¿Dónde sentimos el respiro? Directo en el corazón. La razón es anatómica, los pulmones, como alas, se encuentran a ambos lados del corazón. Normalmente atribuimos al corazón muchos de nuestros pesares y alegrías, pero en la mayor parte de los casos, es una sensación engañosa producida por la respiración inconsciente en la parte media de los pulmones, la cual sobreviene ante una experiencia fuerte.
Por ejemplo, al llorar la respiración se hace absolutamente irregular y entrecortada quedándonos inclusive, sin aliento, esto lo percibimos como el “corazón roto”. Igual sucede con la detención involuntaria de la respiración ante una noticia de impacto. Otro ejemplo es el suspiro cuando estamos enamorados, se suscita una doble o triple inhalación media y corta, lo que hace ensanchar nuestro pecho y sentir un “gran corazón”.
Lejos de desmentir o minimizar las enormes y hermosas cualidades del corazón, exponemos aquí, la relación directa y estrecha con su combustible esencial, el aliento. De hecho, es el AIRE su elemento. Toda la información y el registro de pasado presente y futuro, karma, mora en el quinto elemento o éter y viaja a través del aire, es por eso por lo que una inspiración intuitiva la llamamos “corazonada”.
Siendo el corazón realmente el músculo encargado de bombear la sangre, ¿por qué desde siempre lo hemos relacionado con el amor? Igual hemos relacionado las vísceras con el aguante, los testículos con el valor, las piernas con la voluntad.
Mas allá del cuerpo físico, poseemos un magnífico cuerpo sutil o etérico que lo recubre, invisible al ojo común, que al igual que los filamentos nerviosos que recorren y conectan todo el organismo, contiene miles de conductos por donde transita la energía vital, estos se encuentran y se distribuyen a través de centros o vórtices, algunas de estas ruedas energéticas, llamadas chakras, están vinculadas con las glándulas endocrinas, encargadas de producir hormonas capaces de enviar mensajes a través de la sangre.
La milenaria ciencia del Yoga, que hasta ahora está siendo estudiada y tomada en cuenta por la ciencia occidental, habla de un poderoso chakra ubicado en el centro del pecho llamado Anahata, asociado al timo, glándula encargada de producir la timosina, hormona que protege el cuerpo contra las infecciones. Curiosamente Anahata, de raíz etimológica sanscrita, significa lo no golpeado, o lo que evita el choque, es decir, la defensa.
Es Anahata, el cuarto chakra en sentido ascendente alineado a la espina dorsal, dividiendo la escalera de siete pasos principales por la mitad, tres chakras hacia abajo y tres hacia arriba, pero de los tres chakras precedentes, dista considerablemente, es el vínculo entre nuestra Esencia espiritual y nuestra Pre Esencia material, pues los chakras básicos están dirigidos al equilibrio y dominio de la consciencia del ego, es decir, la sobrevivencia, la procreación y el asentamiento o poder, el reino humano.
El despertar del chakra del corazón es el paso hacia otro estado de consciencia, donde predan los valores divinos, son las llaves de la puerta de entrada que conduce a un Reino Superior.
El mensaje de amor de Jesucristo está representado por la imagen del Sagrado Corazón, con un aura dorada y roja, que al vibrar se torna esperanzadoramente verde. Bien decía: “Mi reino no es de este mundo”, y también “Yo soy el camino, la verdad y la vida” … “Nadie va al Padre sino es a través de mi”.
En el budismo Mahayana, el Sutra de La Esencia de la Perfección de la Sabiduría, es llamado El Sutra del Corazón. Fue compuesto muy probablemente al norte de la India actual, en el siglo I de nuestra era, es decir a más de quinientos años del nacimiento de Siddharta Gautama, es uno de los Sutras más estudiados y recitados de las escrituras budistas y se refiere al camino hacia el Sunnyata o la vacuidad y reza así: “Partir, partir, partir a lo alto, partir a lo más alto, despertar. Así sea”.
El despertar del Chakra Anahata, y por consiguiente la consciencia del corazón espiritual o Hridaya, no solo como núcleo de la voluntad, sino como campo del “Yo más íntimo”, el Testigo de todo, el Ser mismo, ha merecido el desarrollo de toda una rama del Yoga.
Se habla metafóricamente de “entregar el corazón al ser amado”, y es verdaderamente hermosa esta cualidad humana de amarse mutuamente de tantas formas y es que el corazón posee un poderoso campo electromagnético, capaz de impactar elementos exteriores, como otros seres o la misma tierra.
Actualmente la ciencia ha indagado más sobre la naturaleza del corazón y poco a poco está devolviéndole el sitial que había sido esbozado siglos atrás por Aristóteles. La ciencia moderna reconoce que el corazón posee neuronas y filamentos interconectados con el cerebro, a través de los cuales se intercambia información. En forma diferente, el corazón es capaz de pensar, sentir y provocar emociones.
“¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.


Hermosa forma de acercarnos a la comprensión del Anahata. Gracias Rafael. La última referencia me trajo de inmediato a nuestra madre Shaktiananda. Saludos.
Excelente artículo que se pasea de manera amena y didáctica entre la ciencia y el esoterismo ancestral con un grato aire de poesía! Felicitaciones a su autor, Rafael Giordanelli, mi amigo y maestro.
Qué hermosa forma de acercarnos al corazón!
El diario vivir nos desvincula de él y la vida entonces pierde el sentido último… amar.
Excelente artículo enriquece el conocimiento, aprendes, recuerdas y aplicas.
Muchas gracias.
Bendiciones.
QUE ARTICULO TAN HERMOSO!
GRACIAS!