Martin Heidegger, filósofo y académico alemán, nació en Messkirch el 26 de septiembre de 1889, en el seno de una familia católica de padre tonelero y sacristán. Lee Aristóteles y a Edmund Husserl, de quien llega a ser su discípulo y asistente en la Universidad de Friburgo, y con quien se sumerge en la filosofía fenomenológica, relevando a su maestro como titular de la cátedra en 1928.
Su obra más famosa, “Ser y tiempo” (1927), nace de la preocupación por el olvido del ser, la imposibilidad de comprendernos a nosotros mismos como entes, sin comprender primero la naturaleza del ser. Define el término Dasein como el ser humano, “ser-ahí”, una existencia en contacto con el ser, cuyos actos y comportamiento nos aproximan a él. Para Heidegger la alethéia, más que la verdad, es el develar lo que está oculto u olvidado, en este caso, el ser en su estado originario.
En 1933 se adhiere al nazismo y llega a rector de la Universidad de Friburgo. Poco después empezó a discrepar y terminó alejándose del partido y de la política, sin embargo, sobrevivió la ambigüedad y la duda sobre su posible antisemitismo, interpretado por muchos en “Introducción a la metafísica” (1953) y en “Cuadernos negros” (apuntes 1931-1976, 2014).
Luego vino un giro en el abordaje del ser con “Carta sobre el humanismo” (1946), un humanismo más originario que tiene al lenguaje como el hábitat del hombre y el ser, y la obra de arte como vía para manifestarlo. En 1953 incorpora también la técnica moderna, entendida como una extensión impuesta de la percepción, que nutre vidas nihilistas.
Considerado por muchos como el pensador más importante del siglo XX, falleció en Friburgo el 26 de mayo de 1976.

