y permanentes en las vidas de quienes las experimentan”.
Gran parte de su trabajo, enmarcado dentro de lo que fundó como psicología humanista, y que a su vez estableció las bases para las vertientes de psicología transpersonal que le siguieron, tomó como derrotero la idea de que, tras la experimentación de estas encumbradas experiencias, la psique tiende a reorganizarse, subsanando las tensiones o conflictos latentes. Entre otros detonantes, Maslow refiere que la música funciona como uno de los estímulos más potentes para alcanzar una experiencia cumbre: un planteamiento lo suficientemente atractivo como para llamar la atención de las disciplinas musicoterapéuticas.
En su libro de 1962, El Hombre Autorrealizado, Maslow habla de las experiencias cumbre como “momentos de felicidad pura, positiva, donde toda duda, temor, inhibición, tensión, debilidad, se dejan atrás”. Hace notar que durante el proceso de una experiencia cumbre, la autoconciencia como entidad individualizada se pierde, la separación y la distancia con el mundo desaparece y se abre el sentido de experimentar la unidad con todas las cosas. Describe varios aspectos relevantes a las experiencias cumbre, como el de la concentración. Comenta que se trata de un tipo de concentración muy intensa e inusual, que le permite al individuo moverse más cerca de la esencia del objeto, persona o situación experimentada. “La mayoría de estas experiencias son un fenómeno receptivo. Invaden a la persona y ésta debe dejarse invadir por ellas. La persona no puede forzarlas, ni agarrarlas, o dirigirlas. La fuerza de voluntad es inútil, así que lo que se necesita es ser capaz de dejar ir, dejar que las cosas sucedan.”
La musicoterapeuta estadounidense Helen Bonny, junto con un equipo pionero en investigación de la conciencia dirigido por Walter Phanke en los años 60 y Stanislav Grof en los 70, experimentaron con el uso de la música para alcanzar momentos cumbre. En estas investigaciones, comprendieron que la música tenía un rol muy efectivo en estas sesiones, en tanto:
- Proporcionaba una estructura de continuidad para una experiencia interna en donde cambian las nociones del tiempo y el espacio.
- Servía como pantalla proyectiva para los contenidos internos de la persona, estimulando el flujo de imágenes y asociaciones.
- Estimulaba la catálisis de emociones contenidas y asociadas a las dinámicas internas que surgen durante este tipo de experiencias.
- Evocaba los tránsitos por las etapas de muerte y renacimiento como modelo de resolución y trascendencia hacia instancias de liberación psicológica.
En este sentido, la música podía evocar la experiencia cumbre de acuerdo con las siguientes manifestaciones o aspectos relevantes a la vivencia del paciente:
- Un sentido de unidad o unicidad (trascendencia del ego, pérdida del sentido usual del sí-mismo sin pérdida de la conciencia).
- Trascendencia del tiempo y el espacio.
- Afecto positivo profundamente sentido (júbilo, paz, amor).
- Sentido de asombro y reverencia.
- Insight filosófico y/o psicológico con significado profundo.
- Inefabilidad (dificultad para comunicar la experiencia a través de una descripción verbal).
Entre muchas obras musicales que sonaron durante este tipo de experiencias, Helen Bonny identificó “El Ascenso de la Alondra” de Ralph Vaughan Williams, como un estímulo particularmente eficaz. Esta obra para violín y orquesta escrita en 1914, se inspiró en un poema de George Meredith del mismo nombre. Más que una traducción del poema, la música lleva a experimentar el vuelo de la alondra en sí, como la fuerza de voluntad en vuelo que se eleva hasta fundirse con la luz del sol: una metáfora perfecta del anhelado camino de retorno, en las cumbres de la conciencia toda.
El Ascenso de la Alondra
George Meredith
Se eleva y empieza a rondar
Deja caer la plateada cadena de sonido
De muchos eslabones sin quiebre
En gorjeos, silbidos, portamentos y trinos.
Cantando hasta colmar su paraíso,
Es amor a la tierra lo que infunde,
Y siempre aleteando más y más alto
Nuestro valle es su copa dorada,
Y ella es el vino que rebosa
para alzarnos mientras va
Hasta que perdido en sus anillos aéreos
En luz, la imaginación canta.
Fuentes consultadas:
Maslow, A. (1962). El Hombre Autorrealizado. Editorial Kairos
Bonny, H. & Phanke, W. (1972). The Use of Music in Psychedelic Psychotherapy. Barcelona Publishers.
https://www.stellacastro.es/2023/03/14/the-bonny-method-guided-imagery-and-musicimagineria-guiada-y-musica

