Empecemos por la imperfección que muestra el canon. Su implacable deseo de reconocimiento, el tejido académico que lo sostiene, la invariable seguridad que mana de sus templos universitarios, y su aguerrida danza de teorías científicas que lo alimenta.
En la otra orilla, la conciencia espiritual de elevada frecuencia, el ámbito cuántico en su proverbial lectura evolutiva del ser, lo revelado, sin ataduras religiosas, su poder divino, frecuencias, energías, el cosmos pleno y eterno. La supraconciencia y los portales abiertos de ascensión. Nada genera tanta alergia interpretativa, en los ámbitos conservadores, especialmente generadores de confusiones canónicas, como cuando algo singular trasciende el pensamiento, y emulsiona un paradigma.
Cuando intentamos esquivar una teoría, más nos acercamos a ella. En el momento en que Kant señala, hablando de Dios, que la cosa en sí misma no es cosa alguna, su atrevimiento hermenéutico, o su objeto por excelencia de revelación, es Dios, su esencia y sus atributos, y además, la libre voluntad divina (Odero). Y es la razón por la cual el solitario de Königsberg, enfatizó en Crítica de la Razón Práctica, que el conocimiento revelado merece el mismo respeto que una teoría científica. No le faltaba razón. Una y la otra son de naturaleza empírica. Es decir; sus fenomenologías están basadas en las experiencias y observaciones de los hechos.
No es poca la enseñanza revelada que sobrevuela la humanidad, y más allá de la ortodoxia religiosa, de los aspectos del dogma que subyacen en las doctrinas judeos-cristianas y el Islam –todas monoteístas– sobrevive, con una salud espiritual inquebrantable, aun cuando su aprendizaje no es propiamente foco de reflexión en los claustros de estudios más importantes de Occidente, la realidad evolutiva cósmica que habita en las escrituras védicas.
Si nos ubicamos en los extremos, no es el afán nuestro, el intento por ahogar una sabiduría, torcerle el cuello y obligarla a abdicar a fuerza de desprecio e ignorancia académica, y que además ha sido fuente originaria de muchas culturas emergentes -la griega, ejemplo incontestable– que no ha tenido la delicadeza histórica de admitir sus influencias, estamos en presencia, desde hace siglos, de un muy impertinente juego de la falacia denominado Ad ignorantiam, cuyo principio establece que una conclusión es verdadera porque no se ha demostrado que es falsa, o, también se considera falsa porque no se ha demostrado que es verdadera.
Visto así, no es el caso del conocimiento revelado, la conciencia como fundamento del ser, ya que lo más importante es que una ciencia así –basada en la primacía de la conciencia—conduce a una verdadera reconciliación con las tradiciones espirituales porque no exige que la espiritualidad se base en la ciencia, sino que pide que la ciencia se base en la noción del espíritu eterno (Goswami).
Por lo que respecta a las doctrinas, estas son el fruto de una enseñanza directa, (revelada) la condensación de una experiencia ascética y mística, el resultado de una elaboración intelectual que han intentado poner en práctica los discípulos y que llega a transformarse en la doctrina de una escuela de espiritualidad (Fiores-Goffi).
Ahora bien, más allá de que las leyes naturales no son verificables, de acuerdo con el ingenio de Karl Popper, de los influyentes enunciados las teorías formales y empíricas, del razonamiento inductivo y todos los ismos que implican las hipótesis y sus pleonasmos científicos, el conocimiento revelado libra una batalla ardua, y su resistencia es ejemplar en la actualidad.
Como señaló el Sw. Shivananda en la conferencia sobre “Los maestros inmortales, guardianes de la Supraconciencia”, cuyas premisas están basadas en las enseñanzas del Mahavatar Babaji y Mataji Shaktiananda, que el ser humano es capaz de “exaltar cualquier logro en las artes físicas o racionales, y se ha convertido en un experto en resistir los logros de Supraconciencia. No son importantes, son rechazados”. Las lógicas del mercado y sus infinitos tentáculos distractores, imponen el patrón social dominante.
Aun cuando el reconocimiento de un ser realizado merece respeto, entre otras razones, porque la Supraconciencia en la que habita, concede la oportunidad del desarrollo de conciencia evolutiva, “el logro más importante que el ser humano tiene, que es el alcance de la Supraconciencia, nadie lo aprecia”, advierte Sw. Shivananda.
Si el hombre no alcanza a comprender algo, un determinado conocimiento revelado, ocultarlo, desplazarlo, es un síntoma de su propia negación. ¿Somos infalibles en el error? Quizás.
Fuentes consultadas:
-Odero, José Miguel. Revelación en Kant.
-Goswami, Amit; Goswami, Maggie. Ciencia y espiritualidad. Ed.Kairós. 2011.
-De Fiores, Stefano; Goffi, Tullo. Nuevo diccionario de espiritualidad. Ed. Paulinas. 1983.


Ayer estaba releyendo a Edgar Morin, la propuesta que hace de la revisión del «canon» o paradigma le abrió a mi generación la puerta hacia el amado caos, a la impermanencia, a la entropía. Algunos fuimos en primera instancia recuperados por Morín y Maturana…
¿Cómo juzgar al canon, si cuando de vibra en dos o tres hélices de ADN, no es posible vislumbrar siquiera la posibilidad de una existencia o plano superior? Es por esto que este planeta es una cárcel de consciencia… para salir, hay que querer primero; se requiere entonces de una buena dosis de fe o confianza en que hay algo más… Gracias.
¿Cómo juzgar al canon, sí cuando se vibra en dos o tres hélices de AND no es posible vislumbrar siquiera la posibilidad de una existencia o plano superior? Es por eso que esto es una cárcel de consciencia… para salir, hay que querer primero; se requiere entonces una buena dosis de fe o confianza en que hay algo más… Gracias.
Excelente entrelazamiento de lo científico y lo que la ciencia llamaría “metafísica”.
Hoy se reconoce más un título que la evolución de la conciencia, porque no sabemos reconocer dicho logro.
Me pregunto la humanidad despertara en algun momento es la esperanza que nos queda
Como colectivo parece que no…. toca hacer el trabajo individual…
Colectivamente parece que no… será un tema de trabajo de cada quien.
Muy profundo y claro no obstante el uso de una terminología un poco sofisticada,es muy verdadero el concepto que la contemporaneità quiere un ser humano compulsivo y condicionado que lo aleje de su experiencia interior de ese poderoso y único conocimiento
Gracias