En un sistema como este, controlado por especies que tienen como sus armas más devastadoras la instalación del caos y el miedo, en donde se espera que adoptes de manera irrefutable, su oferta de libertad, para ser replicante y someternos a un sistema que implica dominio y control absoluto.
La libertad es un concepto que nos define como humanidad, que en la historia de este planeta, ha sido redimensionado, debatido y profundizado y entre acuerdos y desacuerdos, sigue siendo una forma de establecer una evolución entre la consciencia y el pensamiento, que se manifiesta en la cotidianidad de la acción íntimamente relacionada con la naturaleza del hombre.
Judith Garcia Cafferena, miembro del Instituto de Investigaciones de la Universidad del Rosario-Argentina (en su trabajo sobre el filósofo francés Lavelle) estudia la libertad. “Considerando la temporalidad del hombre, se abre hacia el absoluto del cual participa, porque su libertad conecta con la libertad de Dios, que es la libertad plena”.[i]
También había afirmado en la obra citada, Del tiempo y de la eternidad, «que no nos es posible crearnos como espíritus puros eligiendo cualquier posibilidad, y que nuestra libertad no está totalmente indeterminada, ya que debe contar con las potencias naturales, así como con los elementos de la situación que nos individualizan, y trazan (si así puede decirse) los planes de la realización de nuestra existencia, destacando que «nuestra esencia… equivale a nuestras potencias reconocidas, puestas en acto, y espiritualizadas”…
La ideología dominante se empeña en separar a la humanidad de su esencia natural y divina, que además tiene que interactuar en un sistema en el que día a día colapsan las sociedades, se incrementan formas de relaciones que se manifiestan en el marco de la no conexión interna, en donde la práctica de la autobservación, la meditación es usada por los seres que ya han despertado y se niegan a habitar este sistema desde un sometimiento ciego.
Optar vivir con principios elevados y nobles, establecernos en el gozo y en el desarrollo de nuestra consciencia desde la práctica de una verdadera espiritualidad es casi un reto que amenaza con romper la realidad que insisten en imponernos.
Para el filósofo francés Louis Lavelle la libertad es una experiencia interior espiritual, objetiva que debe traducirse en un acto que responda a nuestra naturaleza más elevada y divina. No basta con ser libre, hay que querer ser libre y esta situación nos sitúa en un verdadero dilema. ¿En que nos hemos convertido? ¿Por qué hemos olvidado nuestra esencia?
Es en este lugar donde podemos encontrar nuestro mayor desafío interno, al contrastar lo que se espera de nosotros socialmente, y lo que internamente queremos. Por lo que el esfuerzo mayor será defender nuestros principios y valores dignos, decidir muy conscientemente el desapego a lo material y reconocer la alegría auténtica que se experimenta con la pureza y la verdad y así potenciar el material amoroso con el que fuimos creados.
Vivir en libertad verdadera puede convertirse en crear nuestro propio mundo con nuestros principios más elevados en amor y lealtad. Una vez que el despertar empieza a formar parte de nuestra vida nos acercamos más al propósito que nos hemos trazado.
Solo queda despertar de ese sueño profundo que nos sumerge en una carrera social de realizaciones falsas, que nos impulsa a satisfacer deseos que son una proyección del temor y que terminan aplastando y anulando nuestra esencia, bajo el velo de una seguridad que no existe.
Es tiempo de coraje y de valentía, para accionar desde la plenitud de una consciencia conectada con el SER, y no desde ideas limitantes que solo hacen que repliquemos desde un miedo que nos encadena.
Como insistía Lavelle: «Estoy empeñado en existir a cada instante, con mi naturaleza íntegra»; lo que significa afirmar la libertad interior, espiritual, única, que está a la altura del hombre y de sus fines.
Fuentes consultadas
[i] https://bibliotecavirtual.unl.edu.ar:8443/bitstream/handle/11185/4580/RU069_06_A004.pdf?sequence=1&isAllowed=y. Pag. 87

