Por Sw Mukundananda | SKY Ecuador
El mundo determinó que debemos vivir en un estado de cuarentena, guardarnos, resguardarnos y, por lo tanto, quedar en un estado que llamamos, aislamiento social.
Aprovechando mis circunstancias, creo que favorables, al estar viviendo la eterna cuarentena en el Ashram Caminantes del Amanecer, donde estoy confinado a unas cuantas hectáreas de verde montaña, templos varios y un grupo de gente sin rastros de ese tal Covid.
Pensé en la posibilidad de practicar un aislamiento virtual.
Me reconozco un dependiente tecnológico, de esos millenials que consumen mucho esa realidad, aunque estoy convencido de que buena parte de esas circunstancias en las redes, las sé eludir.
Pudiendo ver de lejos, cómo se aproximaba la avalancha de ofertas virtuales.
Los intentos, un poco desesperados de conexión externa: fiestas por zoom, videollamadas para desayunar virtualmente. ¿Qué tal si doy clases online? ¿Qué será de la vida de esta persona de la que no supe más desde hace años?
Reconectemos… Amistades por utilidad.
Pues decidí no ser tan partícipe de eso, anunciándolo en mis redes por supuesto, tampoco soy tan mal educado. Opté por dedicarme más a lo que este lugar físico me ofrece para reconectar más conmigo, sin dejar de darle vuelta al uso consciente de la tecnología. Este auge de lo online también proyecta la enseñanza de la Escuela a quienes quizá, con la misma desesperación antes mencionada, están buscando algo. Y en esa área, usando mis poderes de millenial, soy de alguna utilidad.
En eso me encuentro en estos momentos. Tratando de aminorar, de alguna forma, mi caída. De una caída se trata y sé que de esta nadie se salvó.
Queda de nuestra parte decidir si caemos estrellándonos o, como diría el maestro Buzz Lightyear, caer con estilo: planeando lo mejor posible.
Y como nos enseña Guruji Madre Shakti, de eso se trata. Un plan. Un plan de vuelo para seguir definiendo la determinante. Incluso, nos habla de una independencia, la cual se está poniendo a prueba ahora.
En tal sentido, lo ilógico de estar más aislados de lo “otro” y más cercanos a nosotros. Con la trampa más grande de ponernos en nuestra cara lo que nos mantiene dependientes y depender de ello para mantener cierta sanidad.
Por tanto, no estoy diciendo que haya logrado nada con esto. Ya lo sabré más adelante. No creo que haya logrado mi meta de un aislamiento virtual. Me he creado las condiciones para no poder hacerlo. Además… Sería imperdonable para algunos mi desaparición y, para mí mismo, desaparecer de ellos. A pesar de que un poco, missing in action estoy.
Al final la tecnología bien usada puede ser útil, pues para eso la creamos. Ella también depende de nosotros.

Una de las cosas que me asustó, cuando empezó todo esto, fue ver claramente, y muy rápido, lo cómodos y fáciles que somos, sobre todo, las ganas con que nos acostumbramos a esta coyuntura. ¿Qué es lo que viene después? La normalidad ya pasó. Volvimos a caer con la misma piedra. Capaz cada vez recordamos un poco más. Capaz no recuerdo que recordaba más antes. Lo importante es que ahora recuerdo.
Y me encuentro consciente de esta gran prueba, de la que ya sabemos no salimos ganadores, pero que sí venceremos; o al menos en el intento vamos a morir.


Muchas gracias por compartir, Swami. ONS