En nuestro día a día se nos presentan diversas señales o eventos que parecen mágicos, que los asociamos a casualidades o simples coincidencias, porque nos parece poco probable que sucedan. Pero la realidad es que esos eventos ocurren todo el tiempo y nos van mostrando el camino a seguir para alinearnos a nuestro propósito de alma. Hay que estar lo suficientemente atentos porque resulta sencillo no registrarlos y luego se desvanecen en nuestra memoria.
Se les conocen como sincronías o sincronicidades y Carl Jung las definió como “… la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal”[1] Estos sucesos son relevantes para la persona que lo vive, ya que cada uno, según sus realidades, vivirá distintos eventos que serán relevantes para su transitar.
Consideraba que los seres humanos somos más propenso a notar las sincronicidades cuando estamos pasando por periodos donde el cambio es inminente, bien sea por la pérdida de un trabajo, una separación, la toma de una decisión, ya que es en esos momentos donde estamos más atentos a recibir señales del universo, que nos indiquen si vamos en la dirección adecuada.
Constantemente a nivel interno nos hacemos preguntas, nos planteamos objetivos, que pueden o no estar relacionados a un propósito mayor, y a nivel psíquico -a través de una fuerza que desconocemos- por nuestro nivel vibracional, la ley natural de causa y efecto nos lleva a cumplirlo. De esta forma provocamos intencionalmente que la sincronicidad suceda.
Todo el tiempo estamos expuestos a las sincronicidades; desde los números espejo, pensar en alguien y encontrarlo, hasta solicitar asistencia y que poco a poco se nos vaya mostrando el camino que necesitamos recorrer para alcanzar ese propósito.
Para ser capaces de alinearnos al camino que nuestra alma nos va mostrando para guiarnos hacia nuestra evolución, es necesario estar despiertos, atentos y dispuesto a tener la voluntad para hacer lo que hay que hacer, sin dejarse llevar por las peticiones del ego. La mayoría del tiempo resulta difícil dejarse guiar por las señales, principalmente por el ruido externo, que nos invita a mantenernos desconectados de nosotros mismos.
Volviendo a Jung, mantenía que para que una sincronicidad fuera posible, tenían que cumplirse dos factores: 1. Una imagen o símbolo inconsciente que llega a la conciencia, ya sea por una experiencia cotidiana, un sueño o una premonición y 2. Una situación objetiva que coincide con ese contenido. Si no se dan esos dos factores, sería un sincronismo, que es una casualidad sin relevancia alguna, ya que además no posee ningún significado profundo que contribuya al desarrollo de la conciencia.
Ya queda en nosotros si decidimos convertirnos en observadores de las sincronías que nos ocurren, siendo capaces de sentir como nuestra alma se está comunicando con nosotros, guiándonos hacia la divinidad.
O, por el contrario, podríamos elegir creer que el azar es solo azar y que todo carece de significado.
Fuentes consultadas
[1] Jung, C.G. (1952) “Sincronicidad como principio de conexiones acausales. Obra completa.”
Lopéz Férez, José Antonio “Filón de Alejandría: Obra y pensamiento. Una lectura filológica”


Me parece muy valioso el contenido de la información que transmite. Es una luz en el camino que sin duda nos orienta al despertar y estar atentos a las señales que nos guían hacia nuestro propósito. Gracias
ONS! Me hizo pensar en to do el tiempo que lo ignore por estar dormida y apagada sin valorar LA belleza de cada momento y confundida entre mis sombras, Garcia’s por acompañar este nuevo Camino con tanta luz.
Que buen Texto!! Gracias por compartir tus aprendizajes y llenar la web de información realmente valiosa
Guiados en el caminos hace la verdad absoluta experiencia de y en el todo
Gracias qué hermoso mensaje
Gracias por darnos la oportunidad de ver nuestra evolución
Maravilloso, creo en la inteligencia universal y los milagros irracionales, que son en definitiva, como dice el texto para marcar nos el camino del alma.