Los seres humanos nos hemos confundido con respecto al concepto de paz. La paz la hemos comparado con un estado particular en el que permanecemos sin dificultades, asociando el par de opuestos éxito-fracaso como sinónimo o antónimo de la palabra paz. Muchas veces asociamos paz con aquello que se resuelve, se finiquita o llega a su fin.
Al presentarse alguna dificultad decimos “nos han quitado la paz”, o cuando nos sentimos incómodos por alguna acción de alguien cercano, le diremos “déjame en paz”, e incluso creemos que la paz se alcanza irremediablemente después de la muerte, cuando decimos “descanse en paz”, vaticinando a los vivos una vida de conflictos.
De hecho, hemos visto casos, en el mundo, en los que se pretende engañar a la opinión pública con una negociación por la paz, acto no solo anodino, sino fraudulento, al contar con aristas ocultas en la que los intereses particulares toman prioridad.
Pareciera que la paz va más allá del alcance racional y roza los límites de la percepción de lo externo. No se trata de establecer reglas y acuerdos para luego simplemente cumplirlos. Eso aparentemente es un marco para una verdadera paz, que sin duda parte del interior del ser humano, en conexión con las leyes que rigen universalmente a todo aquello que existe, incluso antes de que existiese el ser humano.
Si no se conocen esas leyes, difícilmente se alcanzará paz ni en lo interno ni en lo externo. Pertenecemos a un contexto armónico que se mueve de forma sincrónica y consecutiva, y corresponde alcanzar ese ritmo en cada uno, para engranar. Es fundamental, claro está, el conocimiento interno que debería engranarse con lo externo. De lo contrario, el caos toma el control en una disociación desmedida.
Cuando ese caos acciona en desproporción, se enquista lo que llamamos el mal, expresado en estos planos como los estragos más profundos manifestados en el planeta. La humanidad se acostumbró a permanecer en estado de constante espasmo. ¿Qué ha faltado, o de qué hemos carecido para que, aún en la actualidad, insistamos en promover una industria armamentista, o ceder la resistencia y permitir que el crimen organizado se organice mejor y permee incluso los estamentos políticos?
El investigador argentino, teólogo, profesor, judío sefardí, Mario Sabán comenta:
“…las guerras no son solo un drama, sino el resultado de desequilibrios de poder y la industria de las armas. Las vidas jóvenes que se pierden en guerras son el producto de decisiones equivocadas y egoístas que desequilibran la sociedad. Las madres que pierden a sus hijos en guerras son testigos de un sufrimiento inmenso, pero somos nosotros mismos quienes generamos muchas de estas muertes. La humanidad es responsable de la mayoría de los dramas que enfrentamos. Somos nosotros responsables de este tipo de drama, si lográramos corregir los intereses desequilibrados que fomentan las guerras, podríamos reducir significativamente el sufrimiento humano.”
En definitiva, se ha carecido de sentido para la vida, de autoconocimiento, de integración y unificación. El recrudecimiento del caos y del mal ha ofertado una vida con violencia y miedo que recuerda a las máximas de Maquiavelo, en las que se cuestiona si es mejor ser amado que temido o ser temido más que amado.
Este diplomático y escritor, que llegó a ser considerado el padre de la filosofía política, argumentaba que nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que según su opinión es difícil reunirlas, y que siempre ha de faltar una, declaró que es más seguro ser temido que amado. Sin embargo y a diferencia de esto, existen pruebas de lo contrario, sí han existido reinos como el de Ramachandra en Ayodhya o Ahilya Bhai Holkar en Indore, del imperio Maratha, que se caracterizaron por la justicia, la equidad y el compromiso con el Dharma (la rectitud).
Ciertamente, este es un tema recurrente que abroga la alta conciencia, en detrimento de lo noble y lo altruista. En definitiva, el autoconocimiento es determinante para discernir entre el bien y el mal, la despersonalización libera de las tendencias de poder y del beneficio egoísta en las diferentes escalas de acción en esta sociedad humana.
Fuente:
https://ocw.uca.es/pluginfile.php/1491/mod_resource/content/1/El_principe_Maquiavelo.pdf
https://psicologiaycabala.com/el-miedo-a-la-muerte
https://ncert.nic.in/pdf/publication/otherpublications/Unity_cultural.pdf

