LLevo algunos años asistiendo al encuentro del Mahashivaratri en el Ashram Caminantes del Amanecer. La primera vez que se realizó cuando yo conocí a la Escuela Valores Divinos, EVD, no tenía idea de qué se trataba y me lo perdí. El siguiente año pude asistir, y a partir de ese momento este evento se ha vuelto infaltable para mí. ¡No dejes que te cuenten!
Te podrán explicar que es la noche más propicia para el trabajo interno desde el punto de vista astrológico. Que es una celebración milenaria perteneciente al Sanatan Dharma o Ley Universal que ha permitido y permite sostener este planeta por medio de la Luz que se genera en ese encuentro. Te podrán compartir experiencias personales, logros internos, te podrán describir momentos vividos, lugares únicos y mucho más.
Mi recomendación es, para el próximo año: ¡no dejes que te cuenten! No es lo mismo ver la transmisión del Mahashivaratri esa noche por alguna plataforma desde la casa o incluso desde una Sede. No es lo mismo porque previo a esa noche, todas las personas presentes hemos trabajado mucho, nos hemos preparado, nos hemos dispuesto a formar parte de esa gran noche, buscando despersonalizarnos para poder integrarnos; sabiendo que mientras más dispuestos y enfocados estemos, más vamos a generar, más vamos a alcanzar.
El ambiente lo hacemos todos los presentes, aportando un grano de arena con nuestra presencia, sabiendo que mientras más presentes estemos, más podremos hacer.
Somos agentes individuales que nos une algo en común. Llegamos de distintos puntos del planeta, de diferentes culturas, de diferentes razas, con diferentes puntos de vista, cada uno desde su trayectoria interna, incluso muchas veces con otro idioma, sin embargo nos permitimos convivir teniendo en cuenta para qué estamos ahí.
Hablar de lo inmanifiesto no lo podría hacer, en un principio, porque es una experiencia propia e íntima. Por otro lado, desde que uno llega -previo comienzo del Mahashivaratri- empieza la experiencia al ver la organización que se tiene. Un grupo de personas en servicio nos recibe y deben hacerse cargo de toda logística durante 5 días: desde revisar que un baño se encuentre en óptimo estado, hasta que las personas recibamos nuestras maletas, arriba, en el Ashram. El espacio está muy bien adecuado y decorado. Cuando uno ve todo lo que realizan y para cuánta gente lo hacen, lo mínimo que se puede hacer es valorar y agradecer.
Ya en el espacio acordado, no hay tiempo que perder o, mejor dicho, el tiempo se utiliza de la forma más eficaz. Hay una dinámica muy exigente desde las primeras horas de la mañana. Actividades en diversos puntos del Ashram y en cuestión de minutos, todo está habilitado para la otra labor. Esto permite que el gran número de asistentes pueda realizar las tareas de una forma expedita. Casi sin darnos cuenta de todo lo que se mueve detrás para concretar el siguiente objetivo.
Son días en los cuales nos familiarizamos, nos integramos, nos adaptamos, nos juntamos por medio de lecturas, ejercicios internos, mantras, Kirtan, japa, meditación y la cereza en el pastel: las emanaciones recibidas. Todo esto entregado con mucha imaginación y creatividad, al punto que una persona puede ir todos los años, y cada encuentro será único, diferente. Será mágico y lo más importante; una experiencia que nos permitirá avanzar o profundizar más en nosotros. La percepción es que llega una persona y sale otra.
Por eso insisto; no dejes que nadie te lo cuente. La próxima vez, anímate. ¡Vívelo! Sin expectativas, simplemente atrévete. Toma la decisión. Hazlo. No te pierdas esta gran oportunidad. Esta sincronía que nos producimos para estar aquí.

