Sw Dayananda | SKY Venezuela
Identidad es el conjunto de los rasgos propios de un individuo o de una comunidad. Estos rasgos caracterizan al sujeto o a la colectividad frente a los demás. Esto es lo que nos proporciona la linterna que nos facilita el andar en el camino de la interacción social en los espacios públicos que nos permiten desarrollar una conducta cívica en el marco de los encuentros.
Los espacios públicos han sido los escenarios centrales en el desarrollo de comunidades y civilizaciones enteras. Son los lugares en los que quedan las huellas que han marcado cambios en la historia de esta humanidad. Es el lugar que nos ha permitido expresarnos, desplazarnos, encontrarnos y referirnos con el otro. Una de las formas más puras que sostienen las comunidades ancestrales están relacionadas con la percepción del hombre habitante del este planeta, referido en la identidad colectiva de su comunidad, por lo que no solo podríamos enfocarlo al espacio físico, sino a ese espacio que lo define la energía que crea el individuo en su interacción con el otro.
Sin embargo, tenemos espacios que empezaron a ser deliberadamente anulados con la aparición de la tecnología creando un efecto de ensimismamiento y aislamiento en todos sus usuarios, y los espacios públicos empezaron a ser desplazados por estas nuevas tecnologías que permiten una forma de contacto colectivo, pero a su vez aislado.
Una de las intervenciones más feroces en estos tiempos, ha sido el efecto hipnotizador que producen las nuevas formas de comunicación que ofrecen las nuevas tecnologías (redes sociales) en todas sus formas. El hombre se ha visto expuesto en forma desmedida al mostrarse ante ese colectivo en posturas felices, aparentemente prósperas y determinadas.
La despersonalización en este tipo de manifestación nos muestra la separación en la percepción del individuo consigo mismo. Un ejemplo impresionante lo podemos señalar en lo que las personas se empeñan en mostrar en las redes sociales, es una necesidad ajena de que los demás observen la felicidad desbordante del otro, aunque no sea real y termina el propio individuo siendo un observador externo de sí mismo.
Es aquí donde evidenciamos la terrible transformación o anulación del espacio público. No hay desarrollo de la vida pública, que es muy necesario para la interacción social y la convivencia ciudadana.
El impacto del internet como plataforma virtual ha sido devorador por el efecto que ha tenido la inmediatez que ofrece en la interacción social actual, prácticamente es posible accesar en forma inmediata, a lo que está ocurriendo en otra inmediación y esa es una forma de irrumpir en el desarrollo social de una cultura. Por ejemplo, ahora es más importante filmar una pelea por el celular que esté ocurriendo en el momento y publicarla en las redes sociales, que detenerla.
El proceso de la interacción social entre el individuo y su medio, se da en el marco de valores culturales como referencia y la respuesta se obtiene desde los códigos de comportamiento que se conectan con esos valores culturales. Es en este punto es donde podríamos estar experimentando un declive social sin precedentes, dado que la respuesta comportamental de las personas ante los eventos que se suscitan apunta a salir de lo esperado y se hace cada vez más evidente la invalidación del espacio social para el quehacer ciudadano.
¿Qué tipo de hombre o mujer está naciendo en esta sociedad sin espacios públicos?
Es aquí cuando hace presencia ese sujeto despersonalizado, que lamentablemente no es aquel que es consecuencia de un trabajo espiritual profundo de entrega, conciencia y renuncia a las ataduras programáticas de la matrix.
Estamos en presencia de un sujeto que no conecta, pero que desde esa forma de interacción cibernética se hace prisionero, se identifica, cree que se comunica y genera tejido social desde unas posturas ajenas dictaminadas por la aprobación condicionando así su acción como ser social.
Entonces estamos no solo ante la negación de los espacios públicos sino también del ser social que define en su convivencia formas de ciudadanía, para pasar a una convivencia cibernética, aislada, ensimismada, encriptada en atemporalidades que se revisten de realidad y se experimenta una pérdida de acción social inmediata.
Este sujeto despersonalizado se percibe ajeno, ya que no logra entronizar la realidad social y queda atrapado en la realidad cibernética que ofrecen las redes sociales.
En estos tiempos de pandemia y bajo el manto del control social para prevenir el contagio, el confinamiento ha sido una condición necesaria para la instalación de estas formas no solo de comunicarnos sino también de relacionarnos, bajo la estructura de esa pantalla fría, distante y asocial.
Desde esta perspectiva decretada esta la muerte del sujeto social. El aislamiento se ha ido convirtiendo en una condición que pareciera natural, y para completar con mascarillas en las que no hay referencia de rostros y las miradas quedan a disposición, si es que es muy necesario el contacto que muchas veces queda en lo visual. Es como si nuestras mentes se conectan desde la anulación del otro.
¿Qué tipo de actos podemos esperar de un sujeto asocial y a su vez hacer comprensible la realidad contemporánea?
La globalización de las formas cibernéticas de comunicación y relación han ido generando una población superflua, fuera del sistema social, atrapada en una realidad virtual que no consigue asidero en su entorno inmediato. Es muy irónico observar mesas de restaurantes con personas que están juntas, pero no se miran, solo atienden el celular y se comunican desde allí.
La pérdida de espontaneidad y de determinación interna no solo ha restado sino también ha anulado la capacidad del sujeto social de enmarcar su acción en el futuro inmediato. Se ha ido matizando y revelando un colectivo frío, distante, calculador, ajeno, desconectado de situaciones y procesos que conectan con su humanidad.
La tendencia es homogeneizar el planeta, el control apunta desde la Inteligencia artificial, la muerte de lo humano viene en camino, ante una contemporaneidad asocial se vislumbra el dictamen de las máquinas, la negación de la conexión de amor, para que ninguna alma se exprese y pueda decidir el retorno a la fuente.
Estamos ante la decadencia de un sistema controlador, que planifica por medio de la tiranía establecer más control y para eso necesita sujetos asociales que operen desde la desconfianza, el temor y su negación en el otro, ya que esto le permitiría arrancar en este nuevo orden, desde un nivel de unicidad sin un tejido social y bajo una sistematicidad en donde la existencia estaría encadenada a la globalidad de los mandatos de las formas cibernéticas o la Inteligencia artificial.


Muy buena reflexión de su comentario ningún ser de este mundo se a dado cuenta del mal y caos en que nos llevan las redes sociales ,como dice ,nos hipnotizaron con esos juguetes ,y todos contentos
Leyendo este artículo y trayendo a mi memoria la conferencia de la caída de ADN fótonico presentada por la escuela a inicios de la pandemia se queda uno como abrumado ante el impacto tan profundo a través de la intervención con este virus.
Me surge una pregunta. Como revelarse manteniendo el resguardo consciente y recuperar los espacios de interacción física y nutritiva con la naturaleza, la familia y los amigos?