En cierta ocasión un discípulo le comentó a Sri Ramana Maharshi, a modo de pregunta, que J. Krishnamurti había dicho que, “ningún gurú es necesario”, a lo que respondió: “¿Cómo lo ha sabido? Uno puede decir eso después de realizar al Ser, pero no antes”. Con esta respuesta Sri Ramana disipa la ilusión egoica de quienes utilizan la opinión de Krisnamurti para renegar de la indiscutible necesidad del Gurú en el sendero de la autorrealización.
Para entender por qué Krishnamurti decía eso, vale recordar que cuando era un niño vivía en extrema pobreza, padeciendo de desnutrición, hasta que un día, Leeadbether, un influyente miembro de la Sociedad Teosófica, lo “descubrió” en Adyar, India, y convenció a Annie Besant y a la organización de que el muchacho era el vehículo ideal para encarnar al Instructor del Mundo, el Maitreya, el Avatar de la Nueva Era.
Separado de su familia y sometido por años a un riguroso entrenamiento intelectual y espiritual, cuando llegó el momento de llevar a cabo la misión que le había sido impuesta desde niño, fue envestido como la máxima autoridad de la organización creada para ese fin, la Orden de la Estrella de Oriente Krishnamurti, ante la sorpresa de todos, la disolvió renunciando a ser un maestro espiritual de acuerdo con los intereses particulares de Leeadbether y Annie Besant.
Dada la innegable bondad y entrega que manifestó Krisnamurti a lo largo de su vida como conferencista sobre temas de espiritualidad y la condición humana, negándose a tener discípulos, no cabe duda de que su legado hubiera sido otro de haber contado con la dicha de tener la guía de un Gurú iluminado.
Sri Ramana afirmaba que el Gurú no necesariamente tiene que tener forma humana. Un ejemplo milenario de ello es el Mahavatar Babaji. Sri Ramana le comentaba a quienes se acercaban a el que Arunachala, la montaña sagrada, donde se dice que habita Shiva en el sur de la India, era su Gurú. De allí que le compusiera 5 himnos titulando uno de ellos Arunachala Ashtakam donde expresa la devoción más pura y la entrega total a la montaña, describiéndola como el Ser Supremo con el cual se comunicaba en silencio.
Una de las enseñanzas centrales de Sri Ramana respecto al Gurú, es la identidad fundamental entre Dios, el Gurú y el Ser. Esta trinidad no son tres entidades separadas, sino manifestaciones diferentes de una misma realidad. La doble naturaleza del Gurú, la humana y la divina implica que su poder opera en dos dimensiones distintas pero complementarias. El Gurú es concebido como Dios expresándose a través de la forma humana y al mismo tiempo como el Ser que habita en el corazón de cada devoto.
Sri Ramana nos enseña que podemos identificar al Gurú externo como el que proporciona instrucciones e inspira al discípulo a mantener su atención en el Ser, actuando como guía visible, ofreciendo enseñanzas y dirección en el camino espiritual, dirigiendo la mente hacia el interior. Simultáneamente el Gurú interno, guía la mente del devoto hacia la fuente, la absorbe en el Ser y finalmente la disuelve. Esta manifestación interna del Gurú es más sutil y profunda, trabajando en el plano espiritual para disolver la ignorancia, manifestándose a través de sueños, sincronismos y de formas inesperadas en la vida diaria.
Sri Ramana advertía que la ignorancia del Ser está tan profundamente arraigada en la mente humana que en muy raras ocasiones las personas son capaces de escapar de ella mediante su propio esfuerzo. Sin embargo, señala una limitación importante en la relación del discípulo con el Gurú y es que éste no tiene poder para llevar a la realización del Ser a aquellos que no llevan a cabo un esfuerzo sincero por descubrirlo en sí mismos. Debe existir un equilibrio entre la gracia divina y el esfuerzo humano.
Cuando se le preguntaba como reconocer al verdadero gurú, Sri Ramana describía características propias de un verdadero maestro espiritual. Entre estas señalaba la cualidad firme de permanecer en el Ser, el valorar a todos por igual ya que reconoce la divinidad que habita en cada uno, “un coraje inquebrantable en todo momento y circunstancias, tranquilidad, paciencia, perdón y la capacidad de atraer a otros incluso con la mirada, “como un imán atrae al hierro”.
Ante el hecho de que estas cualidades pueden ser simuladas por un falso Gurú, como lo demuestra el cineasta norteamericano de origen hindu Vikram Gandhi en su experimento social llevado a la pantalla en el film Kumaré (2011), Sri Ramana recomendaba elegir a aquel con quien nuestra intuición sintoniza naturalmente, a quien su presencia nos haga experimentar la paz.
Por otro lado, Sri Ramana señalaba que mientras estemos identificados con el mundo, el gurú externo es indispensable. Sin embargo, cuando el discípulo logra liberarse de la identificación con el ego, del apego al cuerpo, descubre que el gurú no es otro que el Ser mismo. El gurú externo es una manifestación del Ser que llega a nuestras vidas para guiarnos de acuerdo con nuestro nivel de despertar espiritual, de allí que a medida que progresamos en el sendero de la autorrealización reconoceremos que el Gurú externo y el interno son uno, de allí que negar la necesidad del primero es anular el acceso al segundo.
Las enseñanzas de Sri Ramana
https://www.mercaba.org/SANLUIS/ALiteratura/Antigua/Literatura%20asi%C3%A1tica/Maharshi,%20Sri%20Sri Ramana/Sea%20lo%20que%20Usted%20es.PDF
Sobre Krishnamurty
https://psicologiaymente.com/biografias/jiddu-krishnamurti
Kumaré: How a Fake Guru Reveals Truth About Belief & Identity
https://www.youtube.com/watch?v=-sWgwzh3KTY
https://www.youtube.com/watch?v=jcxLl6Ndr04

