Ranjit Singh, maharajá indio, nació durante el Imperio Mogol el 13 de noviembre de 1780 en Gujranwala, al noreste de Punjab, hoy Pakistán. Su padre, capitán sikh, falleció en 1792 y Singh, a sus 12 años, se convirtió en la cabeza de los sikhs shukerchakias, que incluía la ciudad de Gujranwala y aldeas circundantes. Bajo, poco agraciado, ciego de un ojo, amaba la vida, las personas bellas, la caza, los caballos y el licor fuerte. No tuvo educación, pero era un astuto juez de personas y acontecimientos, y mostraba tolerancia absoluta hacia otras religiones.
Dos matrimonios le dieron preeminencia entre los clanes sikhs y en 1799 conquistó la capital de Punjab, Lahore. Si bien fue reconocido como gobernador, Singh se autoproclamó maharajá, acuñó monedas en nombre del linaje de gurús sihks e impulsó la conquista de las poblaciones y territorios sikhs como Amritsar, ciudad sagrada y relevante centro comercial indio, Kangra, Multan, Peshawar y Cachemira, consolidando sus dominios en 1920. Fue conocido como el León de Punjab.
Los miembros de su Estado y de su ejército eran sikhs, musulmanes e hindúes, y cuando lo modernizó incluyó soldados europeos. Abolió la pena de muerte, marcó políticamente la justicia e igualdad entre razas y religiones, realizó generosas donaciones a distintos templos, como la campana de oro en Varanasi, y construyó templos nuevos. Su mano derecha era musulmán y contó con arquitectos, artistas y eruditos de diversas culturas y religiones.
Historiadores musulmanes lo califican de despótico, mezquino, saqueador insaciable y perseguidor selectivo de hindúes y musulmanes chiítas. Por otro lado, en una encuesta reciente de la BBC World Histories a 5000 académicos, Ranjit Singh fue elegido abrumadoramente como el “mayor líder mundial”.
El Estado sikh que había creado se derrumbó poco después de su muerte, el 27 de junio de 1839 en Lahore.

