A propósito de la conmemoración del 01 de mayo, como día del trabajador -desde 1889- el contexto laboral mundial sigue en deuda con las demandas de aquellas figuras que hace 139 años, retaron al establishment en Estados Unidos, tras unas series de reivindicaciones. En medio de los albores de la revolución industrial estadounidense, la ciudad de Chicago había crecido de 15 mil a un millón de habitantes entre 1840 y 1890, convirtiéndose esta en un punto de expansión hacia el oeste y, a la vez, un vértice o enlace de comunicación entre los 4 cardinales del país.
Este progreso tuvo un alto precio. A pesar de que, desde octubre de 1884, la Federación de Sindicatos de Estados Unidos y Canadá se planteó como objetivo establecer la jornada laboral de ocho horas, el gremio patronal se opuso a la misma e inició una persecución a diversos sindicalistas, a través de las medidas rompehuelgas desarrolladas por la agencia de seguridad privada llamada Pinkerton. Se dice que estos agentes amenazaron a trabajadores organizados y provocaron tensiones raciales en la clase obrera.
Tanta tensión llegó a su culmen en mayo de 1886, cuando unos 500 mil trabajadores se unieron a una masiva huelga que llevaba como lema “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”. La ciudad con más incidencia fue Chicago (40 mil huelguistas y 80 mil obreros movilizándose), donde se hicieron notorios Albert y Lucy Parsons, quienes pertenecían a los Knights of Labor y fueron fundadores del periódico The Alarm. Mucho antes, Albert había participado en “la revuelta de los esclavistas” y participó en luchas por los derechos de los antiguos esclavos en Texas. Su esposa era hija de una esclava negra y su amo blanco, criada en el contexto no bien visto de los matrimonios interraciales. Ambos se ganaron la enemistad del temido Ku Klux Klan, lo que causó su huida a Chicago, Illinois, donde encabezaron muchos de los movimientos que tuvieron su clímax en Haymarket.
La huelga de mayo de 1886 había permanecido sin violencia (siempre bajo la vista de los líderes como Albert Parsons y August Spies, este último anarcosindicalista con ciertas convicciones pacifistas) desde el 1ero de mayo hasta su 3era jornada, cuando huelguistas se enfrentaron a esquiroles y la policía accionó asesinando a 2 personas. Esto impulsó una manifestación convocada por los huelguistas el 4 de mayo de 1886, en la plaza Haymarket.
Allí, diversos dirigentes manifestaron discursos reivindicativos, hasta que un grupo de policías comenzó a dispersar la concentración. Fue lanzada una bomba que mató a 7 policías, lo que devino en ráfagas de disparos desde ambas partes. El New York Times aseguró que los manifestantes dispararon primero, pero el historiador Paul Arvich aseguró que los agentes reaccionaron primero y de manera excesiva, teoría luego confirmada por testigos del acontecimiento.
La condición de hijos de extranjeros incidió luego en el juicio realizado a 8 de los acusados por la revuelta (de los cuales solo dos estuvieron presentes ese día). La acusación se fundamentó en la premisa de “invasión de ideas revolucionarias extranjeras” y el veredicto fue pena de muerte para todos, menos uno, es decir, 7 condenados en total y uno con sentencia de prisión por 15 años.
Louis Ling expresó frente al jurado:
“soy enemigo del orden de hoy y repito que, con todas mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo combatiré. Les desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ahórquenme por ello”.
Desde ese momento se les llama Los Mártires de Chicago. La conciencia del oprimido versus la conciencia del opresor, una constante en el tiempo producto de la distorsión de una ley de opuestos que la humanidad no ha sabido complementar, manteniendo una zanja, un cisma entre fuerzas que trabajan en conjunto y no en detrimento; concibiendo y dando a luz de forma inversa a los consabidos tiranía y martirio.
La palabra mártir significa “persona que muere por su fe” y “persona que sufre o muere por sus ideas o convicciones”. No podríamos decir que la causa del sufrimiento o muerte sea loable y justificada, así como su efecto inevitable y justo. Es parte de un juego en el que la hostilidad y la engañosa concepción del sacrificio tienen su papel y su importancia. Perseguidor y perseguido, opresor y oprimido, dominador y dominado, juego de palabras que nos llevan precisamente a un denominador común, el dualismo.
Cuando los límites cruzan la frontera de la crueldad, y la misericordia se convierte en un autosacrificio insensato, hay distorsión de una realidad mayor. Sabemos en extremo, valga el eufemismo, que esta realidad que habitamos se estructura a partir de dos fuerzas, aunque indistintamente los tiempos actuales pretendan hacernos creer que estamos en una fragmentación mayor.
Son dos fuerzas, ni más ni menos. Podríamos llamarlas, una masculina y la otra femenina, y ya es obvio que para nada se habla de géneros, al contrario, con insistencia se dice: son fuerzas operando en las distintas decantaciones de la realidad, en las que van perdiendo sutilidad y alcance, para poder penetrar en las formas densas de la materia y, en ese sentido, se puede prever con facilidad su distorsión. Viven también en nuestra mente y en la mente colectiva, operan de forma justa o distorsionada, creando como consecuencia nuestra realidad y la vida física.
Si el aspecto expansivo y misericorde de nuestra conciencia representa un lado amable y afirmativo de la vida, quiere decir que no deja espacio para la muerte ni para el límite. Ahora bien, si el lado que representa los límites, la lucha de nuestra conciencia se vuelve autodestructivo, no deja espacio para la vida. Ambos extremos son perjudiciales si actúan por separado, lo que produce una curiosa combinación de energías de baja densidad, que se explican con la explotación, y las normas que simulan un canon de estabilidad que convierten al ser humano en una existencia perdida en sus potencialidades.
No habría sinergia, no habría cocreación más allá de nuestros límites, y de haberla, sólo sería la autodestrucción. Cualquier parecido con la realidad circundante en estos tiempos y latitudes, no sería coincidencia. Es hora de trascender las polaridades, no sin antes conocerlas muy bien.
Fuente:
https://www.rae.es/diccionario-estudiante/m%C3%A1rtir
https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Frank%20Harris%20-%20La%20bomba.%20Los%20origenes%20del%20Primero%20de%20Mayo.pdf
https://www.elsaltodiario.com/conquista-derecho/-historia-del-primero-de-mayo
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-49642015000200003

