Para quienes ya han comenzado a experimentar el despertar de consciencia y llevan algún recorrido de encuentro después de buscar respuestas más acordes al llamado del alma, puede suceder que perciban con cierta ingenuidad algún alivio para la ansiedad existencial que estos procesos pueden conllevar.
El asunto es que en el albor de estos despertares se vislumbra el sol en un horizonte que nos refleja como un espejo el desafío del recorrido interno que nos espera para alcanzar nuestro sol interno, y elevarse hacia allí exige sobre todo entrega para trascender los obstáculos elegidos para nuestro aprendizaje y evolución.
La experimentación en estos planos de la materia es un desafío constante al que nos enfrentamos como si de salir de un laberinto se tratara, como en el mito de Icaro para quien el eco de la ambición por volar más alto le derritió su anhelo de sostener la liberación alcanzada tras haber podido elevarse y avanzar solo un poco, habiendo estado tan cerca de una salida definitiva.
El escritor alemán, Michael Ende quien en su obra se aproxima a la mitología especialmente en El Espejo en el Espejo, plantea una analogía antagónica a modo de crítica en cierto modo al mito de Icaro cuando genialmente cambia las reglas para su propia mirada del reto que es salir del laberinto, especialmente cuando nos recuerda que las pruebas son a la medida de cada uno, es decir personalizadas y respecto al hijo (Icaro) dice:
“Estaba seguro de que resolvería las pruebas que se le estaban reservadas, aunque las desconocía. Solo sabía que siempre se ajustaban a las particularidades del candidato. Así que ninguna era igual a otra. Se podría decir que la tarea consistía precisamente en adivinar, por puro autoconocimiento, en qué consistía la prueba”.
Y en su propia versión nos presenta a este hijo dotado de alas construidas con la asistencia del padre, y que la prueba a ser superada no era mas que su ego al que desconocía tanto que terminó por caer a los encantos de la falsa compasión y caridad cargando con el peso de tantos desdichados que le limitaron su avance y elevación.
Para Ende, la solución a la prueba era desobedecer porque ya estaba dado en el hijo el amor y la felicidad que otorgaba la ligereza para elevarse, en contraste al mito que habla justo de lo contrario que es obedecer encontrando el lugar medio de vuelo para asegurar el avance.
En esta historia sin duda el autoconocimiento se coloca como un asunto central del proceso evolutivo porque solo desde allí se puede descifrar lo que es tarea disolver, trascender y sanar. El conocerse se activa con la entrega constante para develarse en la dinámica acción – reacción que nos devuelve una vez más un reflejo de lo que somos pudiendo reconocer cuanto ego aun nos demora en ideas adornadas de buenas acciones que nos retrasan del vuelo urgente e inminente que ya nos ganamos.
¡Cuando ya estén listas las alas, hay que elevarse sin demora!


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