En los albores de la humanidad, cuando el mundo clamaba por equilibrio y la virtud parecía desvanecerse en la penumbra, nació el príncipe Rama, cuya mirada irradiaba una nobleza que trascendía su linaje real y evocaba la presencia misma de Vishnu.
Como primogénito del rey Dasharatha, Rama era el heredero al trono de Ayodhya, y su lealtad hacia su padre era incondicional. Fue esposo fiel de Sita, princesa de Mithina, a quien conquistó con la fuerza de su espíritu al romper el arco de Shiva en el Swayamvar, prueba impuesta por el rey Janaka, padre de Sita. Juntos encarnaron el ideal de la pareja perfecta, un modelo de amor y devoción mutua.
Su vida prometía prosperidad y realeza, sin embargo luego de un giro inesperado resultó exiliado al bosque durante catorce años. Sita, con una lealtad inquebrantable, insistió en acompañarlo, al igual que Lakshman, su fiel hermano.
Mientras vagaban por las densas arboledas enfrentaron innumerables desafíos. Pero la mayor prueba llegó con una figura oscura y poderosa: Ravana, el rey de Lanka, quien cegado por la soberbia y el deseo secuestró a Sita y la llevó a su isla fortificada, al otro lado del vasto mar.
Esto sumió a Rama en una profunda desesperación, pero su determinación para rescatarla fue inquebrantable. Con la ayuda de un ejército de seres del bosque, principalmente Vanaras o monos liderados por el poderoso Hanuman, Rama cruzó el océano, encontró a Sita y libró una batalla épica para rescatarla.
Con su arco y una flecha imbuida de la fuerza de Vishnu, Rama derrotó a Ravana, liberando a Sita y restaurando el equilibrio en el mundo. Gracias a este triunfo épico, Rama fue coronado rey de Ayodhya a su retorno. Gobernó con justicia y sabiduría, dando inicio a una era de prosperidad y paz conocida como Rama Rajya.
Las historias en torno a la vida de Rama y Sita, consignadas en el Ramayana, están profundamente arraigadas en la cultura y tradición hinduista, y en general de la India. Ello ha hecho que sean incontables las versiones que circulan de esta épica, muchas de ellas adaptadas a lo largo de los siglos, e incluso amañadas a diversos intereses.
En el siglo XVI, el sabio Tulsidas se dio a la tarea de escribir una interpretación profunda y mística del Ramayana: el Ramcharitmanas. El Rama que Tulsidas ofrece en este escrito poético es mucho más que el héroe de un cuento: es la expresión humana de la más elevada divinidad, como si aquello que está más allá de toda forma (nirguna) hubiese tomado existencia entre nosotros (saguna), haciéndose profundamente accesible en la vida diaria.
Rama representa entonces el Maryada Purushottama, el ideal de perfección moral, el hombre en su más sublime expresión. A pesar de las tormentosas pruebas que vivió, cada una de sus decisiones, e incluso cada gesto resuenan con el dharma, la rectitud inquebrantable.
Algunos años antes de que Tulsidas escribiera el Ramcharitmanas, el poeta Kabir Sahib compuso un poema en el habla de que en realidad existen cuatro Rama:
Un Rama moró en el hogar de Dasharath.
Un Rama habla desde el interior de cada ser.
Un Rama se extiende por toda la creación.
Y un Rama está más allá de todo ello.
El primer Rama si bien hace alusión al rey de Ayodhya, se refiere al cuerpo físico. El segundo se refiere a la conciencia interna y la fuerza vital que se expresa en cada corazón. El tercero es el cuerpo causal, cuya presencia subyace a todo el universo. Y el cuarto es el Ser puro, inmanifiesto, la verdad última sin forma ni existencia sensorial.
Nos enseña Kabir que la vida es un viaje desde el primero hasta el cuarto Rama. Al igual que los animales, nacemos con un cuerpo físico. A medida que crecemos, desarrollamos pensamientos e ideas, fortaleciendo el cuerpo sutil. Luego, podemos convertirnos en buscadores, adentrándonos en el reino causal, cuestionando el ego y el propósito de estar vivos. Finalmente, si alcanzamos suficiente madurez en el viaje, realizamos la existencia del Ser, la verdad más pura.
Escribió el sabio Kabir: «Nacemos muy lejos de la Verdad. La vida entera está destinada a recorrer ese largo camino de regreso.»
Entonces, más que adorar su forma como el heróico personaje que reinó en Ayodhya, la mejor manera de honrar a Rama es caminar desde la consciencia del cuerpo hacia la de nuestras acciones y pensamientos, para despertar a estados cada vez más profundos de autoconciencia y así acceder a esa dimensión subyacente, al cuarto Rama, a la existencia misma ¡Jay Shri Ram!
Fuentes consultadas:
- Acharya Prashant. हे राम! (Hey Ram). 2020 (acharyaprashant.org)
- Arshia Sattar. Reading Ramayana in the 21st Century. 2019 (youtube.com)
- Ramcharitmanas (ramcharitmanas.info)
- Sant Mat Meditation and Spirituality. Four Nirgunas and the Four Rams – According to Kabir Sahib (medium.com)


hay un libro escrito por Satya Saibaba que también hace análisis del Ramayana, se llama Rasa Vahini «la Dulce historia de la gloria del señor Rama» 🙏
Preciosa enseñanza, y explicada de una manera muy sencilla…!
Muy alejado de nacer, crecer, reproducirse y morir
Muchas gracias.