El universo está compuesto de partículas que se encuentran en un movimiento constante. Todas se trasladan de un lugar a otro a través de un inmenso espectro de frecuencias, dejando una estela de vibraciones que conforman todo lo que se manifiesta a nuestros sentidos: desde lo que sostenemos en nuestras manos en este momento, al cielo estrellado que nos cautiva al verlo, hasta aquello que percibimos pero no vemos. La energía se expresa en frecuencias energéticas -ya sea en ondas o en partículas- que se organizan agrupándose en formas únicas y se sostienen alineadas al nivel vibratorio con que fueron intencionadas.
En el plano humano, van primero de la intención individual y expandiéndose conforme se suman más y más individuos, pudiendo llegar a formar un grupo tan grande en el que la intención se convierte en una creencia. De lo micro a lo macro, y de lo macro, la energía impregnada puede regresar e influenciar lo micro.
En un plano cósmico sucede lo mismo, y hay ocasiones en las que los cuerpos celestes por sus propios movimientos, se alinean de manera que pueden favorecer u obstaculizar el crecimiento y desarrollo de nuestras almas. Todas las culturas han partido de su observación de la bóveda celeste, a partir del cual han cultivado su conocimiento, y aunque existen variaciones en sus calendarios y no siempre coinciden en las fechas unas con otras, todas cuentan con fechas auspiciosas que propician el trabajo espiritual y que, al paso del tiempo, se convirtieron en las festividades y días tradicionales de cada pueblo.
Las festividades son un recordatorio de las bendiciones divinas y de la importancia de cada ser humano a estar en armonía y sintonía con estas fuerzas cósmicas. Este concepto, en esencia, se replica sin importar el camino espiritual o religión que se practiqué, pues la intención es siempre lograr el crecimiento como cultura y de cada practicante. Incluso fue el mismo en culturas hoy día extintas como la griega, sumeria, culturas precolombinas y muchas más.
Entonces, desde dónde y qué es lo que celebramos en nuestras festividades. Por qué si hay tantas coincidencias en algunas fechas y creencias, hacemos hincapié en diferenciarlas, implícitamente asumiendo que la nuestra es más importante que la del otro. Por qué se han logrado sostener algunas y otras se han desviado de su propósito original. Cómo pasamos de la celebración de un rito de comunión divina a la mera complacencia de saciar placeres y cubrirnos de regalos.
Y la respuesta es compleja y fuerte de aceptar: por que nos hemos debilitado como raza. Hemos dejado como colectivo y como individuos, que el propósito de Paz implícito en toda comunión divina, así como entre un ser y otro, sea substituido por una caricia al ego: en la que un recordatorio a ser mejores y su invitación a vivir abrazando valores y principios de luz y amor, se vean opacados en sólo enaltecer los placeres. La experiencia de un ritual bien llevado es lo que nos da la comprensión del significado de lo que celebramos. Celebrar es importante, por supuesto. Toda celebración nos debe llevar a festejar la vida, los motivos por los que existimos, el agradecimiento a la plenitud de estar vivos. Pero no al grado de que el motivo sea embriagar los sentidos, dejando que sea el ego el que falsamente mida el amor y no el Ser quien lo absorba y a la vez lo procure.
A través de los siglos, se creó un velo ideológico entre oriente y occidente, sin una frontera geográfica existente. Velo, que hoy día poco se va desmantelando, pues tanto oriente se ha occidentalizado en sus doctrinas políticas y económicas, como occidente continúa su expansión a una comprensión más holística de la divinidad, territorio antiguamente designado a ser una visión sostenida en oriente y en culturas ya desaparecidas.
En la diversidad de filosofías, creencias y religiones que existen, hay que conocer más y nunca comparar. Como principio básico hay que respetar que para la otra persona sus festividades son tan importantes como las nuestras. Los motivos por los que cada individuo celebra son propios. El saber que cada alma tiene su camino y no esta en nosotros comparar, juzgar y mucho menos imponer otro, ayudamos a aportar a elevar los motivos de toda celebración auspiciosa a su intención original: generar paz, luz y amor. ¡Felices celebraciones!


Me encantó la lectura, muchas gracias y felicidad.
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Tema mistico y de interés profundo de quienes somos concientes de nuestra existencia humana como SERES divinos que somos