Aleksandr Serguéievich Pushkin, poeta, novelista y dramaturgo ruso de espíritu rebelde, nació el 6 de junio de 1799 en Moscú, en el seno de una familia aristocrática. Sus entrañables abuela y cuidadora le inculcaron el amor por el cuento y la poesía popular rusa. Leyó ávidamente a Molière, Voltaire, Parny, Shakespeare y Byron.
Se nutrió de la inmensa biblioteca paterna, más que de los estudios en el Liceo Imperial (1811-1877). Empezó a llamar la atención en 1820 con “Ruslán y Liudmila”, causando revuelo por el tema y la ruptura de los estándares poéticos neoclásicos del momento.
Trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores, formó parte del círculo literario exclusivo Arzamás y de Lámpara Verde, asociación literaria y de historia convertida en parte de una sociedad clandestina antizarista, origen de la rebelión de 1825.
“Oda a la libertad” (1817) y “El pueblo” (1819) causaron su destierro en el Cáucaso, Crimea, Besarabia y Odesa, impregnándose de paisajes y gentes. Su vida licenciosa lo llevó al arresto domiciliario en tierras paternas (1824-1826), donde adelanta su novela cumbre “Eugenio Oneguin”, produce su obra más popular, “Boris Godunov”, y poemas como “Los gitanos”.
Salvado, pero afectado por los castigos impuestos a sus amigos de Lámpara Verde, volvió a Moscú en 1826 condicionado por la censura previa y la movilización restringida. Con los poemas “Stansy”, “El negro de Pedro el Grande”, “Poltava” y “El jinete de bronce”, intentó persuadir al zar de realizar cambios, pero solo consiguió el desprecio de sus amigos.
No obstante, fue el período de máximo florecimiento, el que introdujo la literatura rusa en una nueva dimensión histórica, destacando, entre otras obras, “Mozart y Salieri”, “El invitado de piedra” y “La hija del capitán”.
Considerado fundador de la literatura rusa moderna, falleció el 10 de febrero de 1837 en San Petersburgo.

