Una de las características de la humanidad, en su desarrollo evolutivo, es la capacidad de adaptabilidad, tanto a los ambientes a los cuales decide nacer como en los que decide ir. Cada una de las decisiones que se toma, necesita que se tenga, por así decirlo, una capacidad de adaptabilidad para ejecutarlas, teniendo hasta una frase coloquial “al ritmo que me toquen bailo” que, dependiendo de cómo se la vea, puede tener otras interpretaciones.
Es el término “ritmo” el que llama la atención en esto y si bien podemos entenderlo de forma intuitiva, existe toda una enseñanza detrás de ella. El ritmo es el quinto principio hermético, “Todo fluye y refluye, todo asciende y desciende; la oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación a la izquierda; el Ritmo es la compensación”1.
Desde una mirada básica y a partir de la forma en la que el Kybalion presenta el principio se podría resumir algo así; todo en el universo sigue un flujo y reflujo constante, desde los ciclos naturales hasta los patrones emocionales y sociales de los individuos y las civilizaciones. Considerando que esta comprensión cíclica, sugiere que las experiencias y los desafíos que enfrentamos son parte de un proceso continuo de aprendizaje a lo largo de múltiples vidas.
De esta forma las personas pueden adaptarse a los cambios con una perspectiva más amplia, asumiendo que las situaciones adversas mejorarán con el paso del tiempo, no solo en esta vida, sino también en futuras reencarnaciones, y que los períodos de prosperidad son parte de un ciclo infinito. Lo que podría llevarnos a otro refrán coloquial “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.
Aunque esto parecería un perpetuo ir y venir entre dos polos establecidos, y sin una posibilidad de salir, Kybalion hace referencia que el maestro hermético, logra una comprensión y por ende la capacidad para poder desarrollar la evolución de su ser, sin que el principio del ritmo lo afecte. Es necesario entender que el ritmo no puede ejercerse sin la polaridad, y lo relativo que la polaridad es. Los ritmos de la vida llevan a equilibrar las acciones y emociones, siendo importante reconocer que los extremos de la polaridad llevarían encarnaciones y por ello el primer paso es reducir las distancias entre los polos, y hacer que la experimentación se polarice al lado del amor.
Logrado esto, es necesario tener claro que las oscilaciones del ritmo son propias de plano inconsciente en donde la consciencia no se ve afectada con el ritmo, siendo entonces la única forma de salir del principio del ritmo alcanzar un estado elevado de consciencia. A esto los hermetistas lo llamaron la Ley de la Neutralización. Esto no quiere decir que el principio del ritmo se detenga, al contrario, el principio se mantiene funcionado solo que, al haber un alcanzado un estado de consciencia mayor, los efectos del ritmo en el inconsciente no son los que dirigen la vida del ser.
El llegar a experimentar la ley de la neutralización es el logro de la voluntad de un ser que venció, entre otros aspectos negadores, el temor. Polarizó su ritmo al lado del amor. Es la forma de salir de la rueda de nacimiento y muerte.
Fuente consultada
1Tres Iniciados, El Kybalion.


Cuanta sabiduría en este principio. El Kybalion debe ser nuestro aprendizaje diario. No me canso de releer y cada vez encuentro algo que me sorprende.