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Home Autores Universales

DUALIDAD ENTRE MATERIA Y ESPÍRITU

by upaninews
marzo 13, 2025
in Autores Universales
1
DUALIDAD ENTRE MATERIA Y ESPÍRITU
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Cuando el espíritu busca elevarse mientras la materia intenta retenerlo: una batalla invisible pero constante. Simone Weil (1909-1943), en La gravedad y la gracia (1947), ahonda en la lucha entre las fuerzas materiales, que simbolizan la gravedad, y las espirituales, representada por la gracia. Weil argumenta que el avance del Ser implica rendirse a la gracia divina, permitiendo trascender las limitaciones de materia que encadena al alma. Esta rendición no es una renuncia, sino un acto de liberación que alinea al individuo con lo trascendental.

Todos los movimientos naturales del alma se rigen por leyes análogas a las de la gravedad física. La única excepción la constituye la gracia. Siempre hay que esperar que las cosas sucedan conforme a la gravedad, salvo que intervenga lo sobrenatural. Dos fuerzas reinan en el universo: luz y gravedad. De un modo general, lo que esperamos de los demás viene determinado por los efectos de la gravedad en nosotros mismos; lo que recibimos de ellos viene determinado por los efectos de la gravedad en ellos. A veces se da la coincidencia (por casualidad); normalmente, no. ¿Por qué en cuanto un ser humano da muestras de tener alguna o mucha necesidad de otro, éste se aleja? Gravedad. Lear, tragedia de la gravedad. Todo cuanto denominamos bajeza constituye una manifestación de la gravedad. Además, ya lo dice el propio término. El objeto de una acción y el grado de la energía que la alimenta: distintas cosas. Es preciso hacer tal cosa. Pero ¿de dónde sacar la energía? Una acción virtuosa puede rebajar siempre que no haya energía disponible en el mismo grado. Lo bajo y lo superficial están a una misma altura. Ama con vehemencia y con bajeza: frase posible. Ama con profundidad y con bajeza: frase imposible. 

Si es cierto que un mismo sufrimiento es bastante más difícil de soportar por una causa elevada que por una baja (la gente que permanecía de pie, inmóvil, de una a ocho de la madrugada, por obtener un huevo, muy difícilmente lo hubiera hecho por salvar una vida humana), tal vez una virtud baja está, en determinados aspectos, más a prueba de dificultades, tentaciones o desgracias, que una virtud elevada. Soldados de Napoleón.

 Ahí está el uso de la crueldad para mantener o elevar la moral de los soldados. No olvidarlo para el desfallecimiento. Se trata de un caso especial de la ley que coloca generalmente a la fuerza junto a la bajeza. La gravedad es su símbolo. 

 Una misma acción resulta más fácil cuando el móvil es bajo que cuando es elevado. Los móviles bajos encierran más energía que los elevados. Problema: ¿cómo transferir a los móviles elevados la energía reservada para los móviles bajos? 

No olvidar que, en determinados momentos de mis dolores de cabeza, cuando se agudizaba la crisis, me entraba un deseo intenso de hacer sufrir a otro ser humano golpeándolo precisamente en el mismo lugar de la frente. Deseos análogos, muy frecuentes en los hombres. En diversas ocasiones, estando así, llegué a ceder cuando menos a la tentación de pronunciar palabras hirientes. Obediencia a la gravedad. 

El pecado mayor. Se corrompe de ese modo la función del lenguaje, que es la de expresar las relaciones de las cosas. Actitud suplicante: necesariamente debo dirigirme hacia algo que sea yo misma, puesto que de lo que se trata es de liberarse de uno mismo. Intentar la liberación por medio de mi propia energía sería hacer como la vaca que tira de la traba y cae de rodillas. Entonces uno libera en sí energía mediante una violencia que aún lo degrada más. 

En términos de termodinámica, compensación, círculo infernal del que uno no puede escapar si no es por arriba. El hombre tiene en el exterior la fuente de la energía moral, como ocurre con su energía física (alimento, respiración). Como normalmente la encuentra, le parece que –igual que en el ámbito de lo físico– su ser lleva en sí el principio de su conservación. Sólo la privación hace que se sienta la necesidad. Por eso, en caso de privación no puede dejar de orientarse hacia algo que sea comestible. 

Un único remedio para ello: una clorofila que permitiera alimentarse de luz. No juzgar. Todos los defectos son iguales. No hay más que un defecto: carecer de la facultad de alimentarse de luz. Puesto que, abolida esa facultad, todos los defectos son posibles. 

«Mi alimento es hacer la voluntad de Aquél que me envía». No existe ningún otro bien al margen de esa facultad. Descender con un movimiento en el que no intervenga la gravedad… La gravedad propicia el descenso, el ala propicia la subida: ¿qué ala a la segunda potencia puede propiciar un descenso sin gravedad? La creación está hecha del movimiento descendente de la gravedad, del movimiento ascendente de la gracia y del movimiento descendente de la gracia a la segunda potencia. La gracia es la ley del movimiento descendente. 

Rebajarse es subir con respecto a la gravedad moral. La gravedad moral hace que caigamos hacia lo alto. Una desgracia demasiado grande coloca al ser humano por debajo de la piedad: asco, horror y desprecio. La piedad desciende hasta una cierta altura, pero no más abajo. ¿Cómo hace la caridad para descender más abajo? ¿Tienen piedad de sí mismos quienes han caído tan bajo?

Mecánica humana 

Quien sufre trata de comunicar su sufrimiento –ya sea zahiriendo a otro, ya sea provocando su piedad– con el fin de disminuirlo, y a fe que lo consigue. A quien está abajo del todo, al cual nadie compadece, ni tiene poder para maltratar a nadie (por no tener hijos ni otras personas que lo amen), el sufrimiento se le queda dentro y le envenena. Y ello resulta insoslayable, como la gravedad. ¿Cómo se libera uno de ello? ¿Cómo se libera uno de lo que es como la gravedad? Tendencia a extender el dolor más allá de uno mismo: ¡iYo aún la tengo! Las personas y las cosas no son para mí suficientemente sagrados. ¡Ojalá no ensucie nada cuando me convierta totalmente en lodo! Que no ensucie nada, aunque sea sólo dentro de mi pensamiento. Ni en los peores momentos sería capaz de destruir una estatua griega o un fresco del Giotto.

 ¿Por qué entonces otra cosa? ¿Por qué, por ejemplo, un instante de la vida de un ser humano que podría ser un instante feliz? Imposible perdonar a quien nos ha hecho daño, si ese daño nos ha rebajado. Mejor pensar que no nos ha rebajado, sino que ha elevado nuestro verdadero rango. Deseo de ver sufrir al prójimo exactamente lo que uno sufre. 

Por eso, el odio de quienes viven en la miseria se dirige, salvo en los períodos de inestabilidad social, contra sus semejantes. Es éste un factor de estabilidad social. Tendencia a extender el sufrimiento más allá de uno mismo. Si por un exceso de debilidad no puede provocarse la compasión ni tampoco hacer daño al prójimo, se daña a la representación del universo en uno mismo. 

Cualquier cosa hermosa y buena resulta entonces como una injuria. Hacer daño al prójimo es recibir algo de él. ¿Qué? ¿Qué se gana (y qué habrá que pagar a cambio) cuando se hace daño? Sale uno crecido. Sale uno más ancho. Ha colmado dentro de sí un vacío al crearlo en el otro. Poder hacer daño al prójimo impunemente –por ejemplo, descargando sus iras sobre un inferior que esté obligado a no replicar– es ahorrarse un gasto de energía, gasto que el otro debe asumir.

 Lo mismo que en la satisfacción ilícita de un deseo cualquiera. La energía que se economiza de esa manera se degrada enseguida. Perdonar. No se puede. Cuando alguien nos ha hecho daño, se crean determinadas reacciones dentro de nosotros. El deseo de venganza es un deseo de equilibrio esencial. 

Búsquese el equilibrio en otro plano. Hay que llegar por sí mismo hasta ese límite. Allí se palpa el vacío. (Ayúdate a ti mismo, y el cielo te ayudará…). Dolores de cabeza. En un momento así: menos dolor proyectándolo en el universo, aunque universo alterado; dolor más vivo una vez devuelto a su sitio, aunque algo en mí no sufre ya y permanece en contacto con un universo sin alterar. Actuar igual con las pasiones. Hacerlas descender, reducirlas a un punto, y desentenderse de ellas. 

Tratar así en particular todos los dolores. Impedir que se aproximen a las cosas. La búsqueda del equilibrio es mala porque es imaginaria. Hasta el que uno mate o torture de hecho a su enemigo es, en cierto sentido, imaginario. Aquel hombre vivía para su ciudad, para su familia, para sus amigos, vivía para enriquecerse, para ascender en la escala social, etc. 

Hay una guerra y lo llevan como esclavo, ya partir de entonces, y para siempre, ha de apurar hasta el límite sus fuerzas simplemente para existir. Le resulta tan horroroso e imposible que no hay propósito que se le presente, por miserable que sea, al que no se agarre, aunque se trate de que el esclavo que trabaja a su lado sea castigado. Ya no puede elegir sus fines. Uno cualquiera de ellos supone lo mismo que una rama para el que se ahoga.

Leer más: https://www.espiritualidadpamplona-irunea.org/wp-content/uploads/2018/10/Simone-Wei-La-gravedad-y-la-gracia-Simone-Weil.pdf

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BENEVOLENCIA

BENEVOLENCIA

Comments 1

  1. Martina says:
    1 año ago

    🤯🙏🏼✨

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