Nos debatimos, nos abatimos, nos confrontamos internamente entre emociones, sentimientos y pensamientos durante la mayor parte de nuestra vida, porque al fin de cuentas toda esta dinámica de lo que nos sucede, evidencia los contenidos que nos corresponde atender.
El asunto es que hay matices en los que se puede experimentar estos desencuentros y desajustes, y los más comunes son el drama y la culpa, ambos lo suficientemente insensatos como para colocar un velo de sesgo que nos impide ver con la claridad y distancia suficiente nuestra experiencia en curso.
Se llega así con tanta facilidad a un previsible campo de lucha interna del que difícilmente se sale mientras sostengamos negaciones y desconocimiento sobre nuestras formas, conductas, vacíos y miedos. De esto nos hace un encuadre hermoso el Bhagavad Gita, al ofrecer una de las más hermosas enseñanzas espirituales bajo una metáfora que encierra justamente esta alegoría.
La conversación que transcurre entre Arjuna líder de los Pandavas y Krishna avatar de Visnu como fuerza de amor preservadora, expone metafóricamente el desafío al que se encuentra Arjuna durante la batalla que se libra en Kurushetra entre los Pandavas y los Kauravas, porque a quien se debe enfrentar es a su propia familia y amigos, que representan las lealtades que nos atan ante la ilusoria realidad creada, distanciándonos de la esencia exacta del ser que debe ser alcanzada.
Esta visión del ámbito trascendente fue referente de muchos pensadores y filósofo, siendo Friederich Nietzche uno de ellos, y de quien la frase “Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla” es una clara alusión al ámbito de la confrontación que todos tenemos tarea de resolver para trascender la ilusoria forma de existencia que nos distancia de nuestra esencia.
Es requerido en este campo de batalla una actitud resolutiva de acción, y qué además cuente con una cualidad o principio, y es que sea correcta, en ley porque de lo contrario no se está concretando el propósito y se perpetúa una conexión o vínculo con esos aspectos que hemos reconocido como “nuestros” de ahí el asimilarlos como “familia” de manera metafórica, por lo que el desmarque de estos aspectos negativos y degenerativos son el motivo de la resolución de accionar.
Al final lo que se persigue es la purificación, la disolución de lo perecedero y la emergencia de la verdadera naturaleza expresada en la inmortalidad y eternidad del alma, asunto tan prejuiciado desde el miedo que conduce a evadir las batallas que debemos encarar para que pueda concretarse el propósito en cada uno de nosotros.
Atender entonces esta realidad es parte esencial de este llamado, reconociendo que somos un campo de experimentación en el cual se ha dispuesto TODO lo necesario incluidas reglas de juego precisas, bajo las cuales si se actúa con determinación sin esperar el resultado de la acción, habrá efectos desde la correspondencia exacta que en ley se cumple.


Gran Reflexión en este contenido, símil entre el Bhagavad Gita, Friederich Nietzche, y «El Campo de Batalla», que es el de todos . Gracias!
muy interesante un aporte al entendimiento!.