Por Sri Mataji Shaktiananda
Más que conmemorarlo este año, celebro su visión. Perfecta por lo demás. Ese estar y no estar. El haber partido a tiempo. Nada que decir que si antes o después, justo fue. Emigró tras su psicodelia mental llena de humos y humores, imprimiéndole a esa partida un postergamiento que libró en horizontal, bello durmiente total, amado, cuidado, blindado, silente.
Mientras, a todo el volumen del alma, uno rozaba presencia con cada tema, no importa cuál, las preferencias se repetían y las otras pasaban igual. Era él siempre, siempre en un hoy eterno, perenne, singular, único. Cerati siempre es, fue y será un hoy.
En cierta forma nos llevó a su gradual desvanecimiento físico. Cuatro años le tomó este proceso. Cero traumas, cero dolor. Primavera, cero. Uno sabiendo que era y estaba, y ni una proyección posible más que el recuerdo. No hubo manera. Más lo especulado en un mar de porqués interminables hasta el sol de hoy. Esta vuelta al mismo sol que hubiese sido a sus 61, que ya no fue.

Nos dejó hacer versiones, libres de sí mismo, al mejor estilo karaoke, como si su holograma pendiera en nuestra mente y las letras se sucedieran una tras otra en un sinfín interminable. El corazón, tanto el suyo como el nuestro, delator. Ni tan lejos ni tan cerca de Allan Poe, pero sin crimen, más que el de morir en lenta muerte, sin cámaras a la vista.
Y quedo así, tal y como sentenció: «Ya nada puede impedir en mi fragilidad/ es el curso de las cosas/hoy mi corazón se vuelve delator”.
Cada año, cada 11 de agosto, uno se asoma a su propia persiana, sin tristeza ni dolor, sin pesar ni melancolía. Simple gratitud. Coincidir con un ser así es existir en plenitud. Ha quedado así: “Un dulce pálpito, la clave íntima, se van cayendo de mis labios… como un mantra”…de sus labios, de sus labios.


Conocí a Cerati chiquita, en boca de una amiguita mía que cantaba uno de sus versos más famosos. Fuimos esa generación que tenía hermanos ochenteros, hermanos que amamos y a quienes queríamos copiar en cada uno de sus gustos y pasiones. Un día me encontré entre los cassets de uno de ellos ese nmbre escrito con esfero negro y letra colegial: Cerati. Lo puse en nuestro equipo de sonido y lo repetí una y otra vez, feliz de haber encontrado el verso de mi amiguita allí. Ya sabía escribir y leer, así que lo único que se me ocurrió fue coger una libretica y mi lápiz y comenzar a escribir cada verso de cada canción.
Paraba la cinta, escribía una, dos palabras, la devolvía, comprobaba que lo había escrito bien y seguía. Copié todas las canciones que pude.
Tuve la suerte de escucharlo en Bogotá en su último concierto. Su voz me transporta. Entenderlo a la luz de la conciencia me hace amarlo más. Gracias Ma, gracias Cerati por contarnos cositas del Ser.
Infinito e inmeso ser, espere su regreso de su tiempo de sueño, que me sirvio para entender su mensaje en sus canciones…»hay que cerrar los ojos para poder ver…» decia en Caravana, y cuanto nos estaba diciendo. Gracias por recordalo!
Cuando escuchas y por fin entiendes lo que quiso decirnos
«Sé, nunca falla
El universo está a mi favor
¡Y es tan mágico!
Voy a seguir haciéndolo…»
Todo toma sentido, Gracias TOTALES!
Gracias Madre por enseñarnos a descifrar el código detrás de la música de Cerati y comprender que hay seres que vienen a entregarnos esos mensajes en forma de arte.
Querida Gurú
Agradeciendo leerte, verte y escucharte en las conexiones de esta virtualidad fugaz a veces.
Me uno a la conmemoración, jamas me agoto de cantar siempre como un mantra las letras de Cerati, que tuve en mi mente desde hace aprox 15 o 17 años en mi alrededor. Mis canciones favoritas el puente y el rito, esta última me la he escuchado muchas veces hace 2 años mientras me bañaba (estaba superando una traga) y ahora cobran de alguna manera cada vez un sentido diferente y espero que más profundo. Te envió un enorme abrazo de luz, deseando sean hermosos tus días, me imagino que es difícil ser tu. Miles de bendiciones a ti y a este bellisimo proyecto EVD, los amo a todos.