Nos pasamos la vida entera escapando a sentirnos vulnerables. La inseguridad y la incertidumbre nos causan escozor. Invertimos gran cantidad de tiempo, esfuerzo y recursos en escapar o en reprimir cualquier tipo de situación que nos represente el riesgo de –valga el énfasis- sentirnos vulnerables, inseguros o abrumados por la incertidumbre.
En la tradición védica se denomina prakriti a la materia básica de la que se compone el universo, es la naturaleza misma. Huimos de prakriti para perseguir prakriti, es decir, escapamos de los aspectos que nos repelen de la existencia para correr tras los aspectos que nos atraen de ella. Nos acomodamos en nuestras circunstancias vitales y nos apegamos a la forma que prakriti toma en ellas.
Creemos entenderlo pero cuando se sacuden nuestras circunstancias vitales nos damos cuenta de lo poco que comprendemos. Ya lo enseñaba Heráclito de Éfeso hace más de dos mil años: toda forma se transforma. Y el sentimiento de vulnerabilidad se agudiza al olvidar este esencial factor de la existencia. Buscamos seguridad porque no queremos perder el conjunto de formas que configuran nuestra vida: relaciones, propiedades, beneficios, servicios, estado de salud. Tememos la incertidumbre porque implica desaferrarse de todo ello. No en vano el mercado de los seguros es inmenso y muy rentable.
La exacerbación de todo ello viene del apego, de la excesiva identificación con el cuerpo, con la materia. Querer conseguir para el cuerpo de forma insaciable. Perseguir la atención de otros, buscando que ellos nos entreguen el reconocimiento de lo que olvidamos somos. Perdemos de vista que nadie puede entregarnos lo que ya somos: nos autoengañamos, es el juego que decidimos jugar.
La raíz del sufrimiento está en buscar lo eterno en el lugar equivocado; está en esperar amor de forma errónea. Olvidamos que somos amor y eternidad puras jugando a la limitación y la escasez.
No recordar lo que somos más allá de esta ilusión de individualidad genera sufrimiento, porque buscamos permanencia en medio de lo impermanente. El sufrimiento nos hace sentir vulnerables y ese sentimiento sacude el punto de apoyo de nuestras certezas.
Olvidar lo que en realidad somos nos lleva a aferrarnos a esta experiencia humana. Más cuando lo que queremos obtener no llega tal como lo esperamos, cuando nuestra insaciedad de certidumbre se ve insatisfecha por las dinámicas de la vida, en esos momentos nos sentimos abrumados por la incertidumbre y la inseguridad. Sobreviene una intensa sensación de perder el control.
Y tenemos dos opciones: tratar de huir o suprimir ese sentir, u observarlo atentamente sin intención de reprimirlo. Hay un valioso regalo en la vulnerabilidad, pues trae consigo la oportunidad de soltar certezas que hemos puesto en el lugar equivocado: en lo económico, en la compañía de seres queridos, en roles con los que nos identificamos, en el liderazgo de tal o cual líder político, religioso o intelectual, o incluso en creencias que nos dan seguridad.
Abrazar la vulnerabilidad implica aceptar el hecho de que no tenemos ningún control. Y soltar el control abre la posibilidad de eliminar las ilusorias corazas que encubren el genuino sentir. Observar nuestra propia vulnerabilidad es una puerta hacia el autoconocimiento, que nos lleva a la comprensión de la eternidad y el amor que en realidad somos.
Fuentes consultadas:
- American Institute of Vedic Studies (vedanet.com)
- Stanford Encyclopedia of Philosophy (plato.stanford.edu)


justo para mi en este momento, agradecida totalmente, abrazar la vulnerabilidad, gracias 🫂
Abrazar la vulnerabilidad!
Personas … están huecas más no vacías…
si vero a volte dimentichiamo cosa siamo e qual è la nostra missione e cadiamo nel tranello … e poi c è il risveglio leggendo questo e tanto altro..grazie