Ignacio Loyola Rodríguez, músico cubano considerado uno de los arquitectos del Son, nació el 30 de agosto de 1911 en Güira de Macurijes, Matanzas, bisnieto de un esclavo congolés que transmitió las tradiciones ancestrales a sus hijos y nietos. Perdió la vista por una patada de caballo que recibió en la cabeza.
Aprendió a tocar el tres, la conga, la guitarra y el bajo con un carpintero que construía instrumentos musicales. Tocaba en las fiestas y bembés y se hizo conocido como “el ciego maravilloso”. Se inició con el Sexteto Habanero donde también tocaba maracas y tambor quinto.
Ya componía y cuando formó el Sexteto Boston, interpretaba temas propios, sones, guarachas y boleros. Pasó luego por el Septeto Bellemar y en 1941 conformó una nueva agrupación con la intención de dar vida a nuevos sonidos integrando el piano, otra trompeta y la conga. Tenía mucha competencia en esos años, pero cuando presentó las nuevas formas del género, el Son Montuno, despegó su popularidad.
Creó un estilo distinto de ejecutar el tres, enriquecido con las armonías desarrolladas junto al piano, con arpegios y “tumbaos” originales, y la trompeta, basada en las escalas del swing, improvisa a la cubana. Estas innnovaciones impulsaron la evolución del género, sentando las bases de la popular “salsa”. Compuso unas 200 canciones, cuyas letras surgían de las interacciones personales, las experiencias sensoriales, el humor y el doble sentido. Sus mejores composiciones las realizó en Cuba.
Con intención de curar la ceguera, en 1954 se va a EEUU, pero no había nada que hacer. Decepcionado, compuso “La vida es un sueño”. Otras de sus populares piezas son “Bruca maniguá”, “Mami, me gustó” y “Fuego en el 23”.
Falleció en Los Ángeles el 31 de diciembre de 1970.

