La educación juega un papel fundamental para comprender y construir el mundo en el que vivimos. Estamos en un contexto local y global de crisis multidimensional político, alimentaria, ecológica, social de valores y cuidados. Pero, ¿qué tipo de educación queremos? A diario estamos comprobando que nuestro modelo se está volviendo insostenible, amenazando la sobrevivencia en el planeta. ¿Un modelo de educación que contribuya a aumentar las brechas de nuestra sociedad o una educación que acabe con ellas?
Lo que tenemos claro es que queremos una educación que deje huella por un mundo más digno, justo y sostenible. Toca buscar soluciones, hacernos preguntas, re-pensar nuestra forma de habitar aquí: ¿Qué modelo de sociedad estamos entonces construyendo en nuestro presente?
Para reflexionar sobre la sociedad que queremos debemos poner el foco en la educación. ¿La razón? No solo estamos ante un derecho universal, sino ante un instrumento para el cambio y el desarrollo humano integral de todas las personas. Toca preguntarnos si queremos “más de lo mismo” o ha llegado el momento de cambiar, o mejor aún, de transformar.
Más de lo mismo sería continuar con una educación individualista y competitiva que asienta las injusticias, amplía las desigualdades, profundiza la pobreza, la exclusión y agrava la crisis climática. Por el contrario, cambiar significaría defender un modelo educativo que promueva una sociedad más justa, equitativa y sostenible.
La apuesta, sin duda, está en el segundo escenario: solo una educación inclusiva sería compatible con lo que llamamos derechos humanos. Esta inclusión debería estar evidenciada en dar respuesta a lo que pueden ser las diferencias de acceso y permanencia, basadas en factores de pobreza, género, etnia, discapacidad, lengua, religión, migración, lugar de residencia o nacimiento y orientación sexual entre tantas cosas.
Hasta hoy, la educación se ha preocupado principalmente de organizar la mente objetiva del hombre y ha consistido en su mayor parte, en el entrenamiento de la memoria, la conquista de la ciencia, de las naciones, de los territorios, de sus riquezas, con su idealismo, militancia, separatismos y competitividad en los campos religioso, científico, político y económico.
Sin embargo, entendemos que la educación es algo más que el entrenamiento de la memoria y la información suministrada. La educación debiese capacitar al hombre para que desempeñe su parte en el trabajo mundial, adaptarlo a que viva más en paz y armonía, se autorrealice, sea libre y ayude a sus semejantes.
Debiese eliminar la brecha entre la mente y el corazón, alcanzar unificación y alineamiento entre el cerebro, mente y alma, (cabeza, corazón, mano) según el educador suizo, Enrique Pestalozzi, y así obtener una personalidad integrada. En consecuencia, vincular primero las partes integrantes del hombre y luego a este con su medio circundante para luego con el Todo mayor donde tiene que desempeñar su parte.
«Hasta ahora la mente solo ha podido ser
reflejada desde su naturaleza inferior a través
de los deseos, no permitiéndosele conocer
su naturaleza superior del alma…»
Hasta ahora la mente solo ha podido ser reflejada desde su naturaleza inferior a través de los deseos, no permitiéndosele conocer su naturaleza superior del alma y menos ser su agente sensible al mundo de los verdaderos valores.
Por lo tanto, el objetivo de la educación debería consistir en el entrenamiento de un mecanismo que responda a la vida del alma en este tiempo y espacio, como summun de la conciencia del Ser.
Sin embargo, hoy se está imponiendo algo totalmente opuesto, el hombre está construyendo una superestructura en la cual se pone cada vez más énfasis sobre lo tangible, lo material, lo visible y lo que puede ser comprobado, diagnosticado, analizado, y utilizado para mejorar la vida externa y su posición material dentro del planeta; hemos perdido el noble “sendero del medio”.
Tenemos entonces que culturalmente vendría a ser el acercamiento de dos caminos: el de la sensibilidad y el pensamiento y de las actitudes de la vida de relación que permitan al hombre vivir como un ser inteligente y subjetivo en un mundo físico tangible. Se debiese insistir y retomar sobre la importancia los grandes momentos de la historia humana, donde brilló la divinidad del hombre y reveló nuevas corrientes de pensamiento, nuevos proyectos humanos, cambiando para siempre el curso de los asuntos humanos.
Según los Urantianos, el Estado duradero se funda en la cultura, dominado por ideales y motivado por el servicio. El propósito de la educación debe ser la adquisición de conocimientos, la consecución de la sabiduría, la autorrealización y el logro de valores espirituales.
En el Estado ideal, este concepto de educación debiese continuar y estar presente durante toda la vida, siendo el objetivo principal ir en la búsqueda de la sabiduría para compenetrarse más intensamente con el significado de las relaciones humanas, la nobleza de los valores, los propósitos de la vida y las glorias del destino cósmico, en otras palabras, ir más allá del mero lucro en la economía, dejar de buscar tan solo el éxito, abandonar la exaltación de los egos y la formación netamente militarista.
Esta es una tarea de por vida para que los humanos podamos experimentar gradualmente los niveles de la sabiduría mortal para luego obtener la realización mental y el conocimiento de Dios.
«El ser humano lleva dentro de sí una chispa
de esta gran divinidad, conocida como Atman.
La vida tiene como propósito la autorrealización
del Atman, que conduce a su unión con el Brahman…»
Los Vedas y los Upanishads conciben, en su forma más sencilla y concisa, la presencia de una entidad única, Brahman, que es tanto el creador de la existencia como la existencia misma. El ser humano lleva dentro de sí una chispa de esta gran divinidad, conocida como Atman. La vida tiene como propósito la autorrealización del Atman, que conduce a su unión con el Brahman luego de experimentar la muerte física.
La autorrealización se logra mediante el cumplimiento el Dharma personal (el deber), de conformidad con nuestro karma (la acción correcta), para eventualmente alcanzar Moksha (la liberación) y el reconocimiento de la verdad última. De no alcanzar la autorrealización dentro del término de una vida, reencarnamos para volver a intentarlo.
Según esto, podemos concluir entonces, que una adecuada educación para el hombre tiene que ser regida por los principios de las leyes universales, apoyando a los hombres a encontrar y recorrer su camino de retorno al Ser.
Fuentes consultadas:
-Libro Urantia
-Bhagavad Guita


Excelente artículo, con mucho fundamento educativo que ojalá pudiésemos implementar en la educación del ser humano y futuras generaciones. Creo que sería el comienzo a un mañana más consciente e integral. Gracias Rita por tan hermoso artículo.
PARA EL MOMENTO ACTUAL QUE VIVIMOS EXCELENTE LECCION, MUCHAS GRACIAS
Hermoso artículo. Grandes verdades, pero nuestros ojos puestos sólo en los distractores externos no nos dejan ver. Que mundo le podemos dejar a nuestros nietos si no comenzamos ya a transformar la educación, espero no sea demasiado tarde. ONS.
Que belleza de artículo, un resumen muy bien explicado y fácil de comprender.
🔱 OM NAMAHA SHIVAYA 🔱
Olvidé decir que es un excelente resumen de la crisis humana en la que nos encontramos sumergidos. 🙂
Así se debería dirigir la educación actual, seríamos seres encontrado el verdadero ser la esencia misma dejada por el ego
Esta lesión es muy hermosa , representa una gran verdad acerca de la crisis social que hoy vive el mundo . Este artículo debería ser leído en todos los centros de educación media y secundaria
me honra tu comentario Andreina, ojalá así sea, gracias!
Sri Tagore, ao criar sua escola Shantiniketana mirou o ideal védico de educação integral, onde a busca do conhecimento significava efetivamente união com o Todo. Pois, como ali está dito: nascer um homem é um privilégio, pois permite ansiar por Deus e sua liberdade. Esse é o ideal de educação que devemos buscar e o texto singelo, invoca. Parabéns!