Hay un mito que convendría ir desmontando: el eterno retorno del agua a través del ciclo hidrológico. Una herencia equivocada, que nos ha costado sacudirla de nuestra milenaria tendencia al derroche. El desajuste del planeta hace que todo se modifique, y en esa readaptación unos ganan, otros pierden. Es la vibrante naturaleza que impone su ley. Una nueva cultura del agua supondría que es una de las tantas respuestas de transformación del ser humano. Las utopías son, a veces, negadoras de consciencia, y promueven falsas expectativas.
El agua es supremamente simbólica. Forma parte de la mayoría de las creencias espirituales. Igualmente, tiene múltiples manifestaciones, y representaciones culturales. En la historia de la creación, está presente. Por ejemplo, desde una perspectiva védica, en principio todo era agua, y Brahma dormía sobre estas aguas cósmicas. Para los egipcios solo existía la oscuridad y una enorme extensión de agua. Para los sumerios, Nammu es el agua primigenia que existe desde siempre y que engendra las deidades del Cielo y la Tierra. Y, ¿qué representa para el hombre contemporáneo?



Excelente e informativa infografía, debemos actuar cada día, en la vida cotidiana con la conciencia del valor y el cuidado del agua.