A propósito de los puentes, la mencionada estructura de conexión, nunca ha estado ajena a los imaginarios del ser humano en su necesidad de trascender. Imaginarios hechos realidad en expresiones concretas que van desde lo puramente arquitectónico y material, hasta las sutiles y poderosas vibraciones de la música. Tender puentes, ese mecanismo que pone en acción el flujo de acceso, recepción y transmisión sonora, desde y hacia otro punto o dimensión, ha sido vehículo de los mensajes que puede transmitir la música. ¿Puede el sonido funcionar como un puente? ¿Cuál sería su propósito? ¿Conectar qué con qué?
Empíricamente, la ciencia ha demostrado la capacidad de la música para funcionar como conector neurológico entre diferentes partes del cerebro. La experiencia musical permite acceder simultáneamente a estructuras que de otra manera permanecerían dormidas: regiones de activación motora, centros emocionales, reservorios de memoria, estructuras de funcionalidad del lenguaje y otras más que permiten la asociación, la representación y la abstracción de significados.
La música es como un puente multidireccional que activa al mismo tiempo las estructuras más básicas y las más evolucionadas del cerebro humano. Y cuando la experiencia musical se acompasa con la vivencia espiritual, ¿no funciona acaso como un riquísimo entramado de conexión hacia el propio Ser? Si el Yoga nos enseña que la tarea más elevada es unificar la conciencia, reconocerse como la Unidad misma, todo puente que se tienda para expandir la noción del Sí Mismo, sería como la música, un recurso grato y noble al mismo tiempo.
Como puentes musicales que encontramos en ese lenguaje que es como la mitología misma, una máquina insustancial que trasciende el tiempo y el espacio. El Puente que tendió Gustavo Cerati nos habla precisamente del amor como un vínculo sagrado que puede trascender las limitantes de la mente encerrada en las percepciones condicionadas a las leyes de una tercera dimensión. Su canción es un pasaje que se eleva para trascender la materia y desplazarse multidimensionalmente: “desordené átomos tuyos para hacerte aparecer (…) cruza el amor, cruza el amor por el puente… usa el amor, usa el amor como un puente.”
Según Martín Carrizo (productor) y Fernando Nalé (bajista), ambos piezas clave en el armazón del álbum Bocanada, Cerati compuso Puente en base a la canción “4:35 in the Morning” de Saint Etienne. Y al escucharla, se percibe ahí ese beat que fluye con la guitarra hacia adelante. Por otra parte es coincidencia que Puente tenga una duración muy cercana a los 4 minutos y 35 segundos?
Un poco cansado del lastre del “gracias totales”, reiterado hasta el desgaste y apegado al pasado con Soda Stereo, en su naciente etapa como solista, Cerati quiso darle la vuelta para agradecer al futuro, al porvenir. Quiso así tenderse a sí mismo un puente hacia el futuro, desde el cual también pudiera agradecer, por lo luminoso (tan luminoso como el estallido del alma) que imaginaba lo que habría de venir. Lo refirió así en entrevista: “Me acuerdo del juego de sintaxis. “Gracias por venir, por venir y el porvenir”. “Y Puente es pura imaginación, en realidad”.
Grandiosa invención es la imaginación, pues cuando puede navegar el tiempo y usar el amor como un puente desde el cual poder agradecer al futuro, traspasa todo límite físico y limitante en nuestra capacidad e intento por abarcarlo todo. Puente es como una bendición al futuro, ubicándose al mismo tiempo en cada lado de la estructura de conexión, creando el mejor presente y el mejor destino posibles.
Así como el Puente de Cerati puede funcionar como una máquina del tiempo y el espacio, los puentes también cumplen la función de elevarse para sobrepasar un flujo indeseado, bien sea porque no se quiere alterar su curso, o porque no resulta apto para el propósito del camino que se está transitando.
Es así como Simon & Garfunkel construyeron un puente sobre aguas turbulentas, representando cómo el ser amado puede funcionar como la estructura aludida, para que otro pueda sortear el paso y avanzar sobre circunstancias adversas, superando así el obstáculo. La simpleza de la orquestación (solo voz y piano), es suficiente para crear la atmósfera emotiva con la cual se despliega este puente sonoro.
“Cuando la oscuridad llegue y el dolor esté alrededor, como un puente sobre aguas turbulentas yo me tenderé. Como un puente sobre aguas turbulentas yo me tenderé. Navega, niña de plata, ha llegado tu momento de brillar, todos tus sueños están en camino, mira cómo brillan.”
Recomendamos también las versiones del clásico de Simon & Garfunkel interpretadas por Elvis Presley y Aretha Franklin.
Fuentes consultadas:
Sacks, O. (2009). Musicofilia. Relatos de la Música y el Cerebro. Editorial Anagrama.


Quisiera recomendar oír y destacar a la banda musical chilena “la ley” tienen un mensaje bonito y de conciencia con respecto a la conducta humana y espiritual.