Eunice Rivers, enfermera afroestadounidense, nacida en Jakin, zona rural de Georgia, el 12 de noviembre de 1899, en una familia de agricultores. Su madre la llevó a la escuela y su padre trabajó sobretiempos para pagar sus estudios profesionales en el Instituto Tuskegee, graduándose en 1922.
Trabajó en la Escuela Móvil que brindaba educación sobre agricultura, economía doméstica y salud en las zonas rurales. En 1926 pasó a la Oficina de Estadísticas Vitales y destacó en la creación del sistema de detección de nacimientos y muertes de Alabama, así como en la regulación de la partería y disminución de la mortalidad infantil, abriendo camino para nuevos profesionales negros.
En 1929 se inició un programa gratuito del Servicio de Salud Pública de EEUU para atender la sífilis extendida en la población negra rural, suspendido por efecto de la Gran Depresión. Entonces el Dr. Taliaferro Clark del servicio de Salud impulsó el “Estudio de Tuskegee sobre la sífilis no tratada en varones negros”, con el Dr. Vonderlehr como director in situ y apoyado por otras autoridades. Desde 1932 y por 40 años Rivers trabajó en el estudio como enlace entre los médicos y los pacientes.
Años después el estudio se consideró un evento médico antiético y condenable basado en el racismo de sus autores: no se informó a los pacientes de su verdadera enfermedad, entregándoseles placebos y haciéndoles seguimiento hasta su muerte y autopsia. Inclusive se obvió la penicilina cuando se hizo de uso masivo. Los autores desaparecieron en las sombras y Rivers fue la cara visible.
Tras una investigación que consideró el contexto socioeconómico histórico, se estableció que Rivers no era “ni víctima ni villana”. Fue una enfermera comprometida que brindó atención a sus pacientes, los escuchaba, le ofrecía consuelo y remedios sencillos y los ayudó económicamente, era una mujer negra que obedecía a las autoridades médicas blancas y tenía trabajo en una época de desempleo.
Falleció en Tuskegee el 28 de agosto de 1986.

