En la cima del monte Kailash, el señor Mahesh reposa en absorta contemplación del infinito. De su cabello enmarañado fluye el Ganges, el renombrado río sagrado de la India. La luna creciente descansa sobre su cabeza y serpientes envuelven su cuello. Junto a Parvati, su incondicional y devota consorte, concibió a Ganesha, el demoledor de obstáculos, fácilmente distinguible por su cabeza de Elefante, y a Kartikeya, líder del ejército de los dioses.
Mahesh es el feroz bailarín cósmico, Nataraja, cuyos movimientos crean y disuelven mundos. Él es también Nilakantha, “el de garganta azul”, un nombre ganado por un acto de compasión suprema. Tras perder su poder, fruto de una maldición, los dioses (devas) se aliaron con sus enemigos, los demonios (asuras), para batir el océano cósmico y obtener el néctar de la inmortalidad.
Sin embargo, brotó primero el jala-jala, un poderoso veneno que puso en peligro toda la creación. Mientras todos huían aterrorizados, el señor Mahesh bebió el veneno, consciente del peligro que ello representaba. Para protegerlo, Parvati, presionó su garganta deteniendo el tóxico. El veneno fue neutralizado, pero tiñó definitivamente su garganta de azul, por lo cual se conoce como Nila (azul) kantha (garganta), el protector que absorbe la oscuridad del mundo.
El veneno jala-jala simboliza las emociones, los pensamientos tóxicos y la ignorancia que surgen cuando la mente se agita sin cesar en busca de experiencias y placer. Este relato ilustra la lucha interna del buscador que se enfrenta a las dualidades en su interior: dioses y demonios. Beber el veneno representa el máximo nivel de responsabilidad y desapego: la disposición a absorber y transformar la negatividad y el dolor del mundo sin verse afectado por ellos. La garganta azul es la marca de quien ha transmutado el veneno en poder, alguien que se erige como testigo silencioso del sufrimiento, pero permanece firme y compasivo.
El señor Mahesh es conocido también por su tercer ojo, con el cual ve más allá de la ilusión y que, cuando se abre con ira, tiene el poder de destruir toda la creación. En una ocasión, mientras él meditaba profundamente, Parvati de manera juguetona le cubrió suavemente los ojos. En ese instante, el cosmos se sumió en la oscuridad. Para salvar la existencia, Mahesh súbitamente manifestó su tercer ojo en la frente. Un torrente de energía, cual fuego, brotó de él, restaurando la luz en el cosmos y salvándolo del colapso.
El calor de esta llama era tan intenso que hizo sudar las manos de Parvati. De una gota de ese sudor nació su hijo Andhaka, cuyo nombre significa «oscuridad», recordatorio del evento que le dió vida.
Los dos ojos que usamos a diario no solo ven, sino que simbolizan la dualidad, el mundo exterior y nuestra conexión constante con Prakriti, la naturaleza. Miramos hacia afuera, buscando formas e historias. Pero el tercer ojo es diferente, no mira hacia afuera, sino hacia adentro. Es el ojo de la autoconciencia, el que ve más allá de las ilusiones. Cuando el tercer ojo se abre, no es el mundo el que arde, sino nuestras falsas creencias, nuestro ego y nuestro condicionamiento. Éste destruye la ilusión, revelando la verdad, abrirlo es vernos directamente a nosotros mismos. Ese fuego es el coraje que requiere la disolución de la falsedad interior, las creencias prestadas, el ruido mental y las identidades egocéntricas.
Mahesh es uno de los nombres de Shiva, sin embargo es importante diferenciar entre las ideas mitológicas hinduistas y lo que representa Shiva profunda y genuinamente. Hace algo más de mil años, el revolucionario filósofo Adi Shankaracharya brindó una profunda visión atemporal: Shiva trasciende todo nombre, toda forma y todo concepto que albergamos. Compuesto por el Shankaracharya, el Nirvana Shatakam declara en la primera estrofa:
“No soy la mente inquieta, ni el intelecto agudo, ni el ego velado, ni siquiera los reflejos fugaces del ser interior. No soy los cinco sentidos que vagan por el mundo, ni los cinco elementos que le dan forma. Estoy más allá de todo eso. Soy la Conciencia y la Dicha Absoluta. Soy Shiva, soy Shiva”.
Así, lo que queda cuando todas las ilusiones se desvanecen es la realidad infinita y radiante: Shivoham -Soy Shiva- el conocimiento y la dicha eternos, lo auspicioso, el amor y la conciencia pura misma.
Fuentes consultadas:
- Acharya Prashant. Shivoham. 2023 (acharyaprashant.org)
- Mystical Stories of Shiva (bhaktimarg.com)
- Nirvana Shatakam – Shivoham Shivoham Lyrics and Meaning (isha.sadhguru.org)

