Bellur Krishnamachar Sundararaja Iyengar conocido como Yogacharya B.K.S. Iyengar (1918- 2014) dio a conocer el yoga por todo el mundo durante más de 75 años de estudio y práctica. Escribió libros sobre filosofía yóguica, incluyendo El Árbol del Yoga. La semilla del árbol físico está en el yoga. La raíz es yama; el tronco comparable con los principios que componen niyama; las ramas son las asanas “posturas que armonizan las funciones físicas y fisiológicas del cuerpo”. El proceso de absorción de aire de las hojas corresponde con pranayama y dharaṇa es la savia del árbol, energía que viaja hacia el interior del ser.
Por B.K.S. Iyengar
Para cultivar una planta hacemos primero un agujero en la tierra, retiramos las piedras y los hierbajos y ablandamos el suelo. Luego introducimos la semilla en el suelo cubriéndola cuidadosamente con tierra blanda para que al abrirse no la dañe el peso de la tierra. Finalmente, regamos un poco la semilla y esperamos a que germine y crezca. Después de uno o dos días, la semilla se abre en forma de brote y empieza a crecerle un tallo. Luego el tallo se divide en dos ramas y echa hojas. Crece continuamente formando un tronco y produce ramas cargadas de hojas que se abren en diversas direcciones.
“La raíz del árbol es yama, que comprende
los principios: ahiṁsā, satya, asteya,
brahmacharya y aparigraha.”
De forma similar, el árbol del sí-mismo necesita cuidados. Los sabios de la antigüedad, que experimentaron la visión del alma, descubrieron la semilla de ésta en el yoga. Dicha semilla presenta ocho segmentos, los cuales, a medida que crece el árbol, dan origen a los ocho miembros del yoga. La raíz del árbol es yama, que comprende cinco principios: ahiṁsā (no violencia), satya (amor a la verdad), asteya (hallarse libre de avaricia), brahmacharya (control del placer sensual) y aparigraha (hallarse libre de codicia y de la posesión más allá de las propias necesidades). La observancia de yama disciplina los cinco órganos de acción, a saber, los brazos, las piernas, la boca, los órganos de procreación y los órganos de excreción. Naturalmente, los órganos de acción controlan los órganos de percepción y la mente: si la intención es causar un daño, pero los órganos de acción se niegan a hacerlo, el daño no se llevará a cabo. Así pues, los yoguis comienzan por el control de los órganos de acción. Yama es por tanto la raíz del árbol del Yoga.
A continuación, viene el tronco, comparable a los principios que componen niyama. Éstos son śaucha (limpieza), santoṣa (contento), tapas (ardor), svādhyāya (estudio del sí-mismo) e Īśvara praṇidhana (entrega de uno-mismo). Estos cinco principios de niyama controlan los órganos de percepción: los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel. Del tronco del árbol surgen varias ramas. Una crece muy larga, otra de lado, otra en zigzag, otra recta, etc. Estas ramas son las asanas, las diversas posturas que armonizan las funciones físicas y fisiológicas del cuerpo con el modelo psicológico de la disciplina yóguica.
“A través del prāṇāyāma,
los sistemas respiratorio y circulatorio
son conducidos a un estado de armonía.”
De las ramas crecen las hojas, cuya interacción con el aire suministra energía a todo el árbol. Las hojas absorben el aire exterior y lo conectan con las partes internas del árbol. Se corresponden con prāṇāyāma, la ciencia de la respiración, que conecta el macrocosmos con el microcosmos y viceversa. Nótese cómo, en posición invertida, los pulmones representan un árbol. A través del prāṇāyāma, los sistemas respiratorio y circulatorio son conducidos a un estado de armonía.
El dominio de āsanas y prāṇāyāma ayuda al practicante a desligar la mente del contacto del cuerpo, lo que lo conduce automáticamente a la concentración y la meditación. Las ramas del árbol se hallan todas cubiertas por una corteza. Sin la protección de la corteza, el árbol sería carcomido por los gusanos. Esa cubierta preserva la energía que fluye dentro del árbol desde las hojas a la raíz. Así, la corteza se corresponde con pratyāhāra, el viaje de los sentidos hacia adentro desde la piel al núcleo del ser. Dhāraṇā es la savia del árbol, el jugo que transporta la energía en su viaje hacia el interior. Dhāraṇā es concentración: enfocar la atención en el núcleo del ser.
El fluido del árbol, o savia, conecta la última punta de las hojas con los extremos de la raíz. La experiencia de esta unidad del ser desde la periferia hasta el centro, donde el observador y lo observado son uno, se alcanza en la meditación. Cuando el árbol está sano y el suministro de energía es excelente, brotan de él flores. Así dhyāna, la meditación, constituye la flor del árbol del Yoga.
Finalmente, cuando la flor se transforma en fruto, éste se denomina samādhi. Al igual que la esencia del árbol se halla en el fruto, así también la esencia de la práctica del yoga está en la libertad, el equilibrio, la paz y la beatitud de samādhi, donde el cuerpo, la mente y el alma se unen y se funden con el Espíritu Universal.
Individuo y sociedad
El yoga actúa sobre cada individuo a fin de lograr su crecimiento y su avance a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Va dirigido a toda la humanidad. Ésa es la razón por la cual se le denomina sārvabhauma, o cultura universal. El yoga no acaba cuando nos hallamos en paz con nosotros mismos. Habiendo adquirido una cierta disciplina de cuerpo, mente, sentidos, inteligencia y consciencia, el yogui ha de vivir en el mundo sin verse envuelto en sus propias acciones. Es lo que se conoce por habilidad en la acción; pero ésta no significa tan sólo destreza. Dicha habilidad consiste en realizar las propias acciones sin esperar buenos o malos resultados de ellas. Las acciones del yogui no se realizan ni con vicio ni con virtud, sino con pureza y divinidad.
Se ha de lograr un enorme equilibrio entre la vida filosófica y la vida práctica. Si conseguimos aprender eso, nos convertimos en filósofos prácticos. Filosofar filosofía pura no constituye un gran logro. Los filósofos son soñadores. Nosotros, sin embargo, debemos introducir la filosofía en nuestro día a día, a fin de que la vida, con sus penas y sus alegrías, se vea informada por la filosofía. Siendo fieles a nuestra propia evolución y desarrollo, sin abandonar nuestra senda espiritual individual, ¿podemos al mismo tiempo vivir felizmente en sociedad? Eso es filosofía práctica.
El yoga apunta primeramente al crecimiento individual, pero a través del crecimiento individual la sociedad y la comunidad avanzan. Si cien personas practican yoga y se las ve sanas, entonces otros comenzarán a preguntarles qué es lo que hacen. De ese modo el número se incrementará, y pronto habrá otras cien, u otras doscientas o trescientas. Hubo un tiempo en que parecía que yo era el único que hacía este yoga con dedicación y entusiasmo, pero ¡miren ahora cuánta gente a su alrededor lo está haciendo! Así pues, del individuo va a la comunidad, y de la comunidad a la sociedad.
¿Por qué pensamos en la violencia del mundo y no pensamos en la violencia que hay dentro de nosotros mismos? Cada uno ha de ser su propio instructor, pues sin disciplina no podemos volvernos libres, ni puede haber libertad en el mundo sin disciplina. Sólo la disciplina trae consigo verdadera libertad. Si necesita mejorar su salud, ¿cree que lo conseguirá sin disciplina? La moderación es esencial en la vida. Ésa es la razón por la cual el yoga empieza con un código de conducta que cada individuo ha de desarrollar.
Fuente consultada: PDF: https://www.budismolibre.org/docs/libros_budistas/BKS_Ivengar_El_arbol_del_Yoga.pdf


Enseñanzas que valen la pena tenerlas presentes.!!! siempre. Volver a repasar es un deber y mas aun practicarlas !.
Iyengar cuenta que comenzó a practicar Yoga a los 15 años con su cuñado, el también yogui Krishnamacharya, quien lo convenció asegurándole que aprender Yoga le servirá para superar sus constantes problemas de salud. Así que estuvo cultivando este árbol por casi 80 años!!!!