¿De dónde viene la capacidad o inspiración para crear nuevos sonidos y nuevas formas musicales? ¿Podría verse al compositor que innova como un profeta que vaticina la creación de un nuevo ser humano? ¿Pueden los nuevos sonidos y formas de música modular la actividad cerebral, las conexiones sensoriales, emocionales y psicológicas de toda una especie?
¿Cómo es posible que obras de compositores de la talla de Beethoven y Debussy, que en su momento fueron vituperadas mediante encolerizadas críticas, hoy en día sean las mismas músicas que deleitan los oídos de tantos?
Basta con buscar y escuchar, de Ludwig Van Beethoven, su Sinfonía # 9 en re menor, 4to movimiento, para recordar una de las melodías más sonadas, popularizadas y enraizadas en los referentes universales. Sería difícil creer que esta música tardó décadas en ser comprendida y disfrutada por un público mayor, tal como lo sugiere la siguiente crítica de Cassel en 1861:
“Confieso libremente que nunca podría disfrutar de los últimos trabajos de Beethoven. Sí, debo incluir incluso la tan admirada Novena Sinfonía, cuyo cuarto movimiento me parece tan feo, de tan mal gusto, y en la concepción de la Oda de Schiller tan barata que ni siquiera puedo entender cómo un genio como Beethoven podría haberla escrito. Encuentro en ella otra corroboración de lo que ya había notado en Viena, que Beethoven era deficiente en imágenes estéticas y carecía del sentido de la belleza”.
El Repertorio de Vituperios Musicales (en inglés, Lexicon of Musical Invective), libro musicológico de Nicolas Slonimsky publicado en 1953, es una antología de críticas negativas hacia obras de música clásica reconocidas más tarde como obras maestras, y a compositores considerados como maestros, desde Beethoven hasta Varèse.
El libro está dividido en dos secciones. Las críticas dirigidas a los compositores, según una clasificación alfabética — de Bartók a Webern, y por orden cronológico cada uno de ellos — están seguidas por un “Índice de vituperios”, que propone una lista de entradas temáticas que clasifican esas críticas según una palabra clave — de “aberración” a “zoo”.
Estos nuevos sonidos, primero rechazados por no ser familiares, fueron luego entendidos, aceptados y valorados como los nuevos cimientos de un lenguaje musical que se desarrollaría en las eras por venir. ¿La música como profecía?
Se dice que en cierto periodo de su evolución creativa, Bach se volvió más audaz con sus propias improvisaciones, llevando al Consejo a lamentarse por haber insertado raras variaciones en el coro, mezclando extraños tonos incompatibles entre sí, hasta el punto de que lograban confundir a los cantantes. Sin embargo, son precisamente estos extraños tonos de la armonía bachiana los que hoy en día despiertan mayor deleite; sus audaces disonancias e inesperadas modulaciones son las que avivan el sentimiento. Sería relevante en este punto la escucha de la breve “Pequeña Fuga en Sol menor” en transcripción y dirección de Leopold Stokowski, y como ejercicio auditivo, seguir el desenvolvimiento de las melodías en la medida en que van apareciendo una tras otra, en ese estilo de fuga análogo a la multiplicidad de ideas, discursos y formas de ver un mismo tema desde ópticas diferentes, hacia una misma derivación final.
Pero, si el lenguaje musical en un momento histórico dado ya se encuentra establecido, ¿de dónde viene la inspiración para crear algo nuevo? Oliver Sacks tiene interesantes teorías al respecto, sustentadas en sus estudios sobre alucinaciones musicales y su posible relación con grandes crisis espirituales. Bach dio a entender que el bajo figurado (fundamento de la armonía hasta el día de hoy, tanto en la música académica, como en la popular, el jazz, el rock y la electrónica), había sido recibido en su mente como un regalo divino.
En sus cartas lo expresó de la siguiente forma: “El bajo figurado es el propio fundamento de la música. Se ejecuta a dos manos: la izquierda interpreta las notas establecidas y la derecha añade consonancias y disonancias, de modo que el conjunto produzca, para mayor Gloria del Señor y para deleite del Alma, una armonía agradable al oído. De hecho, como toda la música, el bajo figurado no tiene otro fin que la gloria de Dios y la confortación del espíritu: de otro modo, no sería verdadera música, sino únicamente un balbuceo diabólico y un ininterrumpido sonido monótono”.
Para explicar el efecto de la música como agente catalizador de las emociones, creando tensión y liberación, Leonard Meyer (compositor, autor y filósofo) sostuvo que “la emoción se despierta cuando una tendencia a reaccionar es reprimida”. Por eso, en la experiencia de escucha, la música que tiene un elemento de incertidumbre o postergación resolutiva puede evocar respuestas más intensas.
Para Oliver Sacks, una de las causas de la gran creatividad y capacidad innovadora de Beethoven fueron sus alucinaciones auditivas, posiblemente causadas por la sordera que fue desarrollando de forma gradual, lo que lo llevó a tener ideas de suicidio, momentos de crisis psico-espirituales que finalmente avivaron su espíritu de renovación y trascendencia, tal como lo plasmó en su Novena.
En sus cartas refirió: “Debo liberar la melodía del fuego del entusiasmo, en todas las direcciones. La persigo, la capturo una vez más. La veo echar el vuelo y desaparecer. La vislumbro de nuevo. No puedo separarme de ella. Estoy obligado a multiplicarla y, a la larga, la conquisto. Interiorizo los pensamientos durante mucho tiempo antes de escribir. Mi memoria es tan fiel que estoy seguro de no olvidar un tema que antes he concebido, aún después de muchos años. Introduzco numerosos cambios, rechazo, vuelvo a intentar hasta que me satisface. El desarrollo, la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad, antes están en mi cabeza. La idea básica no me abandona nunca. Surge, crece hacia arriba y yo puedo ver y sentir la figura mientras la totalidad toma forma y se funde en una unidad. Todo lo que debo hacer después es transcribir. Ignoro de dónde vienen mis ideas. Aparecen de improviso, directa e indirectamente. Apenas logro cogerlas entre las manos. En el bosque, en el silencio de la noche, al surgir el sol. Las despiertan los estados de ánimo y, transformadas en tonos y sonidos, se enfurecen y zumban hasta que para mí adquieren la forma de notas”.
Buen momento para escuchar y despedirnos con el Concierto para piano # 5 – Emperador – Adagio en interpretación de Arthur Rubinstein.
Fuentes consultadas:
- Kramer, J. (1993). Invitación a la Música. Javier Vergara Editor.
- Meyer, L. (1956). Emotion and Meaning in Music. University of Chicago Press.
- Sacks, O. (2009). Musicofilia. Relatos de la Música y el Cerebro. Editorial Anagrama.
- Slonimsky, N. (1953). Lexicon of Musical Invective. W. W. Norton & Company
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Me disfrute mucho este artículo, aun mas cuando vi quien lo desarrolló. Gracias Santiago
Gracias a Ma y Shivamerika he descubierto mucha música hermosa. Este artículo me recuerda a la anécdota de una poeta americana quien decía que los poemas tenía que agarrarlos, que aparecían de improviso y tenía que correr pronto a buscar papel y lápiz para capturarlos. Gracias por este artículo.
me gustó mucho el artículo. Te felicito, escribes y trasmites lo importante en cada párrafo.