En la diversidad de interacciones que experimentamos como individuos o en colectivo, subyacen aspectos determinantes para configurar las dinámicas de estos intercambios humanos, y dotarlos de cualidades que potencien y sustenten diversos tipos relaciones según el entorno donde se gestan.
Dentro de estos se destacan valores esenciales como conectores o sostenedores con los cuales estas relaciones humanas se estructuran y pueden perdurar, crecer y desarrollarse; propiciando logros y moviendo emocionalmente a los involucrados para proyectar o concebir duración en los vínculos.
Un sentimiento asociado a la seguridad que se tiene del sí mismo, así como de una persona y su comportamiento es el engranaje de la confianza, considerada como un súper valor humano que sostiene, posibilita, habilita y propicia, círculos virtuosos de intercambio entre personas y grupos que comparten propósitos.
La confianza es entendida como una actitud referida a un futuro que aun no llega, pero en el cual se presume el comportamiento de otros o el propio en perspectiva de garantía acerca de lo que vendrá y no podemos controlar; más sí en cierta medida, prever.
Es tan importante que se le considera el fundamento de todas las relaciones humanas, y en los años recientes es una dimensión medida y evaluada por diversas plataformas que han diseñado herramientas que aproximan una estimación al grado o nivel en el que la confianza está presente, evidenciando que entre menor nivel de confianza existe se aumentan otros riesgos que inciden en aspectos sociales, económicos y culturales.
Cuando se han construido relaciones familiares, laborales, institucionales y sociales sobre la base de este valor; y suceden situaciones que lo deterioran, surgen emociones que expresan la perplejidad con la que nos deja aquello inesperado e imprevisto por parte de aquellos en quien se ha depositado la credibilidad sobre sus acciones, asumiendo que la reciprocidad estará siempre presente, pero encontrándonos con sorpresas que nos dejan con sabor amargo.
El nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez, nos acerca una máxima que aporta a esta reflexión que hoy hacemos con la frase en la cual afirma: “Siempre habrá gente que te lastime así que lo que tienes que hacer es seguir confiando y solo ser más cuidadoso en quien confías dos veces”, otorgando sentido de realidad en el hecho de reconocer que podrán suceder situaciones que amenacen la confianza, pero no hay que dejar de confiar sino aprender a gestionarse para no exponerse.
Aunque se deterioren vínculos porque se afecta la credibilidad y la certeza en los demás, es importante estar abiertos y atentos al otro y sus actitudes, ya que mientras se esté en la vida, valdrá siempre la pena conceder segundas oportunidades, eso sí, desprovistos de mentiras y falsas expectativas, de forma que la verdad que somos y nuestro autoconocimiento alumbren las decisiones tomadas para no perdernos en la pretensión oculta propia o de otros.

