Por Mataji Shaktiananda
Alan Parker nos incrustó un par alas hace mucho tiempo cuando mostró la realidad de los excombatientes a través de Birdy. Vietnam sería la bala de la trama y, aunque la realidad quedaba lejos, nunca fue ajena. Todos tenemos nuestras heridas de guerras, aunque no existan las batallas presenciales. Cargamos nuestros estigmas colectivos. Con esta tremenda peli -mi favorita, además- nos dejó la tarea de querer saber cuándo desplegarlas y así volar hacia nuestra realidad, la única: la interna. Cumplido el deber.
Nos introdujo a toda una generación, ataviadas de leotardos y calentadores, a observar las mieles y los sinsabores de la gloria en Fama, a través de una escuela de aprendices de las artes buscando el ansiado salto hacia “broadhollywood”, quimera de vida para muchos. No hay mayor éxito que dar con la verdad interna, entendido desde entonces.
Nos advirtió sobre las drogas y su posesión o tráfico de manera brutal en Expreso de Medianoche, historia real de un norteamericano apresado en Turquía con hachís y sus penurias para salir de una cárcel inhumana. De estar a poco de enloquecer, escapó. La libertad real está en la conciencia, supe.
The wall, fue un estallido mudo de sentimientos para nada encontrados, todos desfilaban al mismo ritmo y a la par de las hordas animadas bajo la estridencia penetrante de Pink Floyd. Llevados, quedamos a querer fijar resistencia ante todo convencionalismo de cualquier índole. El mundo aplasta y no hay respiro. ¿Suena conocido? Sumando a Mississippi en llamas, la historia signa a la humanidad que no se deslastra de prejuicios.

Padecimiento crudo y rudo como pan diario.
La oscuridad, sus tensiones y tentaciones, las esclareció en El Corazón del Ángel, con un De Niro infernal que le seguía los pasos a quien desconocía su sombra. Nos dejó saber que nadie tiñe nada de luz mientras oscuro es el recuerdo. De maldiciones y bendiciones mal adquiridas nos libró el señor Parker con este trabajo magistral y muy criticado.
Antes, mucho antes, todas nos sentimos frenéticamente Melody, arrulladas por los Bee Gees, creyendo en lo pueril e inocente que era el amor. Algo tan sublime como un juego de niños. Ahí la pluma de Parker, novel guionista entonces, edulcoró en nuestra más temprana infancia, el amor de pareja. Sí Alan, primero debe existe el amor en uno, acepté a llantos. Los mismos que quizá le hicieron brindar Después del amor, tocando sus propias sentimientos y rupturas.
Cito estas películas porque de cierta forma me mueve tanto más lo que se experimenta. Lo visto, lo sentido, el incruste celular. Ese es lo que me produce certeza y confianza y este señor ayudó a forjarnos eso. Vuele alto señor Parker que usted tiene con qué, bien supo burlar a quienes todo critican y todo objetan. Eso también nos enseñó, hacer frente y no callar.
P.D.
A principios de los ochenta Fama, me arrancó las ganas de hacer un texto. Me pasearía por mis veinte, estudiando los primeros semestres de periodismo, cuando todo el delire producido lo expresé en un minúsculo artículo. Alguien muy cercano me conminó a escribir una pequeña crítica que se convirtió en mi primer artículo publicado en un medio impreso en el que desde entonces trabajaría por once años: El Diario de Caracas.

