La confluencia de dos o más corrientes en un nuevo cuerpo que fluye con una fuerza que es más que la suma de sus partes, es un fenómeno inevitable en estos planos, en donde la música, y quienes la portan adheridas a su ADN, son partícipes de cruces, encuentros y sincronismos que producen una fuerza que puede perdurar por siglos.
Por ejemplo, aunque la relación maestro-alumno fue complicada entre Haydn y Beethoven, debido a diferencias de carácter y enfoque, el joven Ludwig adquirió de su maestro un profundo conocimiento de la forma sonata, el desarrollo temático y las estructuras sinfónicas que luego transformaría en su obra.
Por otra parte, el talento musical de Bryan May, no habría encontrado la reacción alquímica sin el genio de Freddy Mercury, quien entre otras cosas fue quien propuso cambiar el nombre original de la banda Smile, al majestuoso Queen. Años más tarde, en una entrevista, May recordó que, al principio, el nombre le parecía un poco ridículo, pero con el tiempo, se convirtió en un símbolo de la ambición y el éxito de la banda. «El nombre Queen era exactamente lo que necesitábamos para ser la banda más grande del mundo, y Freddy ya tenía claro cómo lograrlo».
Por su parte, la vida de Gonzalo Rubalcaba, el gran pianista de origen cubano, se cruzó un día inesperado con Dizzy Gillespie, uno de los más grandes astros del jazz. En ese entonces, Rubalcaba era un joven de 17 años que comenzaba a ganar reconocimiento en el circuito musical de la isla. Según contó en entrevista el propio Rubalcaba, Gillespie acababa de llegar a La Habana y fue llevado al Parisien para disfrutar de algo de comida mientras escuchaba música cubana.
En ese instante, “Gonzalito” se encontraba tocando en el escenario, cuando de repente, vio al legendario trompetista acercarse hacia él, quien, con la ayuda de un traductor, le dijo: «Hola, soy Dizzy Gillespie y me gustaría que tocaras conmigo en el concierto que voy a dar. Pásate mañana por mi habitación y hablamos del asunto», añadió. A partir de ahí, la historia abarca una trayectoria internacional de gran calado, como compositor, con proyectos propios y en compañía de gigantes del jazz en el mundo.
Por otro lado, la historia del encuentro entre Ravi Shankar y Philip Glass, resulta fascinante desde el punto de vista de la implosión que derivó en su forma de concebir la música. En este fragmento de entrevista, el mismo Glass narra la forma en que esto sucedió:
“Conocer a Ravi fue pura suerte. Buscaban a alguien que hablara inglés y francés y pudiera escribir música, y dijo: “Oh, tengo este amigo. Él puede hacer eso «. Y me llamaron, y no tenía ni idea … tienes que recordar, esto es antes de que los Beatles conocieran a Ravi, así que era bastante desconocido en Occidente. Y esta música hubiera sido muy exótica, en ese momento. Lo cual, ahora, no parece nada exótico. Pero en los años 60, esta fue la primera vez que se escuchó este tipo de música. Al menos en Occidente.»
“Por supuesto, es una tradición muy grande en Oriente. Así que fui a conocer a Ravi. En ese momento, creo que él tenía unos 45 años y yo unos 25. Fue una situación muy intensa, ya que debía resolver el problema de transcribir la música de una manera que los músicos occidentales pudieran entenderla, pero que al mismo tiempo reflejara los matices rítmicos reales de lo que estaba escribiendo.»
“Fue un gran problema, porque nadie lo había pensado realmente. Nunca había escuchado música india antes, en ese momento, y muy pocas personas en Occidente realmente la conocían de una manera completa. Entonces, básicamente, lo que tenía que hacer era: escuchar la música y transcribirla. Y la dificultad fue conseguir el énfasis rítmico en las notas correctas.»
“Lo escribía, lo reproducían los músicos occidentales y Alla Rakha, que era el percusionista, el intérprete de tabla, decía: No, no, no, no, no, no. Y lo escribía una y otra vez, y seguían diciendo: No, no, no. Finalmente hice algo notable e intuitivo: tomé la música que había escrito y borré todas las líneas de compás. De repente, vi algo que no había visto antes, vi los patrones, los cuales sobrepasaban las líneas de compás. Cuando quité las líneas del compás, vi el fluir del ritmo que no había visto antes. En realidad, esto fue solo suerte, de cierta manera”.
Podrían verse estos encuentros como meras casualidades, golpes de suerte o eventos inexplicables. Sin embargo, más allá de lo fenomenológico de cada uno, el atributo capaz de catalizar el encuentro de estas fuerzas pareciera estar implícito en el hecho de la entrega, el trabajo y la valoración de aquello encontrado. En nuestras vidas nos cruzamos unos y otros, incluso con quien podría ser un gran maestro, pero ¿qué tanto estamos dispuestos para atender estos sincronismos?
Fuentes consultadas:
https://www.redbullmusicacademy.com/lectures/philip-glass-lecture García Martínez, C. (2015). Gonzalo Rubalcaba: La Realidad Cubana es la Misma. El País. https://elpais.com/ccaa/2015/06/24/madrid/1435178571_593473.html

