Es recurrente la metáfora del humano como una plaga; un animal que no ha sabido ser simbiótico con su entorno, devolver lo que tan hermosamente este planeta le ha brindado de una forma limpia y sostenible. Ejemplos hay miles, las cifras las hemos escuchado y son angustiantes. Imágenes del océano y sus islas de desechos, los estómagos contaminados de las tortugas y ballenas, la polución de las fábricas en zonas de producción de países industrializados, aves muertas por ácido, especies en extinción, entre otras…. son quizás escenas que auguran que las únicas sobrevivientes un día serán las cucarachas.
No por ser dramáticos adrede, sino por denunciar otra realidad acaso inadvertida, encontramos que las islas de desechos ya no se ven solo en los océanos. Si nuestra vista alcanzara veríamos que al planeta lo rodea una “nube” de basura también, producto de los satélites en desuso, choques entre artefactos orbitales y chatarra que desde la década de los 50 se ha venido acumulando en la atmósfera y que de hecho hoy en día ya es una preocupación para varios gobiernos a nivel mundial y la NASA misma. Puntualmente esto sucede desde 1957, cuando los rusos enviaron a Sputnik, el primer satélite artificial de la historia.
Se trata de depósitos de combustible y partes de cohetes y satélites averiados o que se han estrellado. Se calcula que de estos millones de piezas flotantes en órbita cualquiera que sea de más de 10 centímetros de largo es una amenaza igual a la de un cohete, pues al viajar a una velocidad de hasta 25.000 kilómetros por hora en el espacio son equivalentes al impacto de una bala o un misil, dependiendo de su tamaño. Esto para un satélite funcional, o incluso para la base espacial internacional, resulta un alto riesgo, pues una colisión lo suficientemente fuerte podría implicar un impacto fatal y por ende una pérdida importante. En ese sentido este fenómeno del basurero que nos orbita se ha convertido en un problema desde la lente de la comunidad internacional interesada en los satélites y en explorar el espacio exterior, no solo la NASA sino también compañías multinacionales como por ejemplo SpaceX, Amazon o OneWeb.
Recientemente la Agencia Espacial Europea anunció la firma de un contrato para limpiar el espacio, una tarea que no será como recoger la basura con un camión, puerta a puerta, pero sí será el primer programa de desorbitación de basura espacial en el mundo. Limpiar el espacio resulta entonces una de esas nuevas preocupaciones que trajo el mundo posmoderno, una nueva tarea pendiente en la lista de ajuste en conciencia que debemos realizar y que cargamos como humanidad.
“El problema”, resalta Miquel Sureda, profesor de Ingeniería Aeroespacial de la Universitat Politècnica Catalunya, “es que hay diferentes tipos de catálogos y no son muy transparentes. Hay datos que no se comparten porque el espacio está lleno de objetos que nadie dice que están, como los satélites espía. Por eso es que se estima que hay millones de objetos no controlados”.
Y aquí, como cita Noelia Sánchez-Ortiz, la directora de seguridad espacial de Deimos, una de las empresas especializadas en localizar y analizar la basura espacial, “si el objeto es grande, como puede ser el caso de Ingenio, podría convertirse en una nube de miles de fragmentos que aumente el riesgo de colisión de todos y del denominado síndrome de Kessler de manera que una cascada de colisiones pueda saturar el espacio y limitar la posibilidad de hacer uso de él como hasta ahora. Se pretende evitar manteniendo vigilados los objetos espaciales”.
Y hay mucho más por saber al respecto. Hay carreras entre multinacionales interesadas en lanzar decenas de miles de satélites adicionales, como por ejemplo Starlink y el proyecto SpaceX de Elon Musk que se propone dotar al globo entero de WiFi a partir de satélites potentes. Son vertiginosas las cifras y muy incierto el panorama del futuro de dicho sector de la política/economía internacional que este fenómeno representa.
Lo que sí es claro es que la contaminación la hemos llevado a niveles, literalmente, exorbitantes, y ya es hora de ampliar la conciencia respecto al problema causado para proponer soluciones. No sólo por el futuro financiero de estos proyectos multimillonarios, sino también para aprender a sostener conscientemente nuestra estadía en este planeta perfecto que nos ha sido dado para evolucionar y trascender nuestra propia ignorancia.
Fuentes consultadas: https://stories.lavanguardia.com/ciencia/20201202/30070/la-basura-espacial https://www.youtube.com/watch?v=95zhYOEEwLY&ab_channel=DocumentalesdeRT

