Toda persona encuentra al nacer un entorno al cual se adapta para sobrevivir y está determinado por aspectos diversos que han sido configurados a través de experiencias que se adquieren por parte de quienes le anteceden, mediante el aprendizaje que se da como consecuencia de las interacciones dadas.
El interesarnos por lo que hay más allá de lo que vemos y buscar respuestas sobre su origen, funcionamiento y posibilidad de alcance, moviliza la creación de medios para llegar al conocimiento y hacer uso de éste para adaptarse constantemente a los cambios que conlleva la interacción en los diferentes ámbitos de la cultura entendida como forma de vida de una sociedad.
Si bien lo que debe conocerse se ha priorizado en diferentes épocas según la visión de las sociedades partiendo de la supervivencia como algo básico y orgánico como saber proveerse de alimento, techo y vestido; lo primordial para algunas ha sido lo espiritual y ritual como puerta de entrada al conocimiento más relevante que el individuo requiere según la cultura donde está inmerso.
Esto no siempre ha sido así, y con las transformaciones que traen las diferentes épocas se han priorizado otros ámbitos de conocimiento dejando de lado aspectos evolutivos esenciales, lo cual ha conllevado sin duda los avances o retrocesos evolutivos que se han dado en el planeta.
Así mismo, el espacio o lugar donde se aprende es ilimitado, aunque nos hayamos reducido a considerar que solo en la familia, la escuela y el lugar de trabajo puede concretarse. De allí que han sido diversos los métodos de aprendizaje que hoy conocemos, más no son los únicos ni los más idóneos que se han desarrollado para acercarse a una comprensión de la realidad de manera que se logre una acertada alineación con el propósito mayor por el cual se nace.
De ahí que no hay límites en lo que es posible experimentar para aprender cuando hay disposición o motivación. Estamos sujetos a inercias que solo superan aquellos que se inquietan un poco y hacen algo para darse respuestas. La llamada genialidad queda desmitificada al menos por Albert Einstein cuando dice: “No tengo ningún talento especial, solo soy apasionadamente curioso.”
Sin ahondar en lo que le generó curiosidad de forma apasionada a Einstein para llevarlo -sin buscarlo- a desarrollar las bases para la mecánica cuántica, lo esencial es que se acercó desde su propio cuestionamiento a un código científico para interpretar o explicar lo que desde la sabiduría evolutiva de diversas tradiciones espirituales se nos ha dado para responder al propósito único de la existencia.
Esa expansión que producen cuestionamientos mayores nos mueve hacia experiencias nuevas e información que nos de respuestas sobre lo que nos configura y cómo funciona toda esta creación de la cual somos parte; configurando una acción consciente necesaria para movilizarnos hacia una comprensión más exacta de quienes somos y para qué estamos.

