Las diversas causas que motivan la movilización de la humanidad suelen adoptar referentes inspiradores para despertar el interés y activar el ánimo hacia la acción. Del dicho hay que pasar al hecho para que se gesten y concreten transformaciones, aunque no todas aporten de forma evolutiva, toda vez que los fines o propósitos justamente determinan cuanto amor o temor generan.
En el espectro de luz y oscuridad en que se mueve toda circunstancia en este planeta, se traslapan causas que son justas y altruistas, con otras oscuras y nefastas; en lo que llamaríamos los instrumentos de referencia para convocar alianzas y respaldo a dichas causas, siendo el arte uno de los ámbitos en los que se suele malinterpretar y utilizar a discreción de un colectivo, alguna pieza en esencia luminosa que quiere ser socavada.
Es el caso por ejemplo de la magnífica creación que hizo Beethoven con su Novena Sinfonía en la cual integró en el cuarto movimiento el poema Oda a la Alegría de Friedrich Shiller, consiguiendo un alcance de magnitudes inimaginables dada la esencia integradora de la obra al ser considerado un “cántico a la fraternidad universal”, a tal punto que se ha tomado como referente para movilizar tanto causas altruistas como ideologías políticas como sucedió en la segunda guerra mundial por el nacionalismo alemán.
Este tipo de dinámicas podrían leerse a través de premisas como la que hace Martin Heidegger al plantear de forma tan acertada que «Las Artes se convierten en instrumentos de información, manipulados y manipuladores. Por culpa de los medios de comunicación y del pensamiento hegemónico, incluso las disciplinas artísticas tienden a homogeneizar y uniformar sus formas y contenidos».
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El origen del artista no debería ser asumido en sentido patriótico,
sectario, gregario, para apropiarse de su obra que es su voz,
su expresión más pura, y con eso manipular comportamiento a favor
de ideologías que se sostienen por el miedo.
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Exponiendo una crítica al riesgo de que poderes hegemónicos instrumentalicen el arte consumada o por emerger, condicionando el potencial creativo que tanto ha servido como canal de conexión para acercarle al hombre valiosa información para su evolución.
El origen del artista no debería ser asumido en sentido patriótico, sectario, gregario, para apropiarse de su obra que es su voz, su expresión más pura, y con eso manipular comportamiento a favor de ideologías que se sostienen por el miedo. A no ser que de forma deliberada la obra del artista esté claramente ofrecida por él hacia alguna causa, eso ya es distinto y el asumirá lo que esto conlleva.
Para esta reflexión el propósito está en considerar el potencial transformador del arte no solo a nivel social sino también espiritual, para darnos cuenta del poder que tienen estas expresiones de seres sensibles; las cuales logran tocarnos fibras, despertar emociones, producir sentimientos e inspirar el autoconocimiento como individuos y como humanidad.
Deberíamos apreciar con mayor conciencia el arte de artistas despiertos que se han rendido ante verdades puras y han sido conducto de sabiduría y luz para estos mundos.
Foto:https://www.diaridebarcelona.cat/


gracias Catalina x ese acercamiento al arte. y de éste mensaje me surge la inquietud al qué artista está despierto y cuál arte actual nos muestra la verdad pura?