En diversas culturas el intercambio de saberes y conocimiento ha estado enriquecido desde el lenguaje con expresiones cotidianas que se apropian y comparten, entretejiendo palabras para hilar esas ideas-reflexión-lección, que comúnmente conocemos como dichos, refranes o aforismos.
Muchos de nosotros, por generaciones, hemos recibido, aprendido y utilizado frases con estas características que no distinguen clases sociales en su uso porque son una especie de recurso concreto para transmitir una reflexión o dejar una advertencia que regule el comportamiento, donde la propia experiencia o la de alguien cercano nos permite su comprobación.
“Si nos suena familiar es porque alguien nos
recalcó la idea de lo que implica asumir una
decisión. El responsabilizarse mas no culparse…”
Aquí va una de esas que paralizan o impulsan – depende de la acción que expresa- pero que marca: “El que un buen salto da, a sus pies se atiene”.
Si nos suena familiar es porque alguien nos recalcó la idea de lo que implica asumir una decisión. El responsabilizarse – mas no culparse- por el lugar a donde nos lleven nuestras elecciones y consecuentes acciones.
Más temprano que tarde parece que intuimos por donde va esta alerta. Al fijarnos un logro – buscando un alcance mayor en algo, lo que sea-, si queremos conseguirlo, se requiere una acción que inevitablemente nos colocará ante la ineludible responsabilidad de lo que pase durante el proceso desde que se inicia el movimiento hasta que finaliza, incluido lo que surja en el punto fijado.
“Aunque hay saltos que no conducen
a ninguna parte porque se cae en el mismo
lugar, no quiere decir que nada sucedió…”
Saltar conlleva una acción asociada a movimiento para lograr un desplazamiento. Es posible que al terminar el salto nos encontremos más cerca o más lejos del lugar donde nos propusimos caer. Aunque hay saltos que no conducen a ninguna parte porque se cae en el mismo lugar, no quiere decir que nada sucedió, no importa, porque la resultante de nuestro salto es un asunto que cada uno debe asumir, gestionar, atender.
Y por aquí va el “atenerse” porque haber saltado implica una dinámica que propicia algo, y ese algo es tarea observarlo, analizarlo, procesarlo y asimilarlo. En este punto viene el ajuste para sostenerse, asumir, recalcular y avanzar.
¿Qué tipos de saltos queremos dar? Quizás unos de longitud o de altura como los que ejecutan los atletas, o un salto al agua como los clavadistas en natación. Podremos hacer parte de saltos evolutivos que dan cuenta de la transformación de la vida en la tierra o mucho mejor propiciar los saltos cuánticos que se dan al interior de los átomos y que transforman desde una célula hasta una galaxia.
¿Cuántos hemos dado ya? ¿Cuántos no faltan? ¿Queremos darlos?
Interrogantes para las que encontramos guía y respuesta en leyes universales como la de Causa y Efecto – en las que tan hermosamente nos recuerdan que toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa – donde se configura el encuadre perfecto para gestionar nuestras acciones de forma consciente y más coherente, sobre todo con nuestros más puros y elevados propósitos.
Fuentes consultadas: -El Kybalión, -Samuel Flores-huerta, Dichos mexicanos, https://books.google.com.co


Me pareció excelente. Creo firmemente que hemos de Valorizar la riqueza profunda que encierran las diferentes tradiciones culturales, sin menospreciar ninguna de ellas con una actitud q lo q revela es engreimiento, soberbia, irrespeto, irresponsabilidad; en definitiva Inconsciencia, e Ignorancia