Padre Damián, misionero belga, nacido como Josef de Veuster en Tremelo, el 3 de enero de 1840, en una numerosa familia de agricultores y comerciantes. Durante un retiro espiritual sintió en su corazón el llamado divino y siguió los pasos de su hermano Augusto ingresando a la Congregación de los Sagrados Corazones con el nombre de Damián.
Augusto debía partir como misionero a Hawai, pero enfermó y Damián lo sustituyó. Llegó en 1864, año en el que fue ordenado sacerdote, y trabajó hasta 1873 en la isla O’ahu. Fue una época de crisis sanitarias producidas por la introducción de enfermedades (gripe, sífilis, lepra), previamente inexistentes, por europeos y estadounidenses, ocasionando numerosas muertes de nativos.
El rey Kamehameha IV, temeroso de la propagación de la lepra, instruyó para que los enfermos fuesen llevados a la isla de Moloka’i. El Real Consejo de Salud enviaba suministros y alimentos que llegaron a ser insuficientes, generando luchas entre los enfermos. En 1873 el Padre Damián se ofreció y fue enviado a asistir a los leprosos.
Empezó construyendo una iglesia y una parroquia, estudiaba los progresos de la ciencia, probaba nuevos tratamientos, curaba y vendaba las heridas, se mostraba animoso, transmitía fe y optimismo reconfortando a los enfermos, y enterraba a los fallecidos.
Orfanato, viviendas, hospital, acueducto, siembra de alimentos y flores y una banda de música, aliviaban un poco el “infierno de Moloka’i”. Su obra se conoció en el mundo, del que recibían donaciones y admiración.
Cuidó de sus “hijos” durante 10 años, hasta que enfermó él también. No obstante, continuó su labor amorosa e incansable hasta su fallecimiento el 15 de abril de 1889.
Distinguido con la Real Orden de Kalākaua y canonizado en 2009, es el patrón de los leprosos y de los enfermos de SIDA.

