La plasticidad neuronal, esa maravillosa capacidad del cerebro para reorganizar su actividad e incluso adaptar su estructura ante los estímulos, ha demostrado ser de crucial importancia en contextos tan diversos que van desde la recuperación por lesiones, hasta cuestionados intereses por influir en la mente y la conducta. Y en lo que a la música se refiere, desempeña un papel igualmente amplio: desde el fortalecimiento de los circuitos inter hemisféricos que permiten ordenar razón y sentimiento, hasta la aparición de los fastidiosos gusanos musicales, esas melodías que persisten en la audición interna a manera de bucle, incluso cuando no está sonando.
¿Cuántas compras y cuánto consumismo se ha hecho efectivo en parte gracias a estos intrusos pegadizos en forma de jingles o comerciales?
Estimulados por abyectos fines mercantilistas, los sistemas totalitarios han investigado el poder de la música en beneficio de fines políticos y de control: la propaganda. Y cuando la imaginación proyecta visiones de alerta sobre el degradante futuro de la música en una humanidad cada vez más tecnocratizada, nos encontramos a escritores como Huxley (Un Mundo Feliz) u Orwell (1984) que ya venían advirtiéndolo desde hace más de setenta años.
Las referencias alusivas a la música en sus distópicos mundos parecen anticipar la exacerbación del placer multisensorial como una forma de manipulación colectiva, como se muestra en el siguiente extracto de la novela de Huxley, publicada en 1932, donde los protagonistas se ven envueltos por sonidos musicales creados sintéticamente, que gracias a su combinación con estímulos táctiles, olfativos y visuales del grotesco cine sensible, son conducidos al paroxismo:
“Entretanto, el órgano de perfumes exhalaba almizcle puro. Agónica, una superpaloma zureaba en la pista sonora: «¡Oh…, oooh…!». Y, vibrando a sólo treinta y dos veces por segundo, una voz más grave que el bajo africano contestaba: «¡Ah…, aaah! ¡Oh, oooh! ¡Ah…, aaah!», los labios estereoscópicos se unieron nuevamente, y una vez más las zonas erógenas faciales de los seis mil espectadores del «Alambra» se estremecieron con un placer galvánico casi intolerable. «¡Ohhh…!”.
O la versión primitiva de la IA generadora de música, imaginada por Orwell casi ocho décadas antes de su aparición en el mundo real. En su novela de 1948, 1984, el Ministerio de la Verdad tiene secciones encargadas de producir canciones sentimentales compuestas mecánicamente por un instrumento llamado «versificador”.
“Era sólo una ilusión sin esperanza
Que pasó como un día de abril,
pero aquella mirada, aquella palabra
y los ensueños que despertaron
me robaron el corazón.
Esta canción obsesionaba a Londres desde hacía muchas semanas. Era una de las producciones de una subsección del Departamento de Música con destino a los proles. La letra de estas canciones se componía sin intervención humana en absoluto, valiéndose de un instrumento llamado «versificador». Pero la mujer la cantaba con tan buen oído que el horrible sonsonete se había convertido en unos sonidos casi agradables.”
No hace falta sino ver el uso actual de la IA en la música, para darnos cuenta de que la creatividad agoniza. Warner Music Group (WMG) y la startup de música con IA Suno han firmado un acuerdo histórico de colaboración que pone fin a una demanda por infracción de derechos de autor y establece un nuevo modelo de licencia para la música generada automáticamente.
Suno utilizará los datos de audio y el catálogo con licencia de WMG para desarrollar nuevas canciones que a su vez serán distribuidas masivamente para el consumo global. Según las fuentes consultadas, Suno genera 7 millones de canciones diarias con IA, superando todo el catálogo de Spotify cada dos semanas. Mientras unos hablan de democratización de la música, nadie advierte la “avalancha de contenido basura” que está por caer.
La pérdida de creatividad en la música, así como en otras áreas del conocimiento, tiene serias implicaciones en lo que Maslow llamó el desarrollo del potencial humano. Para Abraham Maslow, la relación entre la creatividad y la autorrealización es tan estrecha que considera a la primera como una característica intrínseca de las personas que han alcanzado la plenitud humana.
Las personas creativas tienen menos miedo a lo desconocido, a lo misterioso o a lo impreciso, tienen una percepción «inocente» similar a la de los niños, lo que les permite ver lo fresco y lo concreto en lugar de limitarse a clasificar el mundo en etiquetas o estereotipos preestablecidos. Al aceptarnos a nosotros mismos, somos más espontáneos y menos controlados, permitiendo que nuestras ideas fluyan sin el filtro del miedo al ridículo. El acto creativo integra opuestos que en personas neuróticas suelen estar en conflicto, como el trabajo y el juego, el egoísmo y el altruismo, o la razón y el impulso.
¿Nos entregaremos a las condiciones creativas de un aparato no-humano para alimentar con eso nuestros circuitos internos? ¿Seremos capaces de conservar y expresar nuestra fuerza creadora para trascender las limitaciones de los miedos que nos condicionan?
Fuentes consultadas:
Huxley, A. (1932). Un Mundo Feliz. Debolsillo
Maslow, A. (1962). El Hombre Autorrealizado. Editorial Kairós
Orwell, G. (1948). 1984. Debolsillo.


Huxley y Orwell, unos genios y grandes visionarios, Maslow ideó una muy buen teoría sobre la motivación humana, lamentablemente la IA está haciendo estragos con la creatividad de muchos que la utilizan como herramienta para evitar tareas de tipo cognitivo en general además de la música
Muchas GRACIAS,todos los artículos son muy interesantes y te dejan satisfech@ al terminar de leerlos.🙏🫂
ONS! tremendo llamado de atención por lo que significa . La IA music podrá entonces sintonizar a los seres vivientes en vibraciones determinadas , a los humanos particularmente hacerlos mas zombis de lo que somos hoy en día .
Los Mantras antiguos serán nuestros peldaños de ascención , los verdaderos, los que aprendemos a recitar surgidos por las culturas milenarias .
Que la nuevas tecnologías nos agarren confesados …..
Muy buen artículo , gracias siempre