Jeanne Hébuterne, pintora francesa, nació el 6 de abril de 1898 en Meaux, Brie, en el seno de una familia católica, cuyo padre era contable. Siempre le gustó el arte, era muy buena dibujante, disfrutaba la música y tocaba el violín. Su hermano André, pintor, estaba en contacto con la comunidad artística de Montparnasse y se la presentó. Llamaba la atención por su particular belleza, sensibilidad y reflexión, por su menudez y maneras delicadas, y su forma de vestir de estilo muy propio, fuera de moda.
Con 19 años asistió a la Academia Colarossi, era muy talentosa, de trazos fuertes y estilos diversos, conoció a Amedeo Modigliani de 33, gran artista, seductor de mujeres, alcóholico, adicto y enfermo oculto de tuberculosis. Surgió un desenfrenado enamoramiento y un año después, sin atender a sus padres, Hébuterne se mudó con Modigliani, quien se obsesionó en pintarla.
Se mudaron a Niza, un ambiente más tranquilo en el que se esperaba encontrar compradores para la obra de Modigliani entre los ricos entendedores de arte. Allí nació Jeanne/Giovanna, su primera hija, pero los hábitos del padre resurgieron y la niña fue entregada a una institución por no poder darle los cuidados necesarios.
La salud de Modigliani se agravó, regresan a París y en enero de 1920 el gran amor de Hébuterne fallece; ella, embarazada de ocho meses, cae en una depresión severa. André la lleva al hogar paterno y la cuida. En un momento de ausencia, mientras afuera se realizaba el multitudinario funeral de Modigliani, el 26 de enero, Hébuterne se lanzó por la ventana del quinto piso.
La hermana de Modigliani adoptó a su sobrina, en 1930 el hermano convenció a los Hébuterne de trasladar los restos de Jeanne junto a los de Amedeo con el epitafio “Compañera devota hasta el sacrificio extremo”, y treinta años después salieron a la luz las obras de Jeanne.

