Anna Freud, psicoanalista infantil de origen austríaco, nació en Viena el 3 de diciembre de 1895, sexta y última de los hijos de Sigmund Freud. Desde pequeña estuvo en contacto con el psicoanálisis, asistiendo a las reuniones del Círculo Psicoanalítico de Viena, mientras estuviese calladita. La relación con su madre fue distante y resentía su cercanía hacia su hermana mayor, sufría períodos de fatiga, soñaba despierta y fantaseaba. Sobre esto escribió en “Relación entre fantasías de flagelación y sueño diurno”, trabajo con el que ingresó a la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Asume la secretaría del Instituto Psicoanalítico de Viena (1925) donde crea el Kinderseminar para psicoanalistas y educadores y publica “Introducción del psicoanálisis para educadores” (1931).
En los años 30 profundizó en el yo, el ello y el súper yo desde un enfoque pragmático a aplicarse en la cotidianidad: el yo es el regulador de la relación entre el ello (deseos, pulsiones) y el súper yo (discierne el acercamiento o alejamiento al ideal del sí mismo), describiendo también el dispositivo que convence al individuo que aquello que le causa malestar no existe (“El yo y los mecanismos de defensa”, 1936).
Tras sufrir persecución por la Gestapo, los Freud emigran y se establecen en Londres (1938). Durante la guerra Anna organiza guarderías para niños evacuados y refugiados (Clínica Hampstead), experiencia transmitida luego en “Niños en tiempos de guerra” (1942), “Infantes sin familias” y “La guerra y los niños” (1943). En los 50-60 consolida la Clínica Hampstead y promueve la capacitación en psicoanálisis infantil. En los 70 fue presidente honoraria de la IPA, co-autora de libros sobre el niño y el derecho, y en 1976 se retiró.
Miembro de academias y acreedora de distinciones como la Medalla de Oro (Austria) y la Orden del Imperio Británico, falleció en Londres el 9 de octubre de 1982.

