La música ha ocupado espacios-tiempos muy importantes a lo largo de mi vida, y así lo ratifica la mirada hacia atrás que hago hoy día para establecer un balance, y en efecto, hallo que su presencia ha sido determinante, y orientadora en muchos sentidos.
En mi juventud llegó a ser todo un estilo de vida, una forma de darle sentido a todo. Era un medio que me permitía sentirme vivo. Los artistas marcaban tendencias, y lo que decían casi que definían un credo. El cómo se vestían también alteraba la moda, y sus letras eran acertijos. Nos hacían imaginar significados a eventos personales, políticos y cotidianos.
Recuerdo claramente haberme adoctrinado a ciertos sonidos y estilos musicales y haber llegado a descalificar a otros. Lo que yo había decidido escuchar era lo que tenía valía, y el resto era música sin importancia, sin trascendencia. Así pasé muchos años de mi vida y creo que eso de alguna manera me encasilló y me alejó de “escuchar” mucha buena música.
Del 2 al 7 de Mayo me embarqué en un crucero, llamado: “CRUISE TO THE EDGE” – CRUCERO HACIA EL FILO – LÍMITE.
El crucero se realiza de manera anual y consiste en 5 días de conciertos que se dan desde las 11 de la mañana hasta las 23 hrs. Durante esas 12 horas se puede llegar a presenciar más de una decena de funciones que emergen en los diversos espacios que se acondicionaron a lo largo del inmenso barco. Aquí se dieron cita más de 40 artistas representativos del Rock Progresivo con la presencia de un par de artistas, invitados especiales.
Dentro de la cartelera estaban anunciados: Alan Parson, Moody Blues, Marillion, Saga, Transatlantic, Flower Kings, Pattern Seeking Animals, Haken, Riverside, Pain of Salvation, Zappa Band, Adrian Belew, Wishbone Ash, Martin Barre y muchos más. Dentro de los invitados especiales estaban: aldi miola y al stewart.
Debo manifestar que pude apreciar 35 conciertos durante los 5 días, lo que hizo de la experiencia una maratón de música muy gratificante. Lo curioso del evento es que todo el derroche exuberante de música no me cansó. Más bien me generó una serie de cuestionamientos y realizaciones.
La ilusión de ver en vivo a Alan Parson, Marillion,
Transatlantic y Riverside eran fantasías que imagine
por mucho años. Me generaba mucha curiosidad
y hasta cierto punto, una inquietante ansiedad.
La ilusión de ver en vivo a Alan Parson, Marillion, Transatlantic y Riverside eran fantasías que imagine por mucho años. Me generaba mucha curiosidad y hasta cierto punto, una inquietante ansiedad. Mentalmente, desde hace años, construí un intenso deseo de ver a estos artistas en vivo. Creía que esa sería la concreción máxima para disfrutar su música, con absoluta plenitud.
El concierto de Alan Parson, por ejemplo, me generó un portal entre mi yo joven y mi yo presente. Me desdoblé completamente y me transporté a una vereda del barrio donde crecí. Me vi con los audífonos que salían de un “walkman”. Me pude observar y conectar, sintiendo en paralelo, lo que esa música me estaba produciendo en ese momento. Era lo mismo que sentía ese yo joven, una conexión en donde la música no había envejecido pero yo, ya no era el mismo.
El concierto de la banda Marillion, fue en cambio como el cuento del flautista de Hamelín. Entre en un estado de hipnosis musical que detuvo el tiempo, el cantante con el micrófono a son de barita mágica, nos hechizó. Se creó una cápsula de tiempo, que combinaba el canto, el sonido de los instrumentos y cientos de luces de colores. Divagué en ese espacio de sonidos envolventes y me quedé inmovilizado. Para cuando desperté del hechizo ya habían transcurrido 90 minutos.
Y así cada concierto tuvo efectos muy particulares. Cada banda y artista, se conectaba al espacio sideral y accedía a las notas musicales y las interpretaba con gran maestría. Quienes escuchábamos éramos transportados por una serie de lugares llenos sensaciones y recuerdos.
16 DÍAS DESPUÉS
Después de varios días de la experiencia fónica, me invadieron varias sensaciones. La primera fue la de un vacío total. Era como que algo dentro de mí ya no estaba, sin embargo, en el fondo me estaba generando alivio, una suerte de alegría. Luego de una larga meditación, me llegó el entendimiento de que toda la experiencia musical y la vivencia con los músicos ahí en vivo, efectivamente, elevaba a uno a una dimensión diferente.
El haberlos visto cambió mucho en mí.
Pude reconocer que en mi interior había experimentado
un proceso de desmitificación. Entendí que lo que
había construido mentalmente sobre
los músicos era una irrealidad.
El haberlos visto cambió mucho en mí. Pude reconocer que en mi interior había experimentado un proceso de desmitificación. Entendí que lo que había construido mentalmente sobre los músicos era una irrealidad. La mayoría eran seres que existían con sus egos bien desarrollados. La relevancia de los artistas ya no era importante; lo único que tenía sentido era su creación musical.
Debo confesar que me invadió una fuerte sensación de temor, que de alguna manera me inmovilizó. Luego, de observarlo por varios días, me percaté de que dentro de toda esta vivencia, reconocí que he sido un adicto al placer que la música me genera y a los artistas que la producen.
Observé, igualmente, que habían asuntos que sanar conmigo. En primera instancia tenía que liberarme del apego a esa adicción, y absolver a mi yo joven de las añoranzas. Acepté que ya no es necesario acarrear ningún sentimiento que me ate a lo construido en mi adolescencia, y posterior. La música tenía que vivir en mí por lo que es y debe ser escuchada en absoluta libertad.
Hoy siento una paz interna inexplicable, el CD player está en pausa y la abstinencia de sonidos ha sido bien llevada. Espero volver a escuchar música y, para ese entonces, veamos qué sorpresas o descubrimientos me esperan.
Me quedo con el sonido que contiene a todos, el más relevante, el que no tiene fin, el que realmente y por encima de todo, siempre me conecta.
OM
Playlist:








FOTOS: PHILIP CALDERÓN


Excelente nota: en mi juventud sonaba fuerte el rock y en eso utilizaba el ritmo de mi batería, a medida de que pasó el tiempo el jazz, que aun hoy lo disfruto, y la música clásica sin dejar de lado muchos temas de autores que realizan verdadera «música» ; aunque debo reconocer que los ritmos comerciales de ahora dejan mucho que desear. Una buena música nos transporta a otros planos, nos trae recuerdos y nos permite aunque sea por unos momentos de esta agitada y alocada vida que llevamos actualmente. Viva y vivan la música. Saludos.
Muy buena reflexión. A mi me sucede que la música de mi juventud me transporta a ese pasado que a veces me deja nostalgia; así que solo la escucho un momento, rememoro historias y las dejo ir. No vuelvo atrás escucho otras melodías recientes del presente y me gusta ,la sensación es agradable.
Wooooo interesante reflexion. Me veo reflejada en tu experiencia pero con el soccer (futbol)
Gracias por compartirla 🙂