En el océano cósmico, inmenso y refulgente, el señor supremo reposa sobre Ananta, la gran serpiente de incontables cabezas. Tez oscura cual nube negra, ojos que asemejan pétalos de loto y cuatro brazos que sostienen con firmeza una caracola, un loto, un disco y una maza.
Fruto de su pensamiento, una flor de loto dorada emerge de su ombligo iluminando las aguas causales. De ella surge Brahma, el primero en nacer y creador de todos los seres.
Su eterna consorte Lakshmi habita en su corazón, inseparable y siempre presente, nutriendo los mundos con su abundancia y engalanándolos con su esplendor. Ella suele compartir su asiento sobre una flor de loto, o también sobre Garuda, vehículo del señor supremo y su devoto servidor, quien con su aspecto de águila atraviesa los mundos y le ayuda a proteger el orden y superar obstáculos.
El señor Vishnu, o Narayana, es conocido entre las tradiciones Vaisnava como la realidad última, contenedora de toda existencia, Brahman mismo. El Srimad Bhagavatam se refiere a él como la Suprema Personalidad de Dios y explica que él crea el cosmos manifiesto, pero Él es innaciente. La creación ocurre en Él, y la sustancia y las manifestaciones materiales son todas Él Mismo. Él las mantiene por algún tiempo y las absorbe de nuevo dentro de Sí.
El significado de sus nombres nos permite conocer mejor la naturaleza de esta representación de la divinidad. Vishnu, “el que todo impregna” nos habla de su esencia omnipresente. Narayana, “el que descansa en las aguas cósmicas” evoca su presencia gozosa más allá del tiempo y de la existencia de este mundo manifiesto.
Se le atribuyen innumerables encarnaciones, siendo las más reconocidas Rama, Krishna y Buda, así como también presencias terrenales en la forma de pez, tortuga o jabalí; e incluso formas híbridas, como Narasimha, mitad león, mitad hombre. Entre los devotos de Vishnu se anuncia también una última encarnación por venir: Kalki, esperada según escrituras para el final de Kali Yuga, “momento en que casi todos los gobernantes de la Tierra se habrán degenerado y convertido en saqueadores”.
Narayana es un gran inspirador de devoción. De hecho las más firmes escuelas bhakta o devocionales provienen de la tradición Vaisnava. Explican que la devoción proviene de entender la naturaleza amorosa de Dios y la intrínseca conexión del alma con él a través del servicio, la disponibilidad y el gozo. Para los Vaisnavas, bhakti más que una práctica es la esencia misma de la vida espiritual y el objetivo final: cultivar el amor puro y desinteresado por la Suprema Personalidad de Dios.
Esta expresión divina es reconocida también como parte del trimurti, la tríada divina conformada por Brahma, Vishnu y Shiva. En otras palabras, la manifestación del Ser en su esencia creadora, preservadora y de disolución, respectivamente. Todo en este mundo existe en ese lapso entre surgimiento y disolución. Narayana es la fuerza preservadora del Ser que da sustento, que favorece la adaptación de toda forma viva o inerte, hasta ese instante en que su disolución es inminente.
Vishnu es entonces ese llamado a observar, sentir, contemplar y amar genuinamente esa presencia del Ser que se manifiesta en la forma de nuestra experiencia interna y externa, aquí y ahora, en este rincón del cosmos ¡Om Namo Narayanaya!
Fuentes consultadas:
- Garuda, the carrier of Lord Visnu (harekrsna.de)
- Srimad Bhagavatam (vedabase.io)
- Trimurti, Hinduism (britannica.com)

