Murad III, sultán otomano, nació el 4 de julio de 1546 en Manisa, al oeste de Turquía, primogénito del sultán Selim II y su concubina consorte Nurbanu Sultana, y nieto de Solimán el Magnífico (Dinastía Osmanlí, 1299-1922). Recibió una educación exigente de los mejores tutores de la época, dominó varios idiomas y su formación religiosa fue estricta. Solimán I lo nombró Sanjak-Bey de Akşehir (1558) y de Saruham (1564), y su padre lo nombró gobernador de Manisa (1566).
Al morir éste, accedió al trono como Murad III (1574) y en diciembre de ese año sus hermanos varones fueron ejecutados, evitando luchas por el poder. Su madre ejerció como co-regente investida de Valide Sultana (Madre Sultana) y su concubina consorte también tuvo gran influencia, mucho más que el Gran Visir Sokollu, quien fue ejecutado en 1579. Este período se conoce como el Sultanato de las Mujeres.
El reinado estuvo signado por interminables guerras. El territorio otomano creció al conquistar Fez, Azerbaiyán, parte de Giorgia y tierras persas, mientras que la guerra contra Austria (que duró 13 años) terminó con el Acuerdo de Constantinopla. Se planteó llegar a América del Norte, pero sufrió una estruendosa derrota naval propinada por España. El aumento de tributos para sufragar las guerras, la inflación y la afluencia de plata sudamericana barata, originaron el deterioro económico y social, hubo abandono de tierras y las fuerzas de élite (jenízaros) degeneraron en canallas que amenazaban al pueblo.
Paradójicamente Murad III nunca participó en las batallas (algunos historiadores afirman que no las aprobaba), se mantenía en el palacio dedicado al arte, la lectura y la escritura, promovió el estilo miniaturista y la reproducción de libros. Aplicado a su harén, tuvo más de un centenar de hijos, de los que sobrevivieron alrededor de 50.
Asediado por revueltas y con problemas de salud, falleció el 15 de enero de 1595.

