Burrhus Frederic Skinner, psicólogo y autor estadounidense, nació en Susquehanna, Pensilvania, el 20 de marzo de 1904. Estudió en el Hamilton College (NY) porque quería ser escritor, pero desistió por no tener las cualidades necesarias. Leyó a Bertrand Russel y su discusión sobre el conductismo en psicología, particularmente el de John Watson, y comenzó a interesarse sobre el comportamiento humano.
Se doctoró en psicología en Harvard (1931) y comenzó como investigador en la institución (1936), pasó por las universidades de Minnesota e Indiana, incorporándose de nuevo y definitivamente como profesor en Harvard (1948). Ese año publicó “Walden Dos”, una novela de ciencia ficción sobre conductismo e ingeniería de la conducta.
Influido por Watson, Skinner apuntó a la psicología experimental y a obviar aspectos internos como la mente, la percepción, las emociones o la introspección. Definió su conductismo como “radical”, es decir, el estudio empírico de la conducta observable, pues estaba convencido de que no son los eventos internos (especulaciones abstractas) los que originan la conducta humana, sino los agentes externos y sus efectos medibles (evidencias objetivas).
Desarrolló programas de reforzamiento con fines de modelar conductas de diferente duración; creó la “caja de Skinner” para el análisis experimental del comportamiento, diseñada con fines del configurar el acondicionamiento operante/instrumental del objeto de estudio; desarrolló el Proyecto Paloma durante la II Guerra Mundial: adiestramiento de palomas para guiar proyectiles hacia los objetivos deseados, finalmente fue desestimado, e ideó la “cuna de aire” con temperatura y humedad reguladas para ayudar a los padres al minimizar o evitar que los bebés despertaran en la noche por factores ambientales.
Autor de una veintena de publicaciones entre las que destaca “Más allá de la libertad y la dignidad” (1971), y miembro de varias Academias, falleció el 18 de agosto de 1990. Fue calificado por la APA como el psicólogo de mayor relevancia del siglo XX.
Fotografía: https://pavlov.psyciencia.com/2021/10/b-f-skinner-2.jpg.


Sin duda, grandes descubrimientos dejó a la luz Skinner, bajo el oscuro manto del poder inescrupuloso del control mental y el mercadeo imperante. En una crítica abierta, el humanista Carl Rogers advirtio los peligros del conductismo en manos equivocadas:
«Sabemos cómo predecir cuáles miembros de una organización serán delincuentes o crearán problemas.
Podemos determinar cuáles son las personas que se dejan influir con facilidad a las presiones grupales y cuáles las que nunca ceden ante tales influencias.
Sabemos cómo influir sobre la conducta adquisitiva de los individuos y lo hacemos creando condiciones que satisfacen necesidades inconscientes del consumidor, que nosotros hemos sido capaces de detectar.
Sabemos cómo establecer las condiciones necesarias para que muchos individuos consideren correctos determinados juicios, aun cuando se opongan a las pruebas que les suministran sus propios sentidos.
Sabemos cómo desintegrar la estructura de la personalidad de un individuo, eliminando la confianza que siente en sí mismo, destruyendo su concepto de sí y haciendo que dependa de otra persona.
¿Cómo emplearemos el poder de esta nueva ciencia?
¿Qué sucede con el individuo en este «mundo feliz»?
¿En qué manos estará el poder de utilizar este nuevo conocimiento»
¿Con qué fines, propósitos o valores se lo empleará?»