Santiago Vila | Sky Colombia
“Hay una cantidad asombrosa de música que nunca se ha escuchado. Lo que busco es eso. Esa música que está en el aire, que está lista para ser tocada en todo momento, ya sabes.”
Keith Jarret
Del latín “sin previo aviso”, la improvisación como recurso defectuoso ante la falta de preparación, ocuparía un lugar despreciable en el vocabulario humano, de no ser por el alto standard que le han impreso al vocablo, los grandes maestros del Jazz, como el arriba citado, e incomparable pianista, Keith Jarret. Incurrir así, sin previsión o a ciegas, sobre lo que se va a hacer, decir, construir o exponer, podría considerarse un atentado contra la bien valorada capacidad de planeación de una discursividad lineal y metódica.
Ahora bien, ¿cómo es posible entonces, que exista música improvisada que logre efectos tan profundamente significativos en la percepción sensorial y en la conciencia de quienes la escuchamos? ¿Se trataría acaso de una ocurrencia insustancial que por capricho o arrebato se expone en manifiesto auditivo? No pareciera ser éste el caso cuando experimentamos las hermosas proyecciones sonoras que se cuelan en los poros de nuestro aparato más sensible. El proceso de improvisar en lenguajes tan complejos como el de jazz, implica el trabajo conjunto de innumerables funciones neurológicas, en alineación con una inmensa capacidad de sentimiento, que solamente hasta hace pocos años, ha sido estudiado por la ciencia moderna, gracias a la tecnología de imágenes de resonancia magnética funcional, la cual permite analizar el funcionamiento del cerebro en tiempo real, mientras se ejecuta cualquier tipo de acción. Es así como el campo de la neurología de la música ha abierto preciosas vías de aproximación al fenómeno más íntimo y orgánico de la improvisación, delineando campos de conjunción con las elevadas posibilidades de alcance de conciencia del aparato humano-divino.
La Universidad de California realizó un estudio a 12 pianistas de Jazz con el objetivo de conocer el comportamiento de sus cerebros en momentos donde la creación surge de improviso. Este estudio sugiere que el proceso creativo podría verse como un estados de sueño en vigilia, ya que “la actividad del cerebro de los músicos muestra grandes similitudes entre el momento de improvisación y el estado REM[1]”, también llamado “sueño paradójico”.

Se observó que, durante la sesión de improvisación, la actividad cerebral presentaba cambios muy notorios, especialmente en la disminución de la activación de los centros de inhibición del cerebro, encargados de las acciones planificadas y la autocensura: funciones de vital importancia cuando debemos mantener la compostura y “seguir las reglas”, en diversas situaciones de la vida. Es la pérdida de la capacidad de re inhibición del intenso mundo emocional que inhibimos a sazón de la naturaleza de la razón y que es modulado por el lenguaje sonoro expresivo: una especia de proceso alquímico emocional musical.
La creatividad se podría definir, en términos generales, como la capacidad de producir algo novedoso y valioso en un contexto dado. Lo fascinante de la música, y paradójicamente, la dificultad para comprender sus efectos, es que su propia naturaleza, especialmente en lo que a improvisación se refiere, es precisamente esa capacidad de jugar permanentemente con los límites de lo que es correcto e incorrecto. Sería imposible definir la música en esa polaridad maniquea. De hecho, las variaciones (e incluso las violaciones) a las expectativas frente a criterios pre establecidos, son un elemento clave que se ha utilizado ampliamente como recurso creativo. Los críticos, a lo largo de la historia han vituperado (de hecho, de formas sumamente creativas), las invenciones que a la postre llegarían a ser consideradas como obras maestras. La improvisación es una forma de creatividad inmediata, sustancia viva en el jazz, desprovista de la censura de la mente racional y predecible; imaginación puesta en marcha, al servicio del alma. Así como cuando el Ser se referenció a Sí Mismo en la Conciencia de Shakti Ma: “Cuando el hombre imagina, el Universo se expande”.
Referencias:
McPherson, M., Barrett, F., Lopez-Gonzalez, M. et al. Emotional Intent Modulates The Neural Substrates Of Creativity: An fMRI Study of Emotionally Targeted Improvisation in Jazz Musicians. Sci Rep 6, 18460 (2016). https://doi.org/10.1038/srep18460
[1] Por las siglas en inglés: Rapid Eye Movement (Movimiento Ocular Rápido).


Siempre enriqueciéndonos con sus artículos! adoro leerlos. gracias de corazón!
MUCHAS GRACIAS! ME NUTRO MUCHO CON SUS ARTICULOS!
Estoy de acuerdo que la improvisación requiere una conección interna, pero también implica un conocimiento de la técnica, hasta donde he comprendido, para llegar a improvisar bien en el jazz, se estudian con anticipación y a profundidad algunos patrones fundamentalmente rítmicos. Por otro lado, es probable que no todas las improvisaciones sean valiosas, independientemente del contexto. Felicitaciones, bonito tu artículo
Gracias ?❤?