«La oración es simplemente hablar con Dios como un amigo y debería ser lo más fácil que hacemos cada día».
Joyce Meyer.
Por los siglos de los siglos, la humanidad se ha comunicado con lo que considera su deidad. Desde el animismo arcaico de la era histórica conocida y oficialmente impuesta en occidente, hasta la vana intencionalidad que colma las redes sociales con frases de libros como “El Secreto” y “Comer, Rezar y Amar”.
Son pocos los casos en los que la oración ha mantenido la pureza y la fuerza que permite establecer un verdadero contacto con lo divino. La Meditación y el Mantra de las religiones decantadas del Sanatan Dharma: Hinduismo, Budismo y Jainismo, son las que conservan un código que por Ley de Resonancia atrae la atención de Dios hacia el orador.
La intención de la oración debería ser siempre el despertar de la divinidad propia. Convertirse en un recipiente donde se vierta la Gracia Divina, para que desde allí se haga Su voluntad y no la nuestra. Sin embargo, en formas menores de conciencia, la plegaria se convierte en una letanía vacía, repetitiva, de carácter obligatorio y que apenas roza la falsa conmiseración, propia o ajena.
En otras religiones como el Judaísmo y el Islam, la oración adquiere matices de disciplina espiritual; teniendo claros horarios establecidos para que el fiel dedique su tiempo a orar. Las lenguas abrahámicas conservan los códigos revelados por sus profetas y le garantizan, en principio, al orador que su verbo se haga carne y habite en él. Queda de parte del que reza, tener la pureza de corazón, para que su petición sea escuchada y respondida.
El acto de orar no debería ser un ejercicio racional. Más bien dejar que corra libre un manantial del corazón. Encendiendo el sentimiento, y con la fe y devoción como combustible, la oración sería el vehículo que nos eleve a la consciencia de nuestro Ser.
“La oración no cambia a Dios, pero cambia al que ora”.
Soren Kierkegaard.
Horas, días, meses, años; toda la vida dedican algunos pocos seres a la oración. Transformándose y, en consecuencia, fabricando luz para restarle a la sombra planetaria. La luz que se irradia se expande hasta donde su resplandor alcanza. Una velita, un bombillo, un reflector, una luminaria. Imaginemos una noche oscura y al ser que con su plegaria sincera produce luz, mientras más seamos, menor será la oscuridad.
La oración aquí y ahora
“Uno de los grandes usos del Facebook y Twitter será demostrar que la falta de oración no fue por falta de tiempo” — John Piper.
Intencionar, manifestar, materializar, para finalmente, monetizar. Una publicación de Instagram donde una chica superproducida posa frente a un Ferrari que encontró estacionado en Miami Beach y la leyenda que reza: “El Señor es mi pastor, nada me faltará.”
El Maestro Jesús dijo: “Pide y te será dado”, para dejar sembrada la consciencia del poder de la oración. La descontextualización que el humano ha hecho de esta frase se puede ilustrar con un trazo de la tradición humorística italiana. Un pobre hombre va todos los días a la iglesia y se pone a rezar ante la estatua de un gran santo, diciendo: «Querido santo, por favor, por favor, por favor, concédeme el don de que me toque la lotería». Y esta letanía se repite durante cuatro meses. Hasta que un día la estatua cobra vida, baja la cabeza hacia el hombre suplicante y le dice con un cansancio infinito: «Hijo mío, por favor, por favor, por favor… Al menos compra el billete».
Fuentes Consultadas:


considero que rezar debe ser un momento intimo, personal de conversación y no la repetición mecánica
de oraciones, debe ser un momento sentido y de verdadera conexión espiritual
Hablar con dios en oración, es hablar con tu madre serenamente, es hablar con un gran y fiel amigo, serenamente, es hablar con esa esencia que la ves pura y simple, eso es hablar con Dios en oración, nos enseña a ser luz para el mundo.
muy bueno