Solo sus menciones producen una efervescencia en luz. Un acto de concentración suprema, para quienes se reconocen en estas instancias dimensionales, en esos espacios trascendidos por la razón. No hay espectador inactivo cuando el ritual se instala en la conciencia. En fe, convicción y entrega, todo suele fluir. Más, cuando hay una exactitud que lo ampara. El hombre puede acarrear muchas cosas, desde sus más conscientes acciones, hasta las más densas, que le obstaculizan su propósito. Sostenerse a sí mismo, es materializar un estado de plenitud. Avanzar, atravesar, cruzar.
El Mahashivaratri 2026, o la Gran Noche de Shiva, se celebró recientemente (del 13 al 16 de febrero) en el Ashram Caminantes del Amanecer, en Cuenca, Ecuador, con un marcado énfasis sobre la energía Bhairava, eje central del encuentro; Dharmasetu, el cruce sagrado, puente del Dharma.
Esta actividad luminosa, evento cósmico, milenario, que contempló percepción y sensibilidad, remarcó con imaginación activa y devoción, la inobjetable intención de experimentar el recorrido luminoso, y fundirnos en el umbral, halo radiante, como secuela inmaculada de la visión del ser que vamos siendo.
Días y noches de amor y luz, de gloria y sanación, de comprensión del yo revelado en su pureza, contra aquel que niega la elevación del alma. La existencia terrenal objetada por la inconciencia y el desamor. Un hermoso itinerario para testificar y argumentar que la ignorancia es abatida por el rigor y la disciplina, por muy poderosa que esta sea. Cada Shivaratri constituye una atmósfera distinta a la otra. En su paso, año a año, son como huellas dactilares cósmicas, distintas, inimitables, distintivas en forma y fondo, de allí la energía de Bhairava, su percusión y repercusión, acto y efecto, en nuestro interior.
El territorio de la superficie es infinito, sin límites, energía universal que todo ser humano contiene; y el mapa, el sitio físico, el vórtice, el contexto que resguardó a todos los participantes, bajo la conducción divina de la Madre Shaktiananda. Y, más allá, o más acá, atizado por el entusiasmo colectivo, compartido, el lenguaje de lo irrepresentable en este plano, representado en todos los seres que crean su espacio para hacer la travesía mística.
El pandit indio, Ankur, el hombre de la mirada cautivadora, que convence sin necesidad de palabras, abrió las compuertas de las cuatro pujas, junto a Mataji Shaktiananda. El pujari, quien conoce a la Madre desde hace años, pertenece el templo de Kashi Vishwanath, consagrado a Shiva, uno de los lugares de peregrinación más importantes de la India.
La maravillosa estadía de cuatro días, cantos devocionales, rituales, meditaciones, fuegos, satsangs, ayunos, vigilias, y otros gestos de luz, igualmente destinó un momento para apreciar la disertación de Oscar Figueroa, investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinaria de la Universidad Autónoma de México, especialista en literatura sánscrita y filosofías de India.
Su traducción, del sánscrito al español del Vijñana Bhairava Tantra, (Kairós, 2017) -sobre este principio apuntaló su charla- llamó la atención porque es la primera versión al castellano de este importante texto de la escuela Trika, del Shivaísmo de Cachemira, y además, la conciencia Bhairava, como protector del puente del Dharma, como señaló Adi Shankara, nos amparó durante el trayecto.
Como dicta la tradición, la mayoría de los Devasthanam de Jyotirlinga, en India, disponen de santuarios dedicados a Bhairava, guardián protector, y la ocasión propició la gracia de situar a Bhairava y a su perro —vehículo y fiel compañero— a escasos metros del templo.
Esplendorosa y magnánima noche de Shiva. Siempre, un himno a la belleza del ser. Ankur y la Madre, la Madre y Ankur; Ankur y Mukunda, Mukunda y Ankur. El lingam y Shiva manifestado en nuestras consciencias. El lingam y Bhairava, expansión y extensión, reveladas en la imaginación, y en la materia. Ocaso y fulgor. La eternidad está un poco más allá. En ti.
El instante presente que incubamos como almas agradecidas y agraciadas. Seres celestes, fundidos en una sola conciencia. Algunos miran desde arriba, otros desde abajo. La imagen que ves es la imagen de tu alma. El vacío nos fortalece a todos. No importa desde dónde observemos. Lo importante es saber estar, reconocernos, cruzar, de un extremo a otro, sobre ese titánico puente, y depurar. Ascendemos y descendemos en un solo deleite de luz y amor.
Agradecidos por tanta noche. Y sin refugio.


ONS!
Gratitud Eterna por conocernos, reconocernos y celebrarnos en cada ocasión luminosa que nos ofrenda la Madre Shaktiananda.
Sin palabras la esplendorosa noche de Shiva. Excelente resumen💚
Ser trascendental a través de nuestra imagen interna. Luz de Vida en todo momento de nuestra existencia.
Gracias por tanto amor desde muy lejos.
Madre,
Mahashivaratri 2026 no fue solo una celebración. Fue una experiencia concreta de disciplina, conciencia y cruce interior.
La energía de Bhairava se sintió con claridad: rigor, exactitud y protección del Dharma. No como símbolo, sino como llamado interno a sostenerse, a asumir responsabilidad y a atravesar lo que uno mismo debe atravesar.
No hubo espectadores. Cada uno vivió su propio proceso.
Las pujas, el fuego, las vigilias y las enseñanzas no fueron actos externos; fueron herramientas para ordenar lo interno. Confirmo que el crecimiento espiritual no es emoción, es compromiso. No es discurso, es práctica.
Cada Shivaratri es distinta. Esta dejó una marca clara: sostenerse sin excusas y avanzar con firmeza.
Gracias por conducir este espacio con dirección y claridad.
Gracias por mantener el puente de libertad abierto para quienes con su compañía nos permitió caminarlo a su lado
Con respeto y gratitud,