Rebelión posible
“Se trata de no dejarse vencer por las tentaciones cósmicas
creadas por seres que solo contemplan ejercer el poder y reorientar
la especie hacia formas que no corresponden a su naturaleza divina”.
Mataji Shaktiananda
Ver, mirar observar, entender. La vida comienza lentamente a detenerse. Los pensamientos, que parecen haber vivido en el pasado, presente y futuro, conviven hoy en un mismo espacio tiempo. La confusión interna crece y el miedo cobra sentido: “Hemos sido secuestrados”. Alguna vez generamos lástima por aquellos sujetos privados de libertad social, emocional o psíquica. Esos sentimientos, que pusimos afuera, están abatiendo nuestros días, lo que creímos estaría siempre en la acera del frente ha tocado a nuestra puerta.
Al pasar los días, aceptamos el confinamiento como una forma de vida. Intentamos adaptamos a esta circunstancia de una manera que creemos positiva y es aquí cuando podemos comenzar a generar síndromes importantes de desorden psicológico. Debemos estar atentos para detectarlos, entenderlos y trascenderlos. Todo acto de secuestro es una obscenidad. Hay tres de ellos que preocupan: los síndromes de Estocolmo, Helsinki y Lima.
Amar al secuestrador
El síndrome de Estocolmo se basa en el sentimiento de afecto que se genera hacia un agresor a través de una relación abusiva. Nace como un mecanismo de autodefensa para tratar de disminuir el sufrimiento que se inflige durante el período de cautiverio. Esta situación surge en individuos que arrastran en el inconsciente una línea de tiempo paralela, aferrada a hechos violentos y traumas que pensaban haber superado.
El pensamiento tiene la particularidad de romper la barrera del tiempo al ser capaz, en un instante, de recordar, crear y anhelar situaciones. En este momento, se pierde la perspectiva de la emoción, provocando que no se entienda que la circunstancia solo existe en el presente de la víctima y luego simplemente desaparecerá.
En estos tiempos, cuando el confinamiento es inevitable y toca a individuos con poco reconocimiento propio y mínimo trabajo espiritual, la posibilidad de comprender las circunstancias como una trasgresión a la libertad de movilidad humana, falla. Es entonces, cuando se manifiesta el síndrome de Estocolmo, una sombra que se escabulle en la fractura emocional del hombre y se apodera de él.
Entendiendo esto, y el momento emocional que se avecina, llegó la hora de preguntarnos ¿Quién es nuestro secuestrador? La respuesta parece una lista de selección simple distribuida entre culpables internos y externos; la élite dueña del mundo, los extraterrestres, los chinos, los murciélagos, las armas biológicas, los gobiernos, nuestras familias, los vecinos, nosotros mismos o quizás todas las anteriores. Sea cual sea nuestra elección estamos frente a un aislamiento provocado, un plan de conspiración que pretende suprimir al hombre de su estado de conciencia lumínico.
Pero, ¿qué significa realmente todo esto? Desde donde sea que la gestación de este plan haya venido, el fin fue aislar al hombre con la excusa de una pandemia, que ciertamente, es real y que básicamente es el medio para lograr su auto confinamiento. ¿Cuál es el siguiente paso? Aún no lo sabemos con exactitud, lo que sí es evidente es la manipulación mediática que se está elaborando, a fin de instalar en cada ser humano una porción de miedo, ansiedad y angustia, no solo, por el peligro de contagio sino por las teorías apocalípticas sobre el fin de la humanidad.
Partiendo de aquí se establecen las nuevas políticas de seguimiento, países del primer orden y organizaciones mundiales comienzan a dar pautas de supervivencia. Al parecer tenemos dos opciones: seguir las normas y vivir, o rebelarnos y descubrir qué pasa.
Es aquí cuando comenzamos a mutar de un síndrome al otro…
Obediencia al raptor
Este es un cuadro clínico, que amenaza con convertirnos en masas adscritas al adormecimiento voluntario de nuestra propia consciencia. Aquí el síndrome de Helsinki. Sumarse o sumirse a dinámicas que no son propias, sentenciando a pena de muerte, a la única arma que conocemos y tenemos para salvarnos; el libre albedrío.
Existen varias teorías sobre esta patología que va desde la equivocación del guión de una película (Duro de Matar) hasta una decantación del mismo síndrome de Estocolmo. No sabemos la verdad, pero, lo que sí es cierto, es que tiene una referencia enmarcada en las masas. Posee una línea muy delgada que estalla y se fragmenta en miles de nanoprogramas que impactan la conciencia del hombre en la sociedad y podemos confirmar esto cuando vemos, como socialmente ya hemos cambiado nuestra conducta ante una situación mundial de riesgo que ni siquiera entendemos.

El planeta se está convirtiendo en un gran campo de concentración y cada país en un gueto con sus propias reglas. El trabajo virtual ha incrementado su mercado, invadiendo nuestras vidas. Estudiamos, trabajamos, entrenamos, consultamos al médico todo desde una conexión directa en la matrix. No hay mentiras ni filtros. Nos estamos desconectando de la vida. Horas de estática frente a un confinamiento en línea será lo que finalmente nos convierta en un logaritmo humano, un código de barra que pronto sustituirán por una inteligencia artificial.
Llegado a este punto nos preguntamos ¿todo este proceso al que nos sometemos es voluntario? ¿cómo hemos llegado hasta aquí sin darnos cuenta? y la respuesta está en el último síndrome que queremos mostrarles.
El afecto del maleante
El síndrome de Lima, refiere a un estado emocional que tiene etiqueta reciente, poco estudio público, pero mucha trascendencia en la historia. Se genera con relación a un delirio afectivo que surge de un secuestrador hacia su víctima. Se basa en el cuidado sincero, amable y amoroso que el raptor o alguno de sus cómplices establece en función del cautivo.
En cuanto a las masas este tipo de secuestro se ha paseado a lo largo de la humanidad dejando huellas importantes en la historia política, religiosa y social del hombre. La esclavitud, las guerras, el socialismo, el comunismo y todas esas situaciones en las que el ser humano ha sido privado de su libertad.
Es aquí en este último eslabón donde se inicia dentro del inconsciente colectivo un loop que generará un círculo vicioso entre los síndromes. Debo amar al secuestrador para que no me lastime (Estocolmo). Todos hacen lo que mi raptor quiere (Helsinki). El captor me ama porque me otorga beneficios (Lima). Luego en una especie de justificación tácita ante la situación interna, las masas irán al inicio del escenario una y otra vez.
En un momento comenzaremos a ver cómo la libertad de consciencia se percibirá como un premio sugerido, aunque por ley Divina nos corresponda. Definitivamente en algún momento dejaremos de quererla porque tendremos más beneficios aparentes siendo oprimidos que liberados. Finalmente, se nos olvidará, que siempre fuimos libres de conciencia.
Aunque todo suena aterrador, no lo es. Deberíamos preguntarnos cuántas veces ya hemos pasado por esto. Podríamos decir que este ha sido un plan bien diseñado, pero también lo es, el hecho de que la Luz no necesita una estrategia para combatir. La luz simplemente es luz y a eso debemos apostar.
Son tiempos difíciles. Llegó la hora de la verdad interna. No podemos quedarnos atrapados en falsos pactos de salvación. Hay que mantenerse firmes y reconocidos en Luz, ganando nuestras propias batallas internas. Las esferas están y nos asisten. El libre albedrío es la consigna ante tanta oscuridad.

Yo soy un rebelde de luz, #HazteUnRebelde #FabricaLuz
Si quieres saber cómo sostenerte ante el intento de arrebato de conciencia, te dejamos este link donde encontrarás, todas las Sugerencias para seres despiertos, en tiempos de alarma y temor colectivo: https://proyectomahamrityunjaya.com/proyecto-mahamrityunjaya/

